Hace unos días, la popular cuenta de Facebook ‘Melipedia’, dirigida por la historiadora y documentalista Isabel Migallón, publicaba una foto realizada mediante Inteligencia Artificial de lo que pudo haber sido el histórico comercio La Villa de Madrid. Una casa de tejidos, confecciones, encajes y bordados fundada en 1909.
Lo cierto es que, gracias a los archivos que maneja la familia de don Félix Sanz y Sanz, fundador del negocio melillense, es posible hacerse una idea de cómo era este establecimiento que estaba afincado en el número dos de la Plaza de África, posterior Plaza del Comandante Benítez.
Nacho Martínez, propietario de La Cervecería, el icónico bar de tapas de la calle O’Donnell, es nieto de este comerciante que llegó de Segovia a principios del siglo XX. Ha dado continuidad a la saga familiar de comerciantes, una herencia que le viene de sus abuelos maternos y paternos.
En la publicación de ‘Melipedia’, se hace referencia a las vísperas de la Semana Santa, cuando las mujeres acudían a La Villa de Madrid para hacerse con las mantillas y todos los accesorios necesarios para este atuendo. Pero en el emblemático comercio no solamente vendían este tipo de productos.
En anuncios de la época, se observa cómo ofrecían “equipos para novias, equipos para recién nacidos y primorosos jugos de ropa blanca” entre otros artículos. Parece que el local daba suerte, porque justo después se establecía allí La Zapatillera, “una zapatería muy famosa que la regentaban unos señores hebreos”.
Don Félix Sanz “fue uno de los pioneros en traer confección hecha, porque antes solamente vendían telas y cosas así. Tengo entendido que tenía muy buena relación con personas en Barcelona, que era la meca de la confección hecha”, comenta Nacho Martínez. Además de la calidad y variedad de los productos, se definían como “la casa que más barato vende”.
No cabe duda de que La Villa de Madrid era un negocio muy conocido en Melilla. Los padres de Nacho nacieron en Melilla, pero sus abuelos no; sin embargo, no fue un problema para que el incipiente negocio despegase sin dificultad. Su abuelo materno, Sanz y Sanz, pertenecía a la Cámara de Comercio y al círculo del Casino Español.
En aquel momento, tanto la ciudad del norte africano como sus alrededores estaban floreciendo a nivel comercial. Esta zona del mapa se encontraba en expansión, “ayudado también por las minas del Rif, que creaban muchos puestos de trabajo y mucha riqueza”, comenta el propietario de La Cervecería.
“En la época en que Melilla era Melilla y estaba subiendo como la espuma. De ahí que hubo muchas personas que vinieron desde distintos puntos de la Península, a principios de 1900, para lo que se llamaba hacer fortuna, ¿no? Porque era una ciudad en expansión, era una ciudad rica”. Una ciudad que, según destaca, fue próspera antes y después de la guerra.
“A mí me contaban mis abuelos detalles de que, por ejemplo, en Melilla después de la guerra había azúcar, que era una cosa que en la Península escaseaba”. Por el lado paterno, sus abuelos llevaron la Casa Vicente Martínez, una droguería con cien años de historia que se sitúa justo enfrente de La Villa de Madrid, en la calle García Cabrelles.
“Mis abuelos vinieron de fuera, como muchísimas familias de comerciantes, que en aquellos tiempos era la aventura de ir a África y todo eso”. Durante un tiempo, Martínez estuvo dirigiendo el centenario local de su familia. En 1991 inauguró La Cervecería, un establecimiento hostelero referente en Melilla.
Se considera “descendiente de comerciantes”. Sus padres, de hecho, se conocieron porque vivían prácticamente frente a frente. “Mi abuelo vivía encima de la tienda que tenía entrada por la calle Castelar, y mi padre vivía en García Cabrelles 3, que está justo enfrente. Y entonces se conocieron ahí, independientemente de que mis abuelos eran íntimos amigos”.
Los propietarios de negocios estaban muy implicados en los organismos que salvaguardaban el comercio local, y tenían, además, una relación estrecha entre ellos en esta pequeña y singular ciudad. Su padre, José Martínez López, fue también presidente de la Cámara de Comercio en los años 70.
Sobre el final de La Villa de Madrid, cree recordar que su abuelo don Félix Sanz y Sanz traspasó el negocio y pasó a regentar un estanco, el del Banco Bilbao. “Y luego me parece que se lo regaló a una antigua dependiente suya. Era una persona así, muy dadivosa”.
Sus antecesores construyeron desde cero un importante legado comercial en la ciudad de Melilla. Un talento para este empeño que Nacho Martínez lleva dentro. Los más de treinta años que lleva al frente de La Cervecería así lo demuestran.









Total los melillense siempre fuimos como los chinos,ni horarios ni calendarios hasta que llegaron las nuevas generaciones que la familia,el mundo y Dios se lo deben TODO, pues ellos nadie les consulto vivir