El 30 de junio se cumplen tres años del día en que Nacho Mateo Zaballos, un ciclista amateur de 49 años, fue atropellado mientras entrenaba para una carrera. Desde entonces, su vida ha sido una sucesión de operaciones, rehabilitación, dolor crónico y pérdidas. La sentencia judicial, sin embargo, aún no ha llegado. El juicio se celebra hoy, miércoles 25 en el Juzgado Penal nº2.
"Yo tuve un segundo de desgracia. A partir de ahí, solo he tenido suerte. Porque estuve muerto cuatro veces", dice Nacho, con voz entrecortada, en una entrevista concedida a El Faro.
Ese segundo de desgracia ocurrió en la carretera de la circunvalación. Vial limitado a 40 km/h. El conductor del coche que lo arrolló -a gran velocidad, según el atestado y grabaciones previas al impacto- invadió el arcén contrario tras perder el control en una curva. La investigación descarta una fuga: el coche quedó inutilizado tras salirse de la vía. Sin embargo, “a día de hoy el conductor sigue conduciendo, al no existir aún sentencia firme”, explica Mateo.
Una tragedia con secuelas permanentes
Nacho no recuerda nada del accidente. Ni del impacto, ni de las semanas posteriores. Lo que sabe se lo han contado: pasó 30 días en coma inducido, 50 en la UCI, y vivió cuatro paros cardíacos. Sufrió fracturas múltiples: cráneo, costillas, vértebras, pelvis, pie, cadera, muñeca... Tiene el nervio ciático roto, el pulmón izquierdo inservible y placas de titanio en la mandíbula. Su movilidad está gravemente limitada, ha perdido su trabajo y su casa, y depende en parte de su pareja para las tareas básicas del día a día.
"Yo me siento afortunado. Dentro de la desgracia, sí, pero afortunado. Porque estoy vivo."
Pero Nacho no habla solo desde el dolor físico. Habla también desde una indignación racional: "No fue un accidente. Fue una negligencia. Un coche a más de 100 en una carretera de 40 no es un accidente, es un misil." Su abogado pedirá la pena máxima en el juicio, aunque él mismo reconoce que "la ley en España es muy benévola con estas cosas. No está adaptada a los tiempos ni a la gravedad de estos delitos".
Según datos de la DGT, en 2023 murieron 52 ciclistas en las carreteras españolas y más de 2.400 resultaron heridos. La mayoría de las veces, los responsables siguen conduciendo hasta que se dicta sentencia.
Apoyo social, pero silencio institucional
Durante su recuperación, Nacho ha recibido el apoyo del club ciclista, de la Guardia Civil y del personal médico en Melilla y Almería, a quienes agradece su humanidad y profesionalidad. "Me salvaron la vida", repite. Pero no ha recibido ningún contacto ni disculpa del conductor ni de su entorno. Ni siquiera una señal de arrepentimiento.
"Yo no quiero venganza. Pero quiero justicia. Porque mi vida ya no me la devuelve nadie. Pero si la ley no cambia, esto seguirá pasando."
Mañana miércoles, Nacho volverá a una sala donde espera encontrar algo de reparación, aunque sabe que ninguna sentencia le devolverá su cuerpo, su trabajo ni sus recuerdos. Tampoco podrá recuperar su independencia. Pero sí espera que su caso sirva para algo más grande: "Que la gente se dé cuenta de que un coche no es un juguete. Que la ley se endurezca. Porque esto no fue un accidente. Fue una irresponsabilidad que me condenó de por vida."









Lo que me llama la atención es el abandono del Cuerpo a un funcionario brillante.
Pierde trabajo y casa.
¿Así trata la Guardia Civil a sus miembros?
¿Acaso no es útil para ejercer servicios administrativos?
Lo echan del Cuerpo y de la casa que ocupaba...
Sinceramente, ustedes no valen ni un duro.
Ánimo señor Mateo y que siga mejorando día a día. Que el Señor lo proteja.
Por pura fortuna Nacho ha podido contarlo pero es un drama tener que vivir el resto de sus días con graves secuelas, incapacitado para trabajar y en consecuencia perdiendo ingresos y viendo comprometido el bienestar material presente y futuro propio y de su familia. La administración ni jueces reparan en la situación familiar en la que quedan familiares directos y descendientes de personas que sufren estos gravisimos accidentes sin comerlo y sin beberlo...y me refiero a costear estudios y todo lo demás. Ya se acumulan casos como este en la ciudad y nadie aprende. No es de recibo que cruzar un paso de peatones suponga jugarse la vida o que practicar deporte te conduzca al cementerio por gentuza descerebrada y subhumana que debido a sus complejos se tenga que hacer notar con una máquina de matar entre sus manos.
No hay derecho.
Mucho ánimo para Nacho y mano dura con los descerebrados parásitos.
En Melilla la seguridad vial brilla por su ausencia y todos lo sabemos pero poco se hace salvo poner avisadores luminosos de rebasar la velocidad permitida y eso poco hace. Hay auténticos conductores kamikazes en Melilla que no respeta ninguna señal de tráfico. Nacho, no te conozco pero te deseo lo mejor