La respuesta solidaria de profesionales de la psicología especializados en emergencias ha dado lugar al nacimiento de Andamel, una iniciativa impulsada por psicólogos de Andalucía y Melilla con el objetivo de ofrecer formación a intervinientes y atención psicológica a las personas afectadas por los terremotos registrados en Venezuela.
Así lo explica el psicólogo de emergencias Fran Andújar, quien señala que el proyecto surge gracias al trabajo desarrollado durante años por el Grupo de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofes (GIPEC) de Melilla y a los contactos establecidos en distintos simulacros y encuentros profesionales.
Según detalla, la idea comenzó a gestarse tras participar en un simulacro de terremoto celebrado en la Facultad de Psicología de Granada, donde coincidieron profesionales de distintas provincias andaluzas. A partir de esas relaciones profesionales, una de las psicólogas que mantenía contacto directo con equipos de Venezuela propuso organizar un dispositivo de apoyo específico para responder a la emergencia.
Andújar asegura que la respuesta fue inmediata y que varios profesionales aceptaron participar desde el primer momento, dando forma a un grupo independiente cuyo único objetivo es prestar ayuda psicológica durante la crisis.
Una iniciativa formada por psicólogos especializados en emergencias
El proyecto ha sido bautizado como Andamel, un acrónimo que une Andalucía y Melilla y que identifica a un equipo de psicólogos especializados en emergencias procedentes de ambos territorios.
Andújar explica que el grupo nació específicamente para atender las necesidades psicológicas derivadas de la catástrofe y destaca el compromiso mostrado por todos sus integrantes.
Aunque varios de los participantes pertenecen al GIPEC de Melilla, aclara que la intervención no se realiza oficialmente bajo el nombre de ninguno de los grupos provinciales de intervención psicológica existentes, sino como un equipo independiente creado expresamente para esta emergencia.
No obstante, señala que cuentan con el respaldo del Colegio Oficial de Psicología y de su decano, además del apoyo de los respectivos grupos de intervención psicológica de los que forman parte muchos de sus integrantes.
Formación para psicólogos de numerosos países
Una de las principales líneas de actuación de Andamel consiste en impartir formación especializada a los profesionales que se desplazan hasta Venezuela para colaborar en la atención a los afectados.
Las sesiones se desarrollan de forma telemática y están centradas en materias esenciales dentro de la psicología de emergencias, como los primeros auxilios psicológicos o la comunicación de malas noticias.
Según explica Andújar, las formaciones se imparten en parejas de profesionales y ya participan psicólogos procedentes de numerosos países latinoamericanos.
Entre ellos se encuentran Costa Rica, Perú, Ecuador, Argentina, Guatemala, Chile, El Salvador, Colombia, Bolivia y Canadá, entre otros.
El psicólogo destaca el orgullo que supone poder aportar conocimientos especializados a profesionales que posteriormente trabajarán directamente sobre el terreno con las víctimas de la catástrofe.
Atención telefónica para las personas afectadas
Además de la formación dirigida a intervinientes, Andamel ha organizado un sistema de guardias para prestar apoyo psicológico directamente a las personas afectadas por los terremotos.
Cada semana los miembros del equipo establecen diferentes franjas horarias de disponibilidad con el fin de atender telefónicamente a quienes necesiten apoyo emocional.
Se trata de un dispositivo flexible que va adaptándose continuamente a la evolución de la emergencia y a las necesidades detectadas sobre el terreno.
Andújar reconoce que se trata de un trabajo que cambia prácticamente cada día, pero asegura que el equipo mantiene una coordinación constante y que el proyecto continúa creciendo conforme avanzan las semanas.
Asimismo, adelanta que existen nuevas iniciativas en preparación, entre ellas la posible creación de un punto de atención presencial en Málaga destinado a ciudadanos venezolanos o familiares de afectados residentes en esa provincia.
Las fases emocionales tras una catástrofe
Durante la entrevista, Fran Andújar explica cuáles son las reacciones psicológicas más habituales después de vivir una situación traumática como un terremoto.
Según indica, durante las primeras horas o días aparece una fase aguda caracterizada principalmente por el estado de shock, la hipervigilancia, las respuestas de lucha o huida y una intensa activación emocional.
Posteriormente llega una segunda etapa, comprendida aproximadamente entre la primera y la sexta semana, en la que suele aparecer el mayor nivel de malestar psicológico. En este periodo son frecuentes la ansiedad, las pesadillas, la tensión muscular, la tristeza y la toma de conciencia sobre la magnitud de lo sucedido.
A continuación se desarrolla una fase de reparación que puede extenderse entre el primer y el sexto mes. Durante este tiempo el dolor emocional continúa presente, aunque la persona comienza progresivamente a recuperar sus rutinas y a reincorporarse a su vida cotidiana.
Finalmente aparece la fase de reorientación, que suele iniciarse a partir de los seis meses, cuando la experiencia traumática empieza a integrarse de forma adaptativa dentro de la historia vital de la persona.
Cuándo una reacción deja de ser normal
El especialista subraya que no todas las personas que viven una experiencia traumática desarrollan un trastorno psicológico.
De hecho, insiste en que el ser humano posee una importante capacidad de resiliencia y adaptación que permite superar muchas situaciones extremadamente difíciles sin necesidad de desarrollar un trauma.
No obstante, explica que existen algunos indicadores que pueden señalar la necesidad de recibir atención especializada.
Entre ellos destaca la persistencia prolongada de síntomas como ansiedad intensa, tristeza o desorientación sin mostrar mejoría con el paso del tiempo.
También considera especialmente preocupante el abandono del autocuidado, como dejar de alimentarse, de mantener una higiene básica o de atender a hijos y personas dependientes.
Otros signos de alarma incluyen la desconexión de la realidad, episodios de disociación, alucinaciones o delirios mantenidos en el tiempo.
Asimismo, hace especial hincapié en la aparición de pensamientos suicidas, la existencia de un plan para quitarse la vida o la intención de hacer daño a otras personas, situaciones que requieren atención inmediata.
Los colectivos más vulnerables
Aunque cualquier persona puede verse gravemente afectada tras una catástrofe, Andújar identifica algunos colectivos especialmente vulnerables.
Entre ellos sitúa a las personas mayores, especialmente aquellas que presentan movilidad reducida, enfermedades neurodegenerativas o algún grado de dependencia.
También destaca la situación de los menores, cuya recuperación emocional depende en gran medida del estado psicológico de sus figuras de referencia, como padres, madres o tutores.
Igualmente considera prioritario prestar atención a personas con discapacidad intelectual, trastornos del espectro autista u otros problemas psicológicos o neurocognitivos que puedan dificultar su capacidad de adaptación durante una emergencia.
No obstante, insiste en que cada caso debe evaluarse de forma individual y que resulta complicado establecer reglas generales aplicables a todas las personas.
La importancia de la especialización en psicología de emergencias
Uno de los mensajes que Andújar repite con mayor énfasis es la necesidad de que la atención psicológica en grandes catástrofes sea realizada por profesionales específicamente formados en psicología de emergencias.
Aunque valora positivamente la disposición de numerosos psicólogos para colaborar en este tipo de situaciones, recuerda que la intervención durante una emergencia posee características muy diferentes a las de la psicología clínica.
Explica que el trabajo del psicólogo de emergencias consiste en estabilizar emocionalmente a las personas durante las primeras fases del impacto, mientras que, una vez superado ese periodo inicial, quienes continúen presentando sintomatología deberán ser derivados a servicios de psicología clínica o psiquiatría cuando resulte necesario.
Por ello, considera fundamental que quienes intervengan en este tipo de dispositivos cuenten con formación específica y experiencia en situaciones de crisis.
Escuchar y acompañar, la principal ayuda para familiares y voluntarios
En cuanto a las recomendaciones dirigidas a familiares, amigos y voluntarios, Andújar destaca que el apoyo emocional constituye uno de los factores protectores más importantes tras una catástrofe.
Sentirse acompañado, escuchado y comprendido contribuye a reducir parte del sufrimiento y facilita el proceso de recuperación emocional.
En este sentido, recuerda que muchas veces la ayuda no consiste en ofrecer respuestas o consejos, sino simplemente en permanecer al lado de la persona afectada.
El psicólogo subraya que el silencio puede convertirse en una herramienta terapéutica muy valiosa, ya que permite que quien está sufriendo encuentre su propio ritmo para comenzar a procesar lo ocurrido.
Asimismo, anima a la ciudadanía a colaborar mediante los canales oficiales habilitados para la ayuda humanitaria, evitando iniciativas no verificadas y consultando siempre las necesidades reales de las organizaciones que trabajan sobre el terreno.
Finalmente, expresa la satisfacción del equipo por la acogida que está teniendo Andamel y confía en que el proyecto continúe creciendo mientras persista la emergencia, con el objetivo de seguir aportando apoyo psicológico tanto a los profesionales que intervienen en Venezuela como a todas las personas que necesitan acompañamiento emocional tras la catástrofe.








