El melillense M.P. ha denunciado que las motos de agua se han convertido en "uno de los principales problemas" del litoral de nuestra ciudad durante el verano.
Según ha subrayado a El Faro, la reducida extensión de la ciudad autónoma provoca una mayor concentración de embarcaciones y, con ello, un incremento de las situaciones de riesgo. M.P. ha asegurado que los vecinos y usuarios habituales de Aguadú llevan años sufriendo estas incidencias y considera que, "si se han adoptado medidas para corregirlas", no están resultando efectivas.
Además, ha señalado que el auge del alquiler de motos de agua ha agravado la situación.
"Pasan al ras de las boyas y muchas veces al ras desde el interior, es decir, por la parte que ya se considera balizada, que coincide justo en la esquina geográfica frente al parking de coches".
Este vecino ha afirmado que uno de los puntos más conflictivos se encuentra en la zona donde finaliza la carretera de Rostrogordo. Una amplia plataforma rocosa frecuentada por familias y bañistas. Según ha explicado, la distancia entre la costa y la boya de delimitación favorece que algunas motos de agua sobrepasen con frecuencia ese límite para realizar giros, aceleraciones y maniobras muy cerca de los usuarios del mar.
Y es que afirma no comprender el motivo por el cual estas embarcaciones circulan tan próximas a la orilla cuando disponen de un amplio espacio, cerca de 2 millas náuticas, para navegar con seguridad mar adentro.
"Lo hacen para que les observen. Yo, por ejemplo, buceo a pulmón, y vengo de criarme en el mar y acompañar a mi padre de hacer pesca submarina durante prácticamente la mitad de mi vida. Y yendo correctamente señalizado con boya homologada, alguna vez que he traspasado la línea de lo que sería la delimitación de esa boya amarilla, me han pasado a 15 metros, cuando la normativa de Capitanía Marítima y también la legislación estatal dicta que el mínimo son 50 metros. Me ocurre a mí que voy señalizado, pero pasan tan relativamente cerca que he visto a bañistas estar cerca de los límites de la boya pasarles motos por al lado".
El denunciante ha llamado igualmente la atención sobre el impacto ambiental que estas prácticas pueden generar. Recordando que buena parte del entorno de Aguadú forma parte de una Zona de Especial Conservación (ZEC), integrada en la Red Natura 2000; ha sostenido que, en numerosas ocasiones, numerosas motos de agua atraviesan bandadas de gaviotas posadas sobre el agua, alterando su comportamiento y ahuyentándolas.
Sin embargo, el problema no se limita a Aguadú. Como ejemplo, ha relatado un episodio ocurrido recientemente en la playa de Los Cárabos, donde una lancha habría realizado maniobras repetidas junto a una mujer que practicaba paddle surf, provocando olas de forma intencionada hasta obligarla a situarse junto al dique. Según afirma, la embarcación permaneció circulando a gran velocidad y una inclinación "casi vertical" durante toda la tarde.
"No creo que haya un sistema que nos esté protegiendo ni en Aguadú ni en el resto de costa, ya que parece que, bien sean de alquiler o no, los motoristas no conocen la normativa y si la conocen, les da igual. Y la gente está cansada pero nadie realiza demasiadas quejas formales".
Falta de respuesta
Asimismo, también ha lamentado la falta de respuesta ante otras situaciones relacionadas con la seguridad marítima.
"Yo mismo dejé de llamar en 2023, cuando junto a esa extensa plancha rocosa en Aguadú, un joven que estaba flotando verticalmente en el agua junto a 4 amigos nos pegó un arponazo bajo los pies. Tuvimos una breve discusión, a lo que se escudó diciendo que es que había un pez grande, aunque fue en una zona que apenas tendrá 2 metros de profundidad. Llamé al 112 y ellos a los servicios correspondientes. Estuve allí el día entero y nadie vino. Y lo mismo días después con un hombre que iba con un joven a hacer pesca submarina y ese joven, claramente menor de edad, salió del agua con todas las personas con el arpón hacia arriba. Las personas que estábamos ahí tuvimos que llamarle la atención múltiples".
Por último, ha sostenido que estos problemas forman parte de una realidad más amplia que afecta al litoral melillense. Entre otros ejemplos, ha mencionado la acumulación de residuos que, según explica, los propios buceadores retiran del fondo marino de forma habitual y que vuelven a aparecer poco después, así como posibles incumplimientos de la normativa pesquera expuestos en redes sociales que, en su opinión, también deberían ser objeto de un mayor control.
"El problema es que todo el mundo que accede al mar cree que es suyo, pero el mar no es que sea de todos, es que no es de nadie. Hay que tener un respeto para los que accedemos a él, pero también para la fauna, flora y cualquier ser vivo que resida en ese hábitat. Pudiendo pasar un buen rato, al final hay días en los que acabas bastante quemado".
Dispositivo continuo
Este medio se ha puesto en contacto con la Guardia Civil, como Cuerpo con la competencia exclusiva en la vigilancia de las aguas territoriales y que mantiene un dispositivo de vigilancia habitual a cargo de la Unidad de Nadadores de Intervención y Rescate (NIR) y de los Grupos de Especialistas en Actividades Subacuáticas (GEAS) para controlar la navegación.
Según han explicado desde el Instituto Armado, las patrullas marítimas realizan recorridos habituales por las zonas de navegación y, cuando observan incumplimientos de la normativa, formulan las correspondientes denuncias. De hecho, han asegurado que este tipo de expedientes sancionadores son frecuentes.
Entre las infracciones más habituales se encuentran las relacionadas con motos de agua que navegan demasiado cerca de los bañistas o que incumplen las distancias mínimas de seguridad establecidas, especialmente en playas que no cuentan con balizamiento. En este sentido, han recordado que corresponde al patrón de la embarcación conocer y respetar la normativa vigente.
Respecto a la actuación de la Guardia Civil, han explicado que las patrullas actúan con criterios de proporcionalidad.
"Si durante la vigilancia detectan una conducta irregular que no genera riesgo para terceras personas, se opta por advertir al responsable. Sin embargo, cuando la infracción supone un peligro para los usuarios del litoral o se produce en presencia de bañistas, la actuación pasa por la denuncia correspondiente".
Asimismo, desde la Benemérita han recomendado que, si un ciudadano presencia una maniobra peligrosa o un comportamiento reiteradamente negligente por parte de una moto de agua o de cualquier otra embarcación, lo comunique de inmediato a la Guardia Civil para facilitar la localización del vehículo.
En caso de que no sea posible una intervención inmediata, aconsejan anotar la matrícula o identificación de la embarcación y presentar la correspondiente denuncia, ya que esta será tramitada conforme al procedimiento establecido.
Por su parte, este medio se ha puesto en contacto con la Autoridad Portuaria, donde han explicado que las posibles infracciones cometidas fuera del recinto portuario no son de su competencia.
En cambio, cuando los hechos se producen dentro de las aguas del puerto, la potestad sancionadora puede corresponder a distintos organismos, entre ellos la propia Autoridad Portuaria, la Capitanía Marítima o la Guardia Civil; si bien precisan que lo habitual es que sea esta última la que actúe, al disponer de los medios necesarios para la vigilancia y el control.








