Verónica García Canela, autora de la novela Adalet.
La literatura, para Verónica García Canela, es un espacio donde el dolor se transforma en algo narrable, donde lo vivido se vuelve relato, y donde las heridas encuentran, si no un alivio, al menos una forma. Es su modo de comprender el mundo, de sostenerse cuando la vida se desordena y de dar forma a lo que no encuentra espacio en otro lugar. Adalet, su segunda novela, surgió así, empujada por una suma de desencuentros. “Llámale en un momento laboral, familiar… siempre la conjunción de desencuentros me lleva a escribir”, explica la autora.
Adalet se presentará este sábado 31 de enero, a las 20:00 h, en el Salón Torcal del Hotel Melilla Puerto. No será una presentación convencional, sino un espectáculo que fusionará música, danza y teatro para acercar al público una historia que, en palabras de su autora, ha sido construida “rascando pequeños ratos”, entre su trabajo como maestra, su vida familiar y su compromiso con causas sociales.
Adalet, publicada por Geep Ediciones y bajo el diseño editorial de Moonchiri Design, ha tardado cuatro años en ver la luz. “Ha sido una lucha constante por encontrar la tranquilidad para sentarme delante de mi ordenador en medio del caos diario”, reconoce García. La escritura está entrelazada con su vida diaria. “Yo siempre llevo libretas en el bolso y voy tomando nota de cosas. Estás conectada todo el día a la historia”, explica. Así, entre libretas y notas tomadas al vuelo inspiradas en lo cotidiano, la historia fue cobrando cuerpo. Verónica ha aprendido a identificar esos instantes donde la ficción la llama, incluso en medio de una fiesta o una conversación. Es entonces cuando aparece la necesidad de escribir, de registrar una frase, un gesto, una escena, y darle sitio en la historia que crece y se entrelaza con su vida.
Adalet, publicada por Geep Ediciones, tiene más de 600 páginas. Pero su verdadero peso no está en la extensión, sino en la ambición reflexiva y narrativa. Todo comienza en el Teatro Bolshói, en Moscú. Judith, una exagente del MI6, se encuentra en medio de una función cuando un apagón lo altera todo. Aparece en un centro de desintoxicación ruso, donde conoce a Asunción, una mujer de casi ochenta años. Dos vidas radicalmente distintas que, sin embargo, están atravesadas por un vínculo invisible. A partir de ahí, la novela recorre un trayecto que abarca desde la Rusia de los zares hasta un futuro incierto.
La trama se despliega entre épocas, enlazando escenarios históricos, elementos documentados y momentos vividos trasladados a la ficción. García ha hecho un trabajo de investigación exhaustivo, porque, además de lo narrativo, la autora desvela que quería incluir información y curiosidades que sorprendieran al lector.
No es solo una historia de aventuras. Hay capas emocionales, simbólicas y psicológicas. La autora reconoce que en su forma de escribir hay mucho de su trabajo como maestra de pedagogía terapéutica. El feedback aparece como una herramienta literaria: lo que ocurre en un momento de la historia conecta con ecos del pasado, con decisiones no tomadas, con recuerdos que moldean el presente. A lo largo del libro, la justicia —la palabra adalet en turco— se convierte en el eje temático, también como aquella que no juzga, que comprende los caminos de cada personaje ante la adversidad.
Judith y Asunción no son inventos de ficción: existen. Una es su hija de 14 años, la otra, una amiga cercana de casi 80. Ambas se llaman así en la novela y en la vida real. “Tienen dos personalidades increíbles, que han hecho que yo fabrique unos personajes maravillosos”, explica. También hay personajes inspirados en relatos como el de Verónica Font, cuya historia en un centro de menores sirvió como base para una trama secundaria. Las niñas delitas, otro de los elementos del libro, nacen del testimonio y la observación cercana. El vínculo entre lo vivido y lo narrado no se disfraza: es parte de la propuesta.
Esa conexión permanente y arraigada a su cotidianeidad permite que lo narra en sus libros nunca se desprenda. Su literatura está impregnada de vida, de su vida, de su entorno, y sus libros no se apagan cuando se cierra la última página. “Va conmigo la historia. Los personajes… siguen vivos”.
Adalet está pensada para ser leída, para reflexionar, pero también cuida la estética visual y la potencialidad de la imagen como recurso narrativo. La obra incorpora una cuidada selección de 30 fotografías artísticas realizadas por Tomé Formiellés, tomadas en lugares emblemáticos de Melilla como el Real Club Marítimo, Guelaya–Ecologistas en Acción y espacios gestionados por la Fundación Melilla Ciudad Monumental. Las imágenes ilustran el texto, lo expanden, apoyan la narración y el sentido de los capítulos. En ellas, personajes caracterizados —interpretados por amigos y personas del entorno de la autora— recrean escenas de la novela, ofreciendo al lector una experiencia estética y sensorial única. “A mí me encanta cuando leo un libro y encuentro imágenes. Me parece un regalo”, afirma.
Aunque no revela en qué consisten, Verónica reconoce que en el libro se abordan temas sensibles. “Son temas peliagudos que no quiero desvelar para el lector”, explica. “Pero hay que estar preparado, porque hay capítulos donde se puede tocar la sensibilidad”. Frente a eso, la novela ofrece una narrativa que, según sus palabras, tiene un estilo poético, no por el formato, sino por el tratamiento. “El libro es poético porque es bello. Dentro de la barbarie que puede encontrarse en algunos capítulos, hay mucha belleza”.
La novela no encaja fácilmente en una sola estantería. Hay historia, pero también introspección. Hay aventura, pero también reflexión ética. Y en todo ello, la justicia da título y sentido a toda la obra. Para Verónica, hacer justicia es recordar a quienes ya no están, a quienes hicieron algo importante o doloroso, pero también comprender las decisiones que toma cada persona cuando la vida se complica. Por eso pide al lector que no se precipite al juzgar a sus personajes. En ese escenario de empatía, Verónica no escribe para sentenciar, sino para preguntar.
En su forma de escribir hay una apuesta por lo esencial. Le interesan los temas universales: la amistad, la lealtad, el amor, el dolor. Y le emociona provocar en quien lee un momento de introspección: “Me encanta que el lector se pregunte: ‘¿Qué haría yo?’”. Entre sus influencias literarias cita a Edgar Allan Poe, Federico García Lorca, Carlos Ruiz Zafón y Torcuato Luca de Tena.
El proyecto tiene además una dimensión solidaria. El 25% de los beneficios obtenidos por la venta del libro se donarán a la Fundación El Sueño de Vicky, que promueve la investigación del cáncer infantil. Verónica conoció esta iniciativa al preparar un cumpleaños solidario y desde entonces mantiene su compromiso con la causa.
Adalet es el resultado de años de trabajo, de entrega y de observación. Una novela escrita desde el desencuentro, que transforma lo cotidiano en relato. Una obra que transita la dureza, desde un lenguaje poético, pero también desde la capacidad de entregar al lector la condición de la introspección.
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