Se veía venir. Si la cosa seguía así y no se tomaban las medidas oportunas, si es que había que tomarlas, al final esto acabaría mal. El fuego está encendido y todo dependerá de si se abren o cierran ventanas para que el aire viciado lo avive o lo deje morir ahora que todavía no ha pasado de la cocina.
Y es que lo que pasa en un terreno de juego, incluyo el túnel de vestuarios o los aparcamientos internos de un estadio, llegado el caso, no debería trascender más allá del mero calentón que unos pueden tener cuando se han considerado perjudicados. De la gravedad de lo que ocurra o, dependiendo del rasero con el que se mida, uno podrá dar mayor o menor cuenta de lo sucedido a quién corresponda para que actúe en consecuencia ante el estamento oportuno.
El deporte español y el fútbol en particular vive unos momentos que marcarán un antes y un después que se valorará desde la perspectiva histórica que ineludiblemente deja el paso del tiempo, pero siempre hay alguien que por lo que sea, protagonismo incluido, jode el invento, mejor dicho, el momento.
Las declaraciones de Piqué, en caliente, después del partido que jugó el Barça ante el Sporting de Gijón que acabó con victoria azulgrana a pesar de los errores de bulto cometido por el colegiado Velasco Carballo, madrileño, que dejó de señalar tres claros penaltis en el área asturiana, han traído y seguirán trayendo cola. Todo depende de si se da carpetazo o no al expediente que el Comité de Competición ha abierto al jugador del FC Barcelona.
Piqué podría haberse ahorrado sus manifestaciones y nada habría pasado. Pero cuando unos callan, callan y callan, y ven que cuando otros hablan, hablan y hablan, al final el perjudicado es el que calla, pues revienta. Y eso es lo que ha podido pasar. Y de hecho, es lo que a menudo ha venido pasando a lo largo del pasado y del presente campeonato liguero. Aunque esta situación no es nueva, yo diría que es inherente a la propia competición.
Las declaraciones de Piqué podrían haber quedado en aguas de borrajas, en una mera anécdota motivada por el derecho al pataleo que tiene el que se considera perjudicado, como hasta ahora hemos visto una jornada sí y la otra también. Pero he aquí que quien cuestiona las declaraciones públicas de un jugador, va y se despacha a su antojo en un medio público, pidiendo que el jugador sea sancionado por considerar desafortunadas y muy graves sus declaraciones. La cosa no tendría más relevancia si no fuera porque el que pide castigo es el presidente del Comité Técnico de Árbitros y las hace, posiblemente, también en caliente al considerar perjudicado los intereses que defiende. A Sánchez Arminio le hubiera venido mejor predicar con el ejemplo y haberse callado; sobre todo porque representa a un colectivo que, en teoría, debe ser absolutamente imparcial; por lo que su actitud deja mucho que desear y lo único que ha conseguido es agrandar las dudas que se ciernen sobre el estamento arbitral. Con diferencia, y ya puestos, a años luz de alcanzar el nivel de la liga española.
Distinto sería si el presidente del Comité Técnico de Árbitros hubiera actuado siempre en la misma línea, pero esto no ha sido así y ahora le toca aguantar su vela aunque dudo mucho que esta situación creada le acarree consecuencias. Ejemplos los hay a mansalva, además reciente en la competición. Ahí están las manifestaciones de Iker Casillas al término de la eliminatoria en la que su equipo quedó eliminado de la Copa del Rey. “Vete de fiesta con ellos a celebrarlo, tanta polla y tanta mierda”, le espetó a Teixeira Vitienes; o la de Mourinho cuando esperó al colegiado de turno en el parking del Camp Nou para menospreciarle. “Vaya artista, ¡cómo te gusta joder a los profesionales!”, le soltó. Sánchez Arminio tampoco tuvo en cuenta las declaraciones de soldado cuando rajó del árbitro tras el partido de semifinal de Copa; ni tampoco mandó tomar medidas cuando varios jugadores del Rayo, tras el nefasto arbitraje de Fernández Borbalán en contra del equipo rayista. Diego Costa declaró en la COPE que “los jugadores del Real Madrid insultaban al árbitro y éste no les decía nada. Se nota que algunos árbitros tienen miedo al Madrid”, aseguró. O las de Piti, jugador del Rayo Vallecano: “El árbitro no estuvo acertado y ayudó en ciertos momentos al Real Madrid, nos perjudicó muchísimo”. “Hubo diferencia de trato por parte del colegiado, clarísimamente. A ellos le tienen un respeto muy grande y a nosotros ninguno”. La lista podría ser interminable pero ahí queda eso. Ante estas declaraciones, todas ellas públicas, Sánchez Arminio ni se inmutó. ¿Imparcial?, juzguen ustedes.
Piqué y Velasco Carballo tuvieron sus más y sus menos y ahí debió quedar eso. El árbitro no reflejó nada en el acta por lo que tampoco lo deja bien parado. Por cierto, el mismo que en Valencia también escatimó dos clamorosas penas máximas al Barcelona. Sus manifestaciones en el diario ABC (10-01-2012) no admiten dudas de su carácter: “Soy un árbitro con mucho rigor. El que la hace la paga. El que está enfrente de mí lo sabe”. Siempre quedará la duda de si expulsó al defensa barcelonista por haberle “tomado la matrícula” al protestar un penalti cometido sobre Keita, ahí queda eso.







