El turismo de cruceros ya no puede entenderse como la simple llegada de un barco a un puerto. Esa visión ha quedado atrás para dar paso a un modelo mucho más amplio, en el que el verdadero protagonista es el destino y la experiencia que este es capaz de ofrecer. Esa es una de las principales conclusiones que deja la reflexión de Mariana Perrilliat, vicepresidenta de grupos de cruceros de ITM Group, sobre el presente y el futuro del sector.
Su planteamiento resulta especialmente significativo para Melilla. La ciudad reúne unas características que la diferencian de otros destinos: un patrimonio histórico concentrado en un espacio accesible, una identidad propia y una interculturalidad que constituye uno de sus principales valores. Sin embargo, disponer de esos recursos no garantiza, por sí solo, el éxito turístico. Es necesario planificar, coordinar y construir una estrategia compartida.
El mensaje es claro: un puerto moderno no basta si la ciudad no está preparada para recibir al visitante y Melilla demostró el pasado 22 de abril que está lista. El turismo de cruceros exige que instituciones, empresas, comercios y ciudadanía trabajen en la misma dirección para ofrecer una experiencia que invite al viajero a regresar. Hoy, el crucerista busca autenticidad. Quiere conocer la realidad del destino, su gastronomía, su cultura y su forma de vida. Esa demanda representa una oportunidad para ciudades como Melilla, capaces de ofrecer una personalidad difícil de encontrar en otros lugares.
También es importante comprender que el crecimiento debe producirse de manera ordenada. La sostenibilidad no consiste únicamente en proteger el entorno, sino también en evitar la saturación y garantizar que el desarrollo turístico beneficie tanto a los visitantes como a la población local. La planificación de los flujos, la preparación de los servicios y la formación de quienes atenderán a los cruceristas son elementos esenciales para consolidar un modelo equilibrado.
Otro aspecto relevante es la apuesta por la formación. Preparar al tejido económico local para responder a las necesidades de este mercado supone multiplicar las oportunidades para pequeños negocios, establecimientos hosteleros y empresas de servicios. El turismo de cruceros puede convertirse así en un motor económico que distribuya sus beneficios más allá del puerto.
Melilla dispone de una oportunidad que, según la visión trasladada por ITM Group, llega en un momento favorable. Aprovecharla dependerá de la capacidad de mantener una visión común y de entender que el turismo no se improvisa, sino que se construye con planificación, implicación y continuidad.
La ciudad posee los ingredientes necesarios para consolidarse como un destino atractivo en el Mediterráneo. El desafío consiste ahora en transformar ese potencial en una realidad duradera, haciendo de su identidad, su diversidad y su patrimonio las mejores cartas de presentación ante quienes llegan por mar.








