En Melilla, como en muchas ciudades españolas, el Corpus Christi sigue siendo una de las citas más importantes del calendario católico. Pero, ¿qué se celebra exactamente?
El Corpus Christi conmemora la presencia de Jesucristo en la Eucaristía. Dicho de manera sencilla: los católicos celebran el cuerpo y la sangre de Cristo representados en el pan y el vino consagrados durante la misa. De ahí el nombre latino “Corpus Christi”, que significa literalmente “Cuerpo de Cristo”.
Aunque mucha gente lo relaciona solo con una procesión, la fiesta tiene siglos de historia detrás. Fue instaurada por el papa Urbano IV en el siglo XIII y siempre se celebra sesenta días después del Domingo de Resurrección. La fecha depende directamente de cuándo se celebra la Semana Santa. Si la Pascua llega tarde, el Corpus también.
Y sí, la procesión es la gran protagonista. Ahí está el corazón de la fiesta. El Santísimo Sacramento, colocado dentro de una custodia dorada, sale a la calle bajo palio acompañado por sacerdotes, cofradías, autoridades y cientos de fieles. Para los creyentes representa que Cristo “sale” al encuentro de la ciudad. Durante el recorrido se realizan paradas, rezos y bendiciones. En muchas ciudades las calles se decoran con altares, flores y romero. En Melilla también se mantiene esa tradición y en los últimos años se han recuperado varios altares instalados a lo largo del recorrido.
Uno de los momentos más llamativos es la presencia de los niños que han hecho la Primera Comunión este año. Caminan delante o junto a la procesión con sus trajes blancos y velas en la mano. Su participación simboliza la unión entre la fiesta del Corpus y el sacramento de la Eucaristía que acaban de recibir por primera vez. Para muchos pequeños es casi una “segunda comunión”, aunque esta vez rodeados de toda la ciudad. En Melilla suelen participar decenas de niños acompañados por padres, abuelos y familiares.
La procesión melillense recorrerá las calles del centro de la ciudad tras la misa solemne celebrada en la parroquia del Sagrado Corazón. El itinerario del Corpus se mantiene prácticamente igual al del año pasado. La primera parada se realiza bajando por la calle Castelar; la segunda, a la altura de la Casa de las Carcasas, entrando a la Avenida Juan Carlos I. Desde ahí, el cortejo continúa de forma ininterrumpida hasta la Plaza Menendez Pelayo. Posteriormente, se detiene frente a Woman’s Secret, y más adelante en la perfumería Coppelia.
Tras esta última estación, el recorrido gira hacia Plaza de España, continuando por Ejército Español, con una parada en el Bar Victoria, antes de finalizar en la Puerta del Sagrado Corazón. Las cofradías organizadoras de las paradas en orden son: Castrense, Flagelación, Cáritas, Nazareno, Cautivo y las hermandades de gloria (Rocío, Virgen de la Victoria y Divina Pastora), culminando con la Cofradía de la Soledad.
La salida está prevista habitualmente a media mañana, después de la eucaristía principal, y el recorrido suele durar entre una hora y media y dos horas, dependiendo del número de participantes y de las paradas programadas. La ciudad prácticamente se detiene durante ese tiempo. El tráfico se corta y el centro cambia el ruido de los coches por marchas procesionales.
Porque sí, también hay música. Y bastante importante. En Melilla suelen acompañar agrupaciones musicales y bandas de cornetas y tambores. En anteriores ediciones participaron la Agrupación Musical de Nuestro Padre Jesús de la Flagelación y la Asociación Banda, Orquesta y Coro Ciudad de Melilla, interpretando marchas religiosas durante todo el recorrido.
El Corpus melillense reúne prácticamente a toda la comunidad católica local. Parroquias, hermandades y cofradías participan juntas en una ciudad donde las tradiciones religiosas conviven además con culturas muy distintas. Esa mezcla le da un ambiente particular. No tiene el tamaño del Corpus de Toledo o Sevilla, pero precisamente ahí está parte de su encanto. Todo resulta más cercano.
Desde la Vicaría Episcopal esperan una buena respuesta de fieles y ciudadanos. Lo habitual es que cientos de personas acompañen el recorrido cada año. Hay quien participa por fe y quien lo hace por tradición familiar. Otros simplemente se acercan a ver pasar la custodia y escuchar la música.
Quizá sea el olor a incienso mezclado con el calor de junio. O los niños intentando no pisarse el traje mientras sus padres hacen fotos sin parar. O esa imagen tan curiosa de una ciudad entera caminando despacio detrás de un palio dorado. Sea por lo que sea, el Corpus sigue resistiendo al paso del tiempo. Y eso, hoy en día, ya tiene bastante mérito.








