El Festival de Melilla vivirá mañana 14 de enero una de esas citas destinadas a quedar en la memoria del público. La reconocida cantante y trompetista Andrea Motis, una de las figuras más internacionales del jazz español actual, actuará en la ciudad acompañada por el pianista Ignasi Terraza, referente absoluto del swing y uno de los músicos más respetados del panorama jazzístico europeo.
El concierto, en formato íntimo, tendrá lugar en el Salón de Actos de la UNED, un espacio ya consolidado como uno de los escenarios culturales más especiales de la ciudad. La cita se integra, además, dentro de la programación conmemorativa de las 30 Jornadas de Jazz de Melilla, una edición cargada de simbolismo, emoción y nombres de primer nivel.
Dos trayectorias unidas
Andrea Motis e Ignasi Terraza comparten más de una década de colaboración artística. Una relación musical que, lejos de agotarse con el tiempo, ha evolucionado hacia un diálogo cada vez más profundo, delicado y personal. Sobre el escenario, ambos músicos construyen un lenguaje propio basado en la escucha mutua, la improvisación y el respeto absoluto por la tradición jazzística.
Motis, que despuntó siendo apenas una adolescente en la Sant Andreu Jazz Band, dirigida por Joan Chamorro, es hoy una artista plenamente consolidada. Trompetista de gran sensibilidad y vocalista de timbre inconfundible, ha desarrollado una carrera internacional que la ha llevado a actuar en algunos de los escenarios más prestigiosos del mundo.
Ignasi Terraza, por su parte, es considerado uno de los grandes pianistas de jazz del país y un referente internacional del swing. Más allá de su faceta como solista, destaca especialmente por su capacidad como acompañante, una cualidad que, en palabras del coordinador del festival, lo convierte en un músico excepcional.
"Un conciertazo"
Kiriko, coordinador y uno de los principales impulsores de las Jornadas de Jazz, no duda en calificar la cita como “un conciertazo”. En declaraciones a este diario, subraya la relevancia de contar con Andrea Motis en esta edición tan especial.
“Es una de las figuras más internacionales que tenemos ahora mismo dentro del panorama del jazz nacional”, señala, recordando que Motis comenzó su carrera siendo una jovencísima promesa y que hoy cuenta con una trayectoria sólida y reconocida.
No será, además, la primera vez que la artista visite Melilla. Motis ya actuó en la ciudad cuando tenía apenas 16 o 17 años, dentro del ciclo Música a la Luna, y regresó posteriormente en el marco de las propias Jornadas de Jazz. “Qué mejor ocasión que esta celebración de las treinta jornadas para contar con ella”, apunta Kiriko.
Madurez artística
Aunque sigue siendo una artista joven, Andrea Motis ha alcanzado una madurez musical que sorprende tanto al público como a los propios músicos. Su dominio del lenguaje jazzístico, su sensibilidad interpretativa y su capacidad tanto como trompetista como cantante la sitúan en una posición destacada dentro del panorama actual.
“El público se va a encontrar a una chica sorprendente, con un talento enorme y unas cualidades musicales excepcionales”, afirma Kiriko, quien destaca que Motis combina frescura y profundidad con una naturalidad poco común.
Su forma de abordar los estándares clásicos y las composiciones propias revela una comprensión profunda del jazz, entendida no solo como un estilo musical, sino como una manera de comunicar emociones y construir historias a través del sonido.
Arte de acompañar en el jazz
Uno de los aspectos más subrayados por la organización es la presencia de Ignasi Terraza al piano. Kiriko lo define como “un monstruo del piano”, pero matiza que su mayor virtud es su capacidad como sideman, es decir, como músico acompañante.
“En el jazz, como en el flamenco, no todos los grandes solistas son grandes acompañantes”, explica, estableciendo un paralelismo con figuras como Paco de Lucía o Tomatito. En este sentido, Terraza destaca por su habilidad para estar al servicio de la música y del compañero, potenciando el discurso común sin eclipsar al otro.
Esta cualidad resulta clave en un formato tan reducido como el dúo, donde cada nota cuenta y donde la interacción entre ambos intérpretes es constante.
Un formato íntimo
El concierto del 14 de enero apuesta deliberadamente por un formato pequeño e íntimo, en el que la trompeta, la voz y el piano dialogan sin artificios. Una elección que, según la organización, permitirá apreciar todos los matices del directo y la complicidad entre los músicos.
“Es un formato en el que los dos instrumentos van a brillar de una forma muy especial”, explica Kiriko, recordando que Motis y Terraza han tocado juntos en innumerables ocasiones y que esa experiencia compartida se traduce en una conexión muy poco frecuente.
El público podrá disfrutar de un concierto cercano, donde la improvisación, los silencios y los pequeños detalles cobran un protagonismo absoluto.
Composiciones propias
El repertorio de la velada combinará composiciones propias con estándares de jazz, una fórmula habitual en este género y que responde a una lógica muy concreta. El jazz, recuerda Kiriko, requiere una escucha activa y una implicación especial por parte del oyente.
“Bombardear al público solo con temas desconocidos, por muy buenos que sean, no siempre funciona”, explica. Por ello, los músicos suelen introducir guiños reconocibles a través de estándares clásicos que conectan de inmediato con la audiencia.
Buena parte de estos estándares proceden de la música de cine norteamericana de las décadas de los 40 y 50, cuya obra ha servido de base al repertorio jazzístico durante décadas.
El escenario elegido para el concierto no es casual. El Salón de Actos de la UNED se ha convertido en un referente cultural en Melilla y en un espacio especialmente valorado por músicos y público.
“El sonido es especial, el espacio es muy especial”, subraya Kiriko, quien considera que el entorno contribuye de forma decisiva a la experiencia del concierto. La cercanía entre artistas y espectadores y la acústica del lugar refuerzan el carácter íntimo de la propuesta.
Valor emocional
Más allá del atractivo artístico, el concierto tiene un fuerte componente emocional al enmarcarse dentro de las 30 Jornadas de Jazz de Melilla. Una edición que rinde homenaje a la trayectoria de este ciclo y, de forma muy especial, a la figura de Ángel Castro, impulsor histórico de las jornadas.
Kiriko recuerda que estas jornadas han sido preparadas “con mucho cariño”, siguiendo la idea que el propio Ángel Castro había concebido tiempo atrás: una celebración prolongada en el tiempo, con grandes nombres, pero sin perder la esencia ni el equilibrio.
La programación comenzó el pasado 2 de diciembre con Chucho Valdés, una de las figuras más premiadas del jazz internacional, y continúa ahora con Andrea Motis e Ignasi Terraza como una de las citas centrales.
Próximos eventos
Las 30 Jornadas de Jazz no se concentran en un único momento, sino que se desarrollan a lo largo de varias semanas. En febrero se retomará el formato más tradicional, con una programación que, según adelanta Kiriko, contará con nombres ya conocidos por el público melillense.
“Son músicos que ya han pasado por Melilla y que han dejado muy buen sabor de boca”, explica, avanzando que habrá sorpresas, innovaciones y propuestas a la altura de un aniversario tan significativo.
Las fechas previstas para esta segunda parte del programa se sitúan entre el 14 y el 20 de febrero, aunque los nombres concretos serán presentados oficialmente por la dirección de la UNED y la Consejería de Cultura.
El concierto de Andrea Motis e Ignasi Terraza se presenta, así, como una oportunidad única para disfrutar del jazz en su forma más pura: cercana, emocional y auténtica. Una velada pensada tanto para los aficionados al género como para quienes quieran dejarse llevar por la magia de dos artistas que hablan el mismo idioma musical.








