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Las vacaciones de verano también tienen cita con los libros de texto

Las papelerías de Melilla afrontan semanas de intensa organización entre reservas, pedidos y listados escolares para que miles de alumnos comiencen septiembre con todo preparado

por Alejandra Gutiérrez
27/07/2026 14:21 CEST
Las vacaciones de verano también tienen cita con los libros de texto

Material escolar. -AGC-


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En junio, niños, niñas y adolescentes cerraron las mochilas y se despidieron de las aulas para adentrarse en el periodo vacacional del verano. Durante unas semanas quedaron atrás los horarios, las prisas de cada mañana y la rutina marcada por el calendario escolar, mientras el tiempo comenzaba a construirse de otra manera, entre juegos, viajes, playa o tardes sin reloj. Sin embargo, para muchas familias la desconexión nunca es completa. Hay una tarea que permanece latente durante todo el verano y que resulta imprescindible para llegar con los deberes hechos al inicio del nuevo curso: la compra de los libros de texto. Al mismo tiempo que las vacaciones avanzan, las papelerías y librerías de Melilla comienzan un trabajo casi invisible para quien entra únicamente a recoger un pedido. Detrás del mostrador se suceden las reservas, los pedidos, la revisión de listados, la organización por centros educativos y la preparación de centenas de lotes que acabarán identificados con un nombre y unos apellidos, esperando a sus futuros propietarios antes de septiembre.

Aunque desde fuera pueda parecer una campaña que se concentra en las últimas semanas de agosto, la maquinaria comienza a funcionar mucho antes. Según explica el propietario de la papelería Esparza, Miguel Ángel Mohand Esparza, a finales de julio la inmensa mayoría de las familias ya ha formalizado la reserva de los libros. A partir de ese momento, el trabajo cambia completamente de naturaleza. Dejan de atender únicamente encargos para centrarse en revisar listados, agrupar a los alumnos por colegios e institutos y trasladar los pedidos a las distintas distribuidoras. No obstante, aclara que el proceso permanece abierto durante todo el verano porque siguen llegando padres y madres que recuerdan más tarde la necesidad de reservar el material o que, por distintas circunstancias, no pudieron hacerlo en un primer momento.

Las cajas comienzan entonces a llegar de manera escalonada. Según relata Mohand Esparza, las papelerías-librerías reciben sucesivas remesas de libros que deben ir comprobando uno por uno. Cada ejemplar se clasifica por centro educativo, curso y alumno, se incorpora al sistema informático, se etiqueta con su precio y acaba formando parte del lote personalizado que cada familia recogerá semanas después. La intención es que, a partir de mediados de agosto, la mayoría de los pedidos ya pueda entregarse para evitar las aglomeraciones de los días previos al inicio de las clases.

Ese trabajo previo requiere una coordinación constante con los propios centros educativos. El responsable de Esparza señala que cada colegio e instituto utiliza materiales distintos y que los listados deben revisarse con detenimiento porque, en ocasiones, contienen errores, referencias incompletas o dudas que obligan a contactar con los docentes o con los propios centros antes de realizar el pedido definitivo. Esa comprobación temprana, sostiene, evita muchos problemas posteriores.

No siempre resulta suficiente. Mohand Esparza reconoce que todavía se producen cambios cuando el curso está a punto de comenzar. Algunos profesores modifican el material previsto o deciden prescindir de determinados cuadernos o libros que figuraban inicialmente en las listas. Para una librería, explica, estas variaciones tienen un importante impacto económico, ya que las distribuidoras únicamente aceptan la devolución de un porcentaje reducido de los ejemplares adquiridos. Por ello, insiste en que cuanto antes se revisen los listados y se detecten posibles errores, más sencillo resulta evitar pérdidas y reorganizaciones de última hora.

En ese contexto, la colaboración entre papelerías y los centros educativos adquiere también un papel relevante. Según apunta el propietario de Esparza, muchos establecimientos mantienen contacto habitual para contrastar referencias, resolver dudas y ayudarse mutuamente cuando aparece alguna incidencia con un libro concreto o con los listados facilitados por los colegios.

Todo ese trabajo gira alrededor de un elemento que pasa desapercibido para la mayoría de las familias: el ISBN. Mohand Esparza subraya que ese código funciona como el documento de identidad de cada libro y es la referencia imprescindible para evitar errores. Un mismo título puede pertenecer a colecciones distintas o presentar pequeñas variaciones dependiendo de la editorial, por lo que trabajar únicamente con el nombre del manual aumenta considerablemente el riesgo de equivocación.

Una realidad muy parecida describen desde la papelería Dispamel. Su trabajadora, Shakira Ahmed, explica que el procedimiento comienza cuando las familias comunican el colegio y el curso del alumno. A partir de ahí se realizan los pedidos a las editoriales y, conforme llegan las distintas remesas, los libros se clasifican cuidadosamente en cajas identificadas con el nombre de cada estudiante hasta completar el lote correspondiente.

Ahmed recalca que prácticamente ningún pedido llega completo desde el principio. Las editoriales envían los libros por tandas y mezclan ejemplares de distintos cursos y niveles educativos, por lo que el personal debe revisar uno a uno los códigos para localizar el destino de cada volumen. Es un trabajo repetitivo y minucioso que, según explica, se intensifica especialmente en septiembre, cuando coincide con la venta del material escolar y con las últimas incorporaciones de libros pendientes.

La trabajadora de Dispamel también advierte de la importancia de no esperar al último momento. Según señala, algunos títulos pueden tardar entre diez días y un mes en llegar, dependiendo de la editorial y de la disponibilidad del momento. Quienes realizan la reserva ya iniciado septiembre corren el riesgo de que el alumnado empiece el curso sin disponer todavía de todos los libros necesarios.

Los listados publicados por los colegios facilitan buena parte del proceso, aunque Ahmed reconoce que tampoco están exentos de incidencias. En ocasiones aparecen códigos erróneos o referencias que corresponden a ediciones diferentes, obligando a las librerías a consultar directamente con las editoriales para identificar el material correcto antes de realizar los pedidos.

Más allá de la organización logística, ambos establecimientos coinciden en señalar el peso económico que supone cada campaña para las familias. Desde Esparza explican que muchas optan por realizar entregas parciales de dinero durante todo el verano, e incluso meses antes, de manera que cuando llega septiembre gran parte de la compra ya está abonada. Las librerías registran esos pagos a cuenta y liquidan posteriormente el importe definitivo, devolviendo incluso el exceso si finalmente el coste resulta inferior a la cantidad entregada.

Sin embargo, no todas las economías domésticas pueden planificarse de esa manera. Tanto Mohand Esparza como Ahmed observan que todavía hay familias que afrontan el desembolso completo al finalizar el verano, coincidiendo con otros muchos gastos propios de esas fechas, lo que convierte la compra de libros y material escolar en uno de los mayores esfuerzos económicos del año.

En cuanto al precio de los manuales, desde Dispamel reconocen que la evolución de los últimos años ha situado algunos cursos, especialmente los de Educación Infantil, en cifras que sorprenden incluso a quienes trabajan diariamente con ellos. Ahmed asegura que resulta llamativo comprobar cómo, en ocasiones, el coste de los materiales de los más pequeños supera al de cursos superiores, una situación que muchas familias reciben con preocupación cuando deben multiplicar ese gasto por varios hijos.

A esa factura se suma además el material escolar. Según explican desde la papelería, algunos centros especifican incluso determinadas marcas para libretas, carpetas u otros productos, reduciendo el margen para buscar alternativas más económicas. Otros colegios, por el contrario, permiten mayor flexibilidad o facilitan parte de los materiales al alumnado, contribuyendo así a aliviar parcialmente el desembolso.

Mientras el verano continúa y las aulas permanecen vacías, en el interior de las papelerías se desarrolla un trabajo paciente, preciso y casi siempre invisible. Entre códigos, cajas, llamadas, listados y bolsas etiquetadas con nombres y apellidos, los establecimientos preparan el regreso a clase mucho antes de que suene el primer timbre de septiembre. Para las familias supone una compra más del calendario; para quienes trabajan al otro lado del mostrador, son semanas de planificación en las que cada detalle cuenta para que el nuevo curso pueda comenzar sin contratiempos.

Tags: libros de textoPapelería DispamelPapelería EsparzaVuelta al cole

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