En las últimas semanas, Melilla ha seguido con atención el paso de varias borrascas atlánticas y temporales mediterráneos que han dejado viento, mala mar y cambios bruscos de temperatura. Aunque no todas han impactado de lleno en la ciudad, sí han condicionado la operatividad del puerto, las conexiones marítimas y la vida cotidiana. Y todas ellas comparten un elemento que ya forma parte del lenguaje meteorológico moderno: tienen nombre propio.
Nombrar las borrascas no es un gesto simbólico ni una moda reciente. Es una herramienta de comunicación diseñada para que la ciudadanía identifique con rapidez los episodios de riesgo y actúe en consecuencia. En territorios como Melilla, donde el viento y el estado del mar influyen directamente en la movilidad y los servicios esenciales, esta práctica se ha vuelto especialmente útil.
Por qué las borrascas tienen nombres masculinos y femeninos
La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), junto con los servicios meteorológicos de Francia y Portugal, elabora cada año una lista de nombres que se asignan a las borrascas de alto impacto. La alternancia entre nombres masculinos y femeninos responde a tres criterios:
- Neutralidad: evitar asociar fenómenos destructivos a un solo género.
- Claridad: un nombre propio se recuerda mejor que un código técnico.
- Coordinación internacional: todos los países del suroeste europeo usan la misma lista, lo que evita confusiones en medios y avisos oficiales.
Así, cuando una borrasca cumple los criterios de impacto —vientos fuertes, lluvias intensas, oleaje significativo— se activa el nombre correspondiente y todos los organismos deben emplearlo.
Las borrascas del último mes que han influido en Melilla
Durante los últimos 30 días, tres episodios han marcado la meteorología en la ciudad: Ingrid, el temporal Harry y una sucesión de frentes atlánticos que, sin nombre propio, han dejado inestabilidad constante.
1. Borrasca Ingrid (22–25 de enero).
La más destacada del mes. Ingrid fue catalogada como borrasca de alto impacto por su profundidad y extensión. Aunque su centro se situó lejos del Mediterráneo oriental, sus efectos se dejaron sentir en Melilla:
- Rachas de viento de 47–53 km/h, especialmente el 24 de enero.
- Mala mar en el mar de Alborán, con oleaje que complicó la operatividad del puerto.
- Descenso térmico moderado, con mínimas cercanas a los 11 °C.
Ingrid afectó con mayor intensidad al Estrecho y al Campo de Gibraltar, pero Melilla recibió su estela de viento y mar agitada.
2. Temporal Harry (mediados de enero).
Mientras Ingrid se aproximaba desde el Atlántico, el Mediterráneo aún arrastraba los efectos del temporal Harry, que dejó:
- Oleaje persistente, con mar de fondo que afectó a las conexiones marítimas.
- Viento moderado, aunque menos intenso que en otras zonas del Mediterráneo central.
- Ambiente húmedo y sensación térmica baja.
Harry no fue nombrado como borrasca de alto impacto por el grupo suroeste europeo, pero sí generó un temporal significativo en el entorno mediterráneo.
3. Frentes atlánticos sucesivos (enero).
Además de Ingrid y Harry, Melilla ha estado bajo la influencia indirecta de varios frentes atlánticos que han cruzado la península y el mar de Alborán:
- Rachas frecuentes entre 20 y 50 km/h.
- Variaciones bruscas de presión atmosférica.
- Temperaturas suaves, con máximas entre 13 y 17 °C.
Aunque estos episodios no han recibido nombre, han contribuido a un mes meteorológicamente muy activo.
El peor temporal que ha vivido Melilla: el devastador episodio de 1924
Para comprender la importancia de nombrar las borrascas, basta con mirar atrás. Melilla ha sufrido numerosos temporales, pero los registros históricos coinciden en señalar uno como el más violento y destructivo del siglo XX: el temporal de noviembre de 1924.
En aquella época no existía la práctica de bautizar borrascas, pero su impacto fue tan extraordinario que aún hoy se recuerda como un episodio excepcional.
Qué ocurrió en 1924
El temporal se formó rápidamente en el Mediterráneo occidental y alcanzó Melilla con una combinación inusual de:
- Vientos huracanados, muy por encima de los valores habituales.
- Oleaje descomunal, capaz de desplazar bloques de escollera de varias toneladas.
- Lluvias intensas, que agravaron los daños en una ciudad con infraestructuras más vulnerables que las actuales.
Daños en el puerto y en la ciudad
El puerto fue la zona más castigada:
- Destrucción parcial de muelles y defensas marítimas.
- Embarcaciones hundidas o arrojadas contra el dique.
- Interrupción total de la actividad portuaria durante días.
En tierra, el viento provocó desprendimientos, rotura de techumbres y cortes en servicios básicos.
Este episodio sigue siendo un punto de referencia para evaluar la gravedad de los temporales posteriores.
Por qué es importante nombrarlas en una ciudad como Melilla
Para un territorio insularizado por mar, donde el puerto es una infraestructura crítica, nombrar las borrascas aporta:
- Mayor atención ciudadana: un nombre facilita que la población siga los avisos.
- Mejor coordinación institucional: Protección Civil, Puerto de Melilla y medios locales trabajan con la misma referencia.
- Menos confusiones: especialmente cuando coinciden varios sistemas atmosféricos.
- Memoria colectiva: la ciudadanía recuerda mejor los episodios y sus efectos.
Conclusión: nombrar para informar y proteger
Las borrascas tienen nombres masculinos y femeninos por razones prácticas: mejorar la comunicación, reforzar la seguridad y facilitar la coordinación entre países. En Melilla, donde el viento y el mar condicionan la vida diaria, esta herramienta se ha convertido en un recurso esencial para anticiparse a los temporales e intentar minimizar los riesgos.








