La Feria de Melilla se disfruta más cuando llega el Día de la Tapa. No es solo comer algo rápido. Es recorrer las casetas, mirar qué hay en cada una, probar sabores que ya conoces y otros que te sorprenden, y charlar con gente que está disfrutando lo mismo que tú. Por un euro, una bebida y una tapa te esperan, y eso hace que la feria se sienta más cercana, más de todos.
“Yo creo que es un incentivo, para ver si la gente se anima y sale un poquito más de casa. Y aquí en Melilla es lo que tenemos, estamos acostumbrados al 'tapeíto' así que se disfruta el doble”, decía uno de los asistentes mientras miraba cómo se preparaban las primeras raciones del día. Para él, la tapa que no puede faltar es el pescado frito. “Depende de los gustos de cada uno, pero en Melilla lo que yo recomiendo es el 'pescaíto'. Eso nunca defrauda”. Y no estaba solo. Muchos se acercan buscando ese sabor clásico que ya se ha convertido en una especie de símbolo de la feria.
Las casetas funcionan como pequeñas islas de conversación y olor a comida. Cada parada es un momento para decidir qué probar, para mirar cómo los camareros sirven las tapas y para comentar con quien tengas al lado qué tapa se va a pedir. “Este día es maravilloso, ¿a quién no le apetece ir a tomarse una tapilla?”, decía otra visitante, mientras elegía la tortilla de patata. Esa combinación sencilla de bebida y tapa es suficiente para engancharte y seguir recorriendo más casetas.
Hay quienes conocen la feria de memoria y la recorren cada año buscando sus rincones favoritos. “He estado en la Peña bética, he estado en la del PP, en la Casa de Ceuta que es verdad que ponen unas tapas muy apañadas y además el catering que tienen ahora también está muy bien”, explicaba una vecina mientras señalaba su recorrido. Para ella, con tres o cuatro cañas y tapas, el día ya está completo.
El Día de la Tapa no es solo tradición, también ayuda a que la feria sea más accesible. “Hombre, me parece muy bien y si lo ponen todas las casetas sería fenomenal porque no todo el mundo tiene una economía como para venir a la feria a comer. Los menús están caros no bajan ya de 28 euros por persona y si tienes una familia de 4 o 5 personas pues se le va un piquillo”, explicaba otra vecina mientras observaba cómo las familias pasaban de caseta en caseta.
Entre las tapas más pedidas están los callos, las patatas con alioli, el pescado frito y los perritos de lomo o magro.
Algunos lugares se destacan por algo más que la comida. El Soul Beach, la Peña Bética y el Club Scorpio se mencionan como favoritas porque tienen espacio para sentarse, buen servicio y un ambiente relajado. “De momento, mi preferida es la Casa de Ceuta. Tiene sitio para sentarte, te ponen tapas que están muy buenas, y las copas llenísimas por un euro”, explicaba una visitante.
El Día de la Tapa es un paseo, una experiencia de sonidos, aromas y sabores. La gente charla, ríe, prueba combinaciones nuevas y revive las que ya conocen. “Es un día genial para pasarlo con la familia o con las amigas. Cuantos más días así, mejor”, comentaba una joven mientras veía cómo las tapas se servían a los recién llegados.
Al final, recorrer la feria en este día es más que comer. Es vivir la ciudad a través de su gastronomía, compartir momentos con vecinos y turistas, y sentir que la tradición del tapeo sigue siendo un hilo que une a todos los que pisan la feria. Por un euro, con una tapa y una bebida, la Feria de Melilla se transforma en un lugar donde cada paso, cada bocado y cada conversación se convierten en parte de la experiencia de las Fiestas en honor a la Virgen de la Victoria.







