La comunidad judía de Melilla se prepara para celebrar, desde mañana 1 de abril y hasta el 9 de abril, la festividad de Pésaj, también conocida como la Pascua judía. Se trata de una de las celebraciones más significativas del calendario hebreo, en la que se conmemora la liberación del pueblo de Israel de la esclavitud en Egipto, tal y como se recoge en el libro del Éxodo.
Durante ocho días, las familias judías reviven este episodio histórico y espiritual a través de una serie de rituales profundamente simbólicos, donde la tradición, la fe y la transmisión intergeneracional adquieren un papel central.
Pésaj no es solo una festividad religiosa, sino también una experiencia familiar y comunitaria que conecta pasado y presente, recordando valores como la libertad, la resistencia y la identidad.
El significado de Pésaj
El término “Pésaj” significa “paso” o “salto”, en referencia al momento en que, según la tradición bíblica, Dios “pasó por encima” de las casas de los hebreos durante la última de las diez plagas de Egipto, evitando la muerte de sus primogénitos.
Este episodio marcó el inicio del éxodo liderado por Moisés, en el que el pueblo judío abandonó la esclavitud para emprender el camino hacia la libertad.
Por ello, Pésaj es, ante todo, una celebración de la liberación. No solo en un sentido histórico, sino también espiritual, ya que invita a reflexionar sobre las distintas formas de esclavitud —físicas, sociales o personales— y la importancia de superarlas.
La preparación
Uno de los aspectos más característicos de Pésaj comienza incluso antes de la festividad: la limpieza exhaustiva de los hogares.
Durante estos días previos, las familias judías eliminan cualquier rastro de “jametz”, es decir, alimentos que contienen levadura o han fermentado, como pan, galletas, pasta o cerveza.
Esta práctica simboliza la prisa con la que los hebreos abandonaron Egipto, sin tiempo para que el pan fermentara. Por ello, durante toda la festividad se evita consumir cualquier alimento leudado.
La limpieza no es solo física, sino también simbólica: representa una renovación espiritual, una oportunidad para “purificarse” y comenzar de nuevo.
Cena ritual
El momento central de Pésaj es el Seder, una cena ritual que se celebra durante las dos primeras noches de la festividad (en algunas tradiciones, solo la primera).
Durante el Seder, las familias se reúnen alrededor de una mesa especialmente preparada para seguir un orden establecido —“seder” significa precisamente “orden”— en el que se narran los acontecimientos del éxodo.
La ceremonia se guía a través de la Hagadá, un texto que recoge la historia de la salida de Egipto, acompañado de oraciones, cantos y explicaciones dirigidas especialmente a los más jóvenes.
Los alimentos simbólicos
Uno de los elementos más representativos del Seder es el plato ritual, una composición cuidadosamente dispuesta en la que cada alimento posee un significado concreto vinculado al relato del Éxodo. Lejos de ser una simple tradición gastronómica, estos elementos funcionan como herramientas pedagógicas y espirituales que permiten revivir, generación tras generación, la historia de la salida de Egipto.
En el centro de esta experiencia se encuentra la matzá, el pan ácimo que sustituye al pan tradicional durante toda la festividad. Su ausencia de fermentación recuerda la prisa con la que los hebreos abandonaron Egipto, sin tiempo para que la masa leudara. Este alimento sencillo, casi austero, se convierte así en un símbolo de humildad, urgencia y libertad.
Junto a la matzá aparecen las hierbas amargas, conocidas como maror, cuyo sabor intenso y penetrante evoca la dureza de la esclavitud sufrida por el pueblo hebreo. Al consumirlas, los participantes del Seder no solo recuerdan ese pasado, sino que lo experimentan de forma sensorial, reforzando la dimensión emocional de la celebración.
En contraste con este amargor, el plato incluye el jaroset, una mezcla dulce elaborada a base de frutos secos, manzana y vino. Su textura y color recuerdan al mortero utilizado por los esclavos en las construcciones egipcias, estableciendo un vínculo simbólico entre el sufrimiento y la resistencia. La dulzura del jaroset introduce, además, una lectura esperanzadora: incluso en los momentos más duros, existe la posibilidad de redención.
Otro de los elementos presentes es el karpás, generalmente una verdura como el apio o el perejil, que se moja en agua salada antes de ser consumida. Este gesto sencillo está cargado de significado, ya que el agua salada representa las lágrimas derramadas durante la esclavitud, mientras que el verde de la verdura alude a la vida y la renovación.
El plato se completa con un hueso asado, que rememora el sacrificio pascual que se realizaba en el antiguo Templo de Jerusalén, y con un huevo cocido, símbolo dual de duelo y continuidad.
Las cuatro copas de vino
Durante el Seder también se beben cuatro copas de vino, que representan las cuatro expresiones de redención mencionadas en la Torá.
Además, la participación de los niños es fundamental. Uno de los momentos más conocidos es cuando el menor de la familia formula las “cuatro preguntas”, que comienzan con “¿Por qué esta noche es diferente a las demás?”.
Este diálogo intergeneracional es clave en Pésaj, ya que garantiza la transmisión de la historia y los valores del pueblo judío.
Ocho días de tradición
A lo largo de los ocho días de Pésaj, las normas alimentarias continúan siendo estrictas. Se evita el consumo de cualquier producto con levadura, sustituyéndolo por alimentos permitidos como la matzá y productos específicamente elaborados para la festividad.
En muchas familias, incluso se utilizan utensilios de cocina exclusivos para Pésaj, con el fin de evitar cualquier contaminación con alimentos prohibidos.
Además, los primeros y últimos días de la festividad tienen un carácter más solemne, con celebraciones religiosas en las sinagogas y restricciones laborales para los creyentes más observantes.
En Melilla, donde la comunidad judía tiene una presencia histórica y significativa, Pésaj se vive con especial intensidad.
Las familias se reúnen en sus hogares para celebrar el Seder, manteniendo vivas tradiciones que han pasado de generación en generación. La ciudad, con su carácter multicultural, se convierte durante estos días en un espacio donde conviven distintas expresiones religiosas, enriqueciendo su tejido social.
Además, la festividad refuerza los lazos comunitarios, ya que muchas celebraciones se comparten entre familiares y amigos, consolidando el sentimiento de pertenencia.
Una festividad que trasciende lo religioso
Aunque Pésaj tiene un profundo significado religioso, su mensaje trasciende el ámbito espiritual. La celebración invita a reflexionar sobre la libertad, la justicia y la dignidad humana, valores universales que siguen vigentes en la actualidad.
En un mundo marcado por conflictos y desigualdades, el relato del éxodo continúa siendo una referencia simbólica de lucha y esperanza.
Mirando al futuro sin olvidar el pasado
Con la llegada de Pésaj, la comunidad judía de Melilla no solo recuerda un episodio fundamental de su historia, sino que reafirma su identidad y proyecta sus valores hacia el futuro.
Durante estos ocho días, cada gesto, cada alimento y cada palabra pronunciada en torno a la mesa del Seder adquieren un significado especial.
Porque, como marca la tradición, no se trata solo de recordar la salida de Egipto, sino de vivirla como si cada generación hubiera sido liberada.








