Más de un siglo después, las campañas militares de España en el norte de África siguen envueltas en un velo de silencio institucional y desconocimiento popular.
Guerras como la del 1909, el Desastre de Annual o el Desembarco de Alhucemas marcaron profundamente generaciones de españoles pero su memoria ha quedado relegada a un segundo plano, cuando no directamente borrada del discurso público. Frente a ese olvido persistente, Isabel Migallón ha dedicado más de veinte años de su vida a rescatar del anonimato los nombres y las historias de quienes lucharon - y murieron - en escenarios como Melilla, Igueriben o Monte Arruit. Con rigor académico y una profunda implicación personal, esta historiadora se ha convertido en una de las voces más comprometidas con la recuperación de la memoria militar de África, reivindicando no solo a los altos mandos, sino también a los reservistas sanitarios y civiles anónimos que pegaron el precio más alto. Su trabajo es, en esencia, un acto de justicia contra el olvido.
Una historia que se apaga en la memoria colectiva
Isabel Migallón, historiadora especializada en las campañas militares españolas en África, no oculta su decepción: "Me encantaría poder decir que la Campaña de 1909 permanece en la memoria colectiva, pero no es así". Con más de dos décadas de dedicación a este campo, lamenta el escaso interés público e institucional por unas guerras que costaron miles de vidas y marcaron a generaciones enteras. "Hay un pequeño sector de la población que se interesa por la historia, y uno aún más reducido por la historia militar", explica.
A pesar del paso del tiempo, Migallón sigue rescatando del olvido los nombres de quienes perecieron en territorios como Melilla, Annual o Alhucemas. "Cuanto más nos alejamos en el tiempo, mayor es el olvido. Y es profundamente injusto", sentencia.
Nombres para la historia: un trabajo de décadas
Fruto de esta vocación fue el libro 'Nombres para la historia militar de España', publicado con motivo del centenario de la Campaña de 1909. La idea nació del entonces comandante general de Melilla, César Muro Benayas, con el impuso del coronel Fernando Díaz de Otazo. Junto al investigador Eduardo Sar Quintas, Migallón dedicó años a recuperar los nombres de los caídos, buceando en registros civiles, cementerios y archivos locales.
"Fue un gran regalo, pero también una gran responsabilidad", recuerda. La obra no solo honra al estamento militar, sino también a sanitarios, voluntarios y melillenses que socorrieron a los heridos. "Mi abuela me contaba cómo mi bisabuela subía al Real a ayudar a los soldados cómo podía", narra con emoción.
La Semana Trágica y el papel del pueblo
En el relato de Isabel Migallón, el protagonismo no es exclusivo de los mandos militares. "En toda contienda, las clases populares son fundamentales, y en 1909 los reservistas jugaron un papel clave". La movilización forzosa de estos soldados desató una ola de protestas que culminaron en la Semana Trágica de Barcelona.
"¿Quién quería ir a una guerra en el norte de África?", plantea Migallón, estableciendo paralelismos con conflictos actuales. Su obra da espacio a todos los protagonistas, sin distinción de rango. "Todos dieron lo más valioso que tenían: su vida".
Annual, un centenario silenciado
En 2021 se cumplió un siglo del Desastre de Annual, una de las mayores derrotas del ejército español. La historiadora confiaba en el que aniversario recibiría mayor reconocimiento. Pero, una vez más, la decepción fue la norma. "A nivel estatal no se hizo nada", lamenta. solo la Comandancia General de Melilla y algunas entidades locales realizaron actos conmemorativos.
En el Parque Hernández se organizó una exposición, aunque, según Migallón, "se ensalzó más la figura del general Picasso que a los verdaderos protagonistas: los soldados caídos".
Aquella ausencia oficial la marcó profundamente. "Isabel, ya está bien de hablar de muertos", recuerda que le dijeron una vez. Pero ella insiste: "Mientras pueda, no dejaré de hacerlo".
Un mismo conflicto, múltiples capítulos
¿Son la Campaña de 1909, el Desastre de Annual y el Desembarco de Alhucemas episodios separados o parte de una misma historia? Para Isabel Migallón, forman parte de una misma narrativa de colonialismo, muerte y olvido. "En el fondo, todas respondieron al mismo afán de expansión territorial. No conseguimos lo que esperábamos, pero sí muchísimos muertos", afirma con crudeza.
Cita un refrán de la época que ilustra el sentir de la sociedad española: "Hijo quinto y sorteado, hijo muerto y no enterrado". Miles de familias quedaron rotas y, en muchos casos, sin siquiera una tumba donde llorar.
El primer desembarco aeronaval de la historia
En septiembre de 2025 se conmemorará otro hito: el centenario del Desembarco de Alhucemas, una operación hispano-francesa considerada el primer desembarco aeronaval de la historia militar, procedente de maniobras similares en la II Guerra Mundial. Sin embargo, la falta de interés persiste. "Según tengo entendido, el Gobierno Central ha pedido que no se realicen homenajes para evitar conflicto vecinales", revela.
En contraste, Melilla continúa rindiendo tributo cada 2 de noviembre a los caídos, en un acto sencillo pero emotivo. "Melilla no se olvida. Solo hay que ver los nombres de sus calles: "General Margallo, Capitán Arenas, Comandante Royo...".
La lección que no aprendimos
"Lo ocurrido se puede resumir en dos palabras: impotencia y desolación", señala uno de los textos compartidos por Migallón, que recuerda la pérdida de posiciones como Igueriben, Monte Arruit y Abarán. También recuerda la tragedia personal del teniente coronel Fernando Primo de Rivera, muerto tras intentar rescatar a sus hombres, y que falleció en los brazos de una mujer melillense tras una operación fallida.
Para la historiadora, el verdadero homenaje es la memoria. "No se trata de reabrir heridas ni de exaltar guerras, sino de rendir respeto y agradecimiento a quienes lo dieron todo", concluye.
Mientras tanto, seguirá alzando la voz. Porque, como ella misma repite, "en tanto que les recordemos, su sacrificio, no habrá sido en vano".









Con mi reconocimiento ante tan ardua labor, por mediación de estas líneas le envío mis más cordiales felicitaciones, por la constancia que demuestra, para dignificar a nuestros muertos por la Patria y en su lucha, por esa ciega ignorancia y olvido, que deja un gran vado, sin rellenar, en nuestra historia.