• Contacto
  • Barcos
  • Portal del suscriptor
jueves 9 de julio de 2026   - 02:24 CEST
El Faro de Melilla
  • Sucesos
  • Frontera
  • Tribunales
  • Sociedad
  • Cultura
  • Educación
  • Política
  • Deportes
  • Marruecos
  • Opinión
Sin resultados
Ver todos los resultados
El Faro de Melilla
  • Sucesos
  • Frontera
  • Tribunales
  • Sociedad
  • Cultura
  • Educación
  • Política
  • Deportes
  • Marruecos
  • Opinión
Sin resultados
Ver todos los resultados
El Faro de Melilla
Sin resultados
Ver todos los resultados
Inicio » Cultura y Tradiciones

La Bien Querida, un susurro indie para la noche más íntima de Música a la Luna

La artista bilbaína llega este viernes a la Plaza de Estopiñán, acompañada por David Rodríguez, para protagonizar la tercera cita de la XVI edición de Música a la Luna

por Alejandra Gutiérrez
09/07/2026 12:26 CEST
La Bien Querida, un susurro indie para la noche más íntima de Música a la Luna

La Bien Querida, nombre artístico de Ana Fernández-Villaverde, quien este viernes actuará en Música a la Luna. -Cedida por Gutiérrez-


Compartir en WhatsappCompartir en FacebookCompartir en Twitter

Este viernes, la noche caerá despacio sobre la Plaza de Estopiñán y, cuando el reloj marque las diez, volverá a suceder uno de esos pequeños rituales que el verano melillense ha aprendido a esperar. Las luces se atenuarán, el murmullo del público irá cediendo terreno al silencio y la piedra antigua del recinto se convertirá, una vez más, en un espacio de pausa y recogimiento. En ese instante comenzará una nueva cita de la XVI edición de Música a la Luna, un ciclo que desde hace dieciséis años ha hecho de lo arcano y de lo cercano, de lo secreto y lo compartido a media voz, de la escucha reservada y la contemplación serena, su auténtica razón de ser.

La protagonista de esta tercera velada será Ana Fernández-Villaverde (Bilbao, 1972), conocida artísticamente como La Bien Querida, una de las voces más singulares y libres de la música independiente española, que llegará a Melilla en un formato tan desnudo como el propio espíritu del festival: guitarra, voz y el acompañamiento instrumental de David Rodríguez, productor, músico y colaborador habitual de la artista, en un escenario que parece concebido para la confidencia.

Será una noche de canciones pequeñas en apariencia, pero capaces de abrir mundos enteros a través de la profundidad de las letras. Una noche para desacelerar el tiempo, escuchar con calma y dejar que la música ocupe, durante unas horas, un territorio cada vez más escaso: el de la atención serena, la reserva y el encuentro con una propuesta cercana, recóndita y casi secreta, como si las canciones estuvieran siendo reveladas únicamente a quienes se han reunido bajo las estrellas.

La cita supone la tercera parada de un programa que, dieciséis años después de su nacimiento, ha conseguido algo distintivo: construir una identidad propia y reconocible. Quien acude a un concierto de Música a la Luna sabe que no encontrará grandes artificios ni espectáculos multitudinarios. Encontrará, en cambio, un escenario a ras de suelo, la posibilidad de escuchar el roce de las cuerdas de una guitarra y la sensación de que la música sucede a pocos metros, en un clima de discreción y proximidad que invita a una escucha distinta.

Kiriko Gutiérrez, coordinador de la programación musical del ciclo, reconoce que cada edición comienza con la incertidumbre propia de cualquier proyecto cultural, pero también con la tranquilidad de saber que Música a la Luna ha terminado por convertirse en una tradición del verano melillense. Dieciséis años después, el público ha aprendido a identificar su lenguaje y su manera de hacer las cosas: una programación coherente, horarios inalterables y una cuidada producción que han consolidado una relación de confianza entre la propuesta y sus espectadores.

La presente edición ha vuelto a confirmar esa complicidad. El concierto inaugural, el homenaje a Sade de la banda Sweet Adú, sorprendió por la elegancia de un concierto que, sin renunciar a la intimidad que caracteriza al ciclo, desplegó un sonido amplio y minuciosamente trabajado. Siete músicos sobre el escenario, unos arreglos medidos y una voz de delicada calidez transformaron la Plaza de Armas en un espacio suspendido, casi ajeno al bullicio del verano.

Tras ello llegó Ismael Serrano, inmerso precisamente en una gira de guitarra y voz muy próxima al espíritu de Música a la Luna. El cantautor madrileño no solo ofreció un repertorio construido sobre la cercanía y la palabra, sino que dejó ver una faceta menos conocida para muchos asistentes. Detrás del compositor de canciones reflexivas apareció un artista de conversación fácil y sentido del humor, capaz de establecer una relación inmediata con el público y de entender las particularidades del escenario, describe Gutiérrez.

Esa capacidad para transitar entre universos tan distintos es, precisamente, uno de los rasgos que más enorgullecen a la organización. Música a la Luna se ha construido a partir de continuas vueltas de tuerca, de un permanente ejercicio de exploración que permite pasar del sofisticado repertorio de Sade a la canción de autor de Ismael Serrano y, desde ahí, al universo sonoro y timbre tan particular de La Bien Querida sin que el ciclo pierda coherencia ni identidad.

La presencia de Ana Fernández-Villaverde responde también a un deseo de "justicia poética", sostiene Gutiérrez. Observando cómo ha evolucionado la canción de autor en las últimas décadas. Si durante buena parte del final del siglo XX este territorio estuvo asociado a voces masculinas como las de Pedro Guerra o el propio Ismael Serrano, el panorama actual presenta un mapa muy diferente. Una nueva generación de mujeres ha ampliado las fronteras del género y ha encontrado otras maneras de contar.

En ese contexto se inscribe La Bien Querida. Su aparición en la escena musical española fue, en cierto modo, una anomalía. Comenzó a publicar canciones en un momento en el que internet empezaba a alterar las reglas de la industria musical. Sus primeras composiciones aparecieron en MySpace, aquella plataforma que permitió a muchos artistas llegar al público al margen de los grandes circuitos comerciales y que se convirtió en un inesperado escaparate para toda una generación de músicos independientes.

Desde entonces, Ana Fernández-Villaverde ha construido un universo creativo de difícil clasificación categórica; un universo "ecléctico". Ha transitado con naturalidad entre el pop, la electrónica y los sonidos latinos sin abandonar nunca el territorio del indie, manteniendo intacta una personalidad artística reconocible desde los primeros compases de cualquiera de sus canciones y su particular voz. Quizá por ello, y pese a las posibilidades de una carrera más convencional, ha permanecido fiel al sello Elephant Records, la misma casa discográfica que la acompañó desde sus comienzos, desvela Gutiérrez.

Su presencia en Melilla supone, en cierto modo, un nuevo paso en esa vocación exploradora de Música a la Luna, empeñada desde hace años en acercar a la ciudad nombres y ritmos que difícilmente encontrarían cabida en otros formatos. No son conciertos concebidos para los grandes recintos, sino para un tipo de experiencia más íntima y reposada, en la que el artista se adapta al espacio y el público se entrega a una escucha más atenta.

En esta ocasión, La Bien Querida comparecerá en el formato más esencial posible: su voz, su guitarra y el acompañamiento instrumental de David Rodríguez. Una propuesta despojada que parece encontrar en la Plaza de Estopiñán el escenario ideal para desplegar toda su delicadeza.

La coincidencia con el partido de la selección española podría restar algunos asistentes al concierto, una circunstancia que la organización contempla con serenidad. Ya ocurrió algo similar años atrás, cuando una actuación de Christina Rosenvinge coincidió con otro gran acontecimiento deportivo, relata Gutiérrez. La plaza no se llenó por completo, pero la noche terminó siendo una de las más recordadas del ciclo. Al fin y al cabo, la filosofía de Música a la Luna nunca ha estado ligada a las cifras ni a los récords de asistencia.

Porque la misión de un proyecto como este, insiste Gutiérrez, va mucho más allá del número de espectadores. La cultura tiene también la responsabilidad de sembrar, de mostrar otros caminos y de despertar la curiosidad. Muchos asistentes descubren artistas gracias a iniciativas como esta y regresan a casa con la sensación de haber encontrado una voz nueva o una música que hasta entonces les era ajena.

Esa capacidad para abrir ventanas musicales ha convertido el ciclo en uno de los proyectos culturales más singulares de la ciudad. Ha sobrevivido a cambios políticos y administrativos, mantenido intacta su esencia. Para Gutiérrez, ello demuestra la sensibilidad que las instituciones melillenses han mostrado históricamente hacia la cultura musical, entendida como un patrimonio tan valioso como la arquitectura, la gastronomía o la propia memoria colectiva.

La conversación termina derivando, casi de manera inevitable, hacia uno de los grandes asuntos que atraviesan la obra de La Bien Querida: el amor. No entendido únicamente como el enamoramiento romántico al que tantas veces se reduce el término, sino como un territorio mucho más amplio y complejo, donde conviven el deseo y el miedo, la plenitud y la pérdida, la maternidad, la memoria, la herida y la reconciliación con uno mismo.

La propia Ana Fernández-Villaverde ha reivindicado en distintas entrevistas la necesidad de seguir cantando al amor, incluso en tiempos en los que cierta mirada contemporánea parece desconfiar de lo romántico o considerarlo una emoción desfasada. Sus canciones, sin embargo, se adentran en esa geografía sentimental desde un lugar más ambiguo y humano, menos definido por el estilo cinematográfico de Hollywood y más cercano a la necesidad humana de expiarse y transitar.

A Gutiérrez no le sorprende esa manera de entender la composición. Como músico, sostiene que el amor continúa siendo uno de los grandes motores de la creación artística. La música ha servido para la reivindicación política, para el compromiso social o para la celebración de las identidades colectivas, pero, en el fondo, siempre existe una forma de amor latiendo detrás de cada obra: amor hacia una persona, hacia una tierra, hacia unas ideas o incluso hacia una determinada manera de habitar el mundo.

Desde los Beatles hasta Joaquín Sabina o Víctor Manuel, pasando por los grandes compositores clásicos, todos han terminado escribiendo, de una u otra manera, sobre los afectos y los vínculos humanos. Incluso las canciones nacidas en contextos de revolución o de protesta contienen una forma de amor: el apego a una causa, la defensa de una comunidad o la fidelidad a unos principios, ejemplifica Gutiérrez.

Por eso le parece especialmente valiente que La Bien Querida reivindique el amor sin complejos y lo convierta en materia artística desde lugares poco transitados. En su repertorio aparecen las contradicciones, los claroscuros y las distintas formas de querer; una visión que se aleja de las narrativas idealizadas y se aproxima más a la experiencia cotidiana de las personas.

En el fondo, esa mirada encaja de manera natural con el espíritu de Música a la Luna. Porque si algo persigue este ciclo desde hace dieciséis años es precisamente crear las condiciones para que la música pueda vivirse de otra manera: con más pausa, con mayor atención y desde una escucha más profunda. No se trata únicamente de asistir a un concierto, sino de entrar durante unas horas en un pequeño territorio de reserva y silencio, en un espacio casi arcano donde las canciones adquieren otra dimensión y donde asuntos tan universales como el amor, el desamor o la memoria encuentran un lugar propicio para ser escuchados.

Quizá por eso Música a la Luna continúa convocando cada verano, dieciséis años después. Porque sus conciertos son también una invitación a retirarse, por unas horas, del ruido y de la velocidad cotidiana; a entrar en un pequeño recinto de discreción y recogimiento donde la música todavía conserva algo de misterio y de revelación.

Tags: Ana Fernández-VillaverdeDavid RodríguezKiriko GutiérrezLa Bien QueridaMúsica a la Luna

RelacionadoEntradas

El Colegio de Abogados aprovecha el Día de la Justicia Gratuita para reclamar cambios

hace 3 minutos
Gran pantalla en la Plaza de las Culturas

No habrá espacio para el aburrimiento mientras sea verano en Melilla

hace 26 minutos
Celebración en 2025. -Archivo-

La Virgen del Carmen, la estrella de un barrio con sabor a salitre

hace 43 minutos
Melilla

Itinerarios de inserción para el empleo en actividades auxiliares administrativas MF25015

hace 2 horas
Melilla

La Policía Nacional y la Comunidad Gitana estrechan lazos institucionales

hace 2 horas
Presentación del programa por la festividad de la Virgen del Carmen

La primera verbena del verano será la que se celebra en honor a la Virgen del Carmen

hace 2 horas

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más visto

  • Melilla

    Detenido el depredador sexual de menores más activo de la historia de Melilla

    0 shares
    Share 0 Tweet 0
  • Air Nostrum amplía los días para comprar su promoción

    0 shares
    Share 0 Tweet 0
  • La gaviota de Audouin encuentra en Melilla uno de sus grandes refugios

    0 shares
    Share 0 Tweet 0
  • Un acusado por yihadismo dice que su rifle era para jugar

    0 shares
    Share 0 Tweet 0
  • Entre la filosofía y el escenario, Alejandra Almendros construye el universo escénico en diálogo con Calderón de la Barca

    0 shares
    Share 0 Tweet 0
  • Medio auditado por   
  • Contacto
  • Aviso legal
  • Términos de uso
  • Política de privacidad
  • Política de Cookies

Grupo Faro © 2023

Sin resultados
Ver todos los resultados
  • Sucesos
  • Frontera
  • Tribunales
  • Sociedad
  • Cultura
  • Educación
  • Política
  • Deportes
  • Marruecos
  • Opinión

Grupo Faro © 2023