Marruecos ha vuelto a poner sobre la mesa su reivindicación histórica sobre Ceuta y Melilla tras la entrada masiva de unos 80.000 migrantes en la ciudad autónoma a finales de julio. Expertos consultados por Europa Press consideran que Rabat aprovecha el contexto para insistir en sus posiciones, pero descartan que vaya a adoptar medidas para modificar el actual statu quo.
Así lo explican a Europa Press el director para el Norte de África del think-tank Crisis Group, Riccardo Fabiani, y la profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad de Exeter (Reino Unido), Irene Fernández Molina. Fabiani recuerda que la posición marroquí "no es nada nuevo" y que Marruecos siempre ha sostenido que Ceuta y Melilla son territorios ocupados cuyo estatus debería resolverse mediante negociaciones.
Según el experto de Crisis Group, Marruecos ha encontrado ahora un contexto favorable para recuperar esta cuestión. La Administración estadounidense ha alentado a Rabat y, además, el país se siente más confiado respecto al futuro del Sáhara Occidental, cuya soberanía reconoció Donald Trump en diciembre de 2020 durante su primer mandato.
A ello se suma que la entrada masiva de migrantes en Melilla ha puesto de manifiesto, según Fabiani, "la vulnerabilidad y dependencia en la cooperación de Marruecos" para la seguridad española. Por ese motivo, considera que Rabat está aprovechando el momento para reiterar una reivindicación que forma parte del consenso político marroquí, ya que, según sus palabras, todos los principales partidos del país coinciden en que el Sáhara Occidental, Ceuta y Melilla son marroquíes.
En esta línea, las declaraciones del ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, reclamando un diálogo con España sobre ambas ciudades representarían, a juicio de Fabiani, una manera de abrir una conversación sobre una cuestión especialmente sensible. Fernández Molina, por su parte, considera que ciertos actores están explotando de forma oportunista lo ocurrido en Melilla y apunta a que Ouahbi podría estar buscando mayor visibilidad de cara a las elecciones legislativas marroquíes del próximo 23 de septiembre.
Pese a las acusaciones y reivindicaciones surgidas en las últimas semanas, ambos expertos coinciden en que la entrada masiva de finales de julio no tuvo como objetivo reabrir el debate territorial con España. Fernández Molina considera que, sin una investigación en profundidad, no puede concluirse que existiera una organización o maquinación por parte de las autoridades marroquíes, aunque sí atribuye a las fuerzas de seguridad del país una responsabilidad innegable por no haber impedido el incremento de las entradas.
Fabiani comparte que los acontecimientos pudieron ser espontáneos y estar alentados por las redes sociales. Según su análisis, las fuerzas de seguridad marroquíes pudieron subestimar o facilitar inicialmente el flujo, pensando que sería más fácil de controlar de lo que finalmente resultó. Cuando las autoridades fueron conscientes de la magnitud de la situación, actuaron para contenerla, pero, en palabras de Fabiani, "ya era demasiado tarde".
A pesar de la recuperación del discurso sobre Ceuta y Melilla, los expertos consideran improbable que Marruecos vaya más allá de las declaraciones. Fernández Molina señala que la cuestión "siempre ha estado ahí y va a seguir estando", y no considera probable que Rabat adopte medidas activas para cambiar el statu quo. Fabiani, por su parte, tampoco cree que Marruecos tenga prisa por resolver el estatus de las dos ciudades autónomas, ya que se trata, a su juicio, de una estrategia a largo plazo mientras el reino atiende otras prioridades.
Entre esas prioridades se encuentra especialmente el Sáhara Occidental, que Fernández Molina identifica como el verdadero eje de la política exterior marroquí, además de un interés en mantener una buena relación con España. A esta cuestión se suma la celebración del Mundial de Fútbol de 2030, que Marruecos organizará junto a España y Portugal. La experta considera que el acontecimiento se ha convertido en una prioridad estratégica para el reino, que realiza importantes inversiones en infraestructuras y busca proyectar una determinada imagen internacional. Fabiani coincide en que el Mundial constituye una razón de peso para que Marruecos no vaya más allá en sus reivindicaciones.
En definitiva, los expertos consideran que Rabat quiere mantener viva la cuestión de las dos ciudades autónomas, pero apuesta por una estrategia paciente y a largo plazo. Como resume Fabiani, Ceuta y Melilla seguirán formando parte de las reivindicaciones marroquíes, aunque el reino, en sus propias palabras, "está dispuesto a esperar durante mucho tiempo para verla resuelta".








