La vuelta al cole llega este año en un contexto marcado por algunos de los mayores desafíos que ha afrontado la educación en las últimas décadas. La Inteligencia Artificial (IA) ha cambiado la forma en que los estudiantes acceden al conocimiento, mientras el malestar emocional continúa creciendo entre los adolescentes y aumenta el debate sobre si el sistema educativo sigue respondiendo a las necesidades de las nuevas generaciones.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada siete adolescentes de entre 10 y 19 años presenta algún trastorno de salud mental, siendo la ansiedad y la depresión los más frecuentes. A ello se suma otro dato que refleja un cambio profundo en la experiencia escolar. Los resultados de PISA muestran que uno de cada cuatro estudiantes afirma sentirse solo en la escuela al menos una vez por semana, un indicador que ha situado el sentimiento de pertenencia en el centro del debate educativo internacional.
Para Aníbal J. Bogliaccini, psicopedagogo y autor de ‘La educación silenciosa y del próximo ensayo La consciencia que educa. Educar en la era de la inteligencia artificial’, ambos fenómenos no pueden analizarse por separado.
“Durante mucho tiempo hemos entendido la escuela como un lugar donde adquirir conocimientos. Sin embargo, hoy muchos adolescentes llegan al aula sintiendo que ese espacio no responde a las preguntas que realmente les preocupan. No estamos solo ante una crisis del aprendizaje, estamos ante una crisis de sentido”.
Precisamente, muchas de las reflexiones que desarrolla en ‘La consciencia que educa. Educar en la era de la inteligencia artificial’ parten de la transformación de que una escuela que ya no puede definirse únicamente por los contenidos que transmite, sino por su capacidad para ayudar a los alumnos a comprender el mundo, construir una identidad propia y desarrollar criterio en un entorno donde el acceso a la información es prácticamente ilimitado.
La irrupción de la IA ha acelerado esa transformación. El experto sostiene que hoy cualquier estudiante puede resumir un libro, resolver un problema matemático o elaborar un trabajo en cuestión de segundos. En este escenario, remarca como el conocimiento ha dejado de ser un recurso escaso y la escuela ha perdido el monopolio de la información.
“La pregunta ya no es cómo conseguir respuestas, porque las respuestas están al alcance de cualquiera. La verdadera cuestión es cómo formar personas capaces de interpretar esa información, cuestionarla, relacionarla con otras ideas y construir un criterio propio”.
Para psicopedagogo y director de Lab International School, este escenario obliga a revisar el propósito mismo de la educación:
“Durante décadas hemos organizado la escuela alrededor de la transmisión de información. Pero cuando una máquina puede responder casi cualquier pregunta en segundos, el verdadero valor de la educación está en enseñar a pensar, a convivir con la incertidumbre y a construir una identidad propia”.
En este sentido, Aníbal J. Bogliaccini considera que uno de los grandes retos del próximo curso será recuperar la escuela como un espacio de pertenencia.
“Los adolescentes necesitan sentirse parte de una comunidad donde puedan equivocarse, dialogar, descubrir quiénes son y desarrollar relaciones significativas. La salud emocional no es un complemento del aprendizaje. Es la condición que hace posible que exista”.
Más allá de la adaptación tecnológica, el psicopedagogo cree que la educación afronta una transformación cultural de mayor alcance.
“La escuela sigue siendo una institución imprescindible, pero su legitimidad ya no vendrá de ser el lugar donde se concentra el conocimiento, sino de convertirse en el espacio donde los jóvenes aprendan a dar sentido a ese conocimiento. Ese es el gran desafío educativo de nuestro tiempo”.








