Unai Sordo, secretario general de CCOO. Fotografía: Julián Rebollo/CCOO
El secretario general de CCOO, Unai Sordo, visitará Melilla el próximo 24 de marzo dentro de la ronda de asambleas que el sindicato está desplegando por todas las comunidades autónomas y las dos ciudades autónomas, con el objetivo de reunirse con los delegados y delegadas del territorio, compartir la reflexión de la organización y reforzar su papel en el marco de la negociación colectiva.
Bajo el lema “Salario, techo, tiempo”, estos encuentros pondrán el foco en los principales problemas de la clase trabajadora: la mejora de los salarios, la necesidad de disponer de más control sobre el tiempo de vida y de trabajo, y el acceso a una vivienda digna, una cuestión especialmente preocupante en Melilla, donde los precios del alquiler y de la compraventa resultan muy elevados en relación con el nivel salarial, hasta el punto de convertirse en prohibitivos para muchas familias, lo que, a juicio del sindicato, exige medidas "drásticas".
-¿Cómo afronta su tercer y último mandato al frente de CCOO?
-Con la conciencia de que vivimos seguramente uno de los momentos más complicados que hemos vivido en los últimos años, pero la verdad es que en los dos anteriores tampoco nos podemos quejar, porque hemos vivido una pandemia, hemos vivido un periodo de confinamiento, una guerra en Europa, es decir, de alguna manera han sido tres mandatos muy intensos y este último no lo va a ser menos, por cómo vemos la situación.
En todo caso, lo afronto con ganas, con ilusión, con la intención de que el sindicato se siga reforzando y hacer frente a las dificultades, que son bastantes por el contexto económico global, que es delicado.
- Respecto a esto, ¿qué valoración hace de estos años al frente y cuáles han sido los mayores retos que ha tenido que afrontar dentro de la Organización de Comisiones Obreras?
-Yo creo que los retos y los desafíos más grandes vinieron después de la pandemia; enfrentarnos a una parálisis de la actividad económica y de la movilidad, el riesgo de que hubieran desaparecido millones de puestos de trabajo y tener que hacer frente a esa situación, que era inédita, que nunca la habíamos vivido, pues yo creo que ha sido el reto más grande. En este sentido, pudimos salir de la dificultad con bastante acierto a través de los acuerdos en los ERTE y la recuperación luego paulatina del empleo. Sin duda, a nivel sindical, y debería decir que incluso a nivel humano, aquellos meses fueron los más complicados que hemos vivido, creo que en muchísimo tiempo.
-Actualmente tenemos una coyuntura internacional compleja. ¿Cómo cree que afectará a los trabajadores y trabajadoras y qué medidas cree que tiene que aprobar el Gobierno en relación al impacto en el tejido productivo y el empleo?
-La afectación de la guerra que ha impulsado Trump en Oriente Medio va a afectar a los trabajadores, también la medida en que esto se alargue. En un primer momento ya está afectando por un incremento de los precios de los combustibles y los carburantes. Si esto se demora más tiempo, acabará afectando al conjunto de los precios. Yo creo que es probable que en marzo la inflación salte ya nítidamente por encima del 3% y se aproxime al 4%. Esos picos de inflación lo que hacen es disminuir la capacidad de compra de la clase trabajadora y, evidentemente, si la cosa todavía continuara más tiempo o escalara a un conflicto global en Oriente Medio, pues podría haber incluso cortes en la cadena de suministro que nos llevasen a problemas serios, no solo en España, sino también en otros países de Europa y de Asia.
Lo que le pedimos al Gobierno en primera instancia es que tome medidas de protección de las rentas de los más vulnerables. Le hemos trasladado la necesidad, como se han encarecido los combustibles, de facilitar el acceso al transporte público de forma gratuita. Si esto continúa, le vamos a pedir que facilite rentas a las familias más vulnerables y, de alguna manera, pues que tome cartas en el asunto. Lo que pasa es que las medidas van a ser paulatinas en función de cómo evolucionen los acontecimientos. Pero yo creo que es el momento ya de mover ficha y Comisiones Obreras va a pedir una dimensión social al paquete que ponga encima de la mesa el Gobierno. No solo ayuda a los sectores más afectados, como puede ser el transporte por carretera y de mercancías o el sector agrario, que evidentemente también, sino a las familias y a la clase trabajadora del país, sobre todo, como digo, la gente que tiene rentas más modestas.
-Los datos macroeconómicos hasta el momento iban bien, sin embargo, ¿estaban teniendo una repercusión en la mejora de las condiciones de la vida de los trabajadores y las trabajadoras?
-Bueno, el país crece, el empleo crece, los salarios crecen, pero lo hace de forma desigual. Y hay partes de la población, partes de la clase trabajadora cuyos sueldos llevan estancados un montón de años, incluso con estas mejoras salariales. Nosotros estamos pidiendo una subida de salarios de hasta el 7% en los sectores que están por debajo de la media salarial de nuestro país, porque, en efecto, el crecimiento está teniendo una distribución desigual.
-La vida de las familias trabajadoras está marcada por grandes gastos, como vivienda y alimentación, generándose una figura de ‘trabajador pobre’. Desde CCOO, ¿qué mejoras proponen que impacten en la vida real de las familias?
-En primer lugar, subiendo los salarios. Yo creo que es importante la subida del 66% del salario mínimo interprofesional, a lo que ahora habría que añadir una subida generalizada en los salarios en los convenios colectivos. Esta es nuestra propuesta, por un lado.
Y, por otro lado, políticas para reducir esos precios que están lastrando la economía de muchísimas familias y, singularmente, el precio de la vivienda. Los precios de la vivienda están disparatados en buena parte de nuestro país, tanto la vivienda en propiedad como la vivienda de alquiler. Por tanto, hace falta una política mucho más coordinada entre las distintas Administraciones y mucho más valiente para permitir que toda la población española pueda acceder a precios asequibles a una vivienda, sea en propiedad o sea en alquiler. Esas son las dos grandes palancas. Por un lado, los salarios y, por otro lado, la reducción del coste de la cesta de la compra, particularmente en la vivienda y en otros consumos básicos.
-Otro de los grandes problemas que afecta directamente a las familias es la conciliación familiar. Desde Comisiones Obreras, ¿cuáles son las propuestas para mejorarla?
-Nosotros creemos que hay que desplegar una gran estrategia de cuidados que dependan del sector público. Tenemos una población crecientemente envejecida. Tenemos una población con una tasa de natalidad bajísima, que tiene mucho que ver con la dificultad que tienen las familias y, sobre todo, las mujeres para que el hecho de tener hijos no les suponga un lastre irremediable en sus carreras profesionales. Y esto, en nuestra opinión, solo se puede resolver mediante un fuerte impulso a la inversión pública para desplegar un sistema de cuidados de todas las situaciones de dependencia que tenemos en una sociedad moderna, tanto las que tienen que ver con la vejez como con la infancia, como con situaciones sobrevenidas de dependencia que puedan venir producto de una enfermedad o lo que sea.
Aquí también hace falta un gran acuerdo interinstitucional, porque son competencias que muchas veces dependen de los ámbitos autonómicos, incluso locales, y hay que garantizar una financiación permanente, un despliegue de servicios públicos. Muchas veces se hace a través de privatizaciones con empresas privadas, con condiciones laborales bajísimas y, a veces, con condiciones de servicio también muy mejorables. En ese sentido, el sindicato viene haciendo esta reivindicación desde hace unos cuantos años, la necesidad de un gran plan de políticas de cuidados, que creo que es el gran pilar del estado de bienestar que nos falta.
No es casualidad que haya habido un deterioro paulatino de muchos servicios públicos y se esté impulsando la privatización concertada de buena parte de los servicios, por ejemplo: en materia educativa, en materia de formación, en materia sanitaria. Yo creo que es todo un modelo de sociedad y, frente a eso, hay que recomponer un gran contrato social, donde los cuidados tienen que jugar un papel muy protagonista junto con la educación y la sanidad.
-¿Cómo impacta la transformación tecnológica en el empleo y qué podemos esperar del despliegue de la IA? ¿Cómo modificará las fuerzas productivas?
-Creo que, en primer lugar, la digitalización y la aplicación de la inteligencia artificial hay que tener en cuenta que destruye empleos, que crea empleos y que, sobre todo, transforma casi todos los empleos de forma paulatina. Por tanto, lo que hay que garantizar son transiciones justas que permitan a los trabajadores poder adaptar sus niveles de conocimiento y de competencia a los nuevos requerimientos de estas herramientas digitales.
Y, por otro lado, la inteligencia artificial tiene una enorme capacidad en todo lo que tiene que ver con la organización del trabajo. Cada vez hay más empresas que, mediante la utilización de los datos y la utilización de algoritmos, acaban marcando condiciones de trabajo, ritmos de trabajo que no pueden estar al margen de la ley, de la norma y de los convenios. Por tanto, es muy importante la intervención sobre cómo se aplica esa inteligencia artificial y su nueva realidad, digamos algorítmica, en la organización del trabajo para que no supongan una merma de los derechos y de las garantías de los trabajadores. Es un reto de época, laboral y no solo laboral, porque toda esta nueva digitalización afecta a todos los órdenes de la vida y de la sociedad. Es uno de los grandes retos sindicales de este siglo XXI, sin duda.
-En este sentido, ¿qué prioridades se ha marcado el sindicato para hacer frente a la coyuntura española y a todos estos desafíos que aparecen y que afectan al tejido productivo específico de España, también determinado por la pequeña y la mediana empresa?
-En primer lugar, creo que tenemos que extender todavía más el sindicato en los centros de trabajo. Al final, el sindicato es útil si es capaz de tener un vínculo directo con los trabajadores y las trabajadoras. Tenemos un millón de personas afiliadas, 116.000 delegados y delegadas, pero tenemos que expandir más el sindicato, porque hay centros de trabajo donde no estamos y hay sectores que la realidad sindical prácticamente ni la conocen.
Por otro lado, hay que tener en cuenta que España debe alcanzar el pleno empleo en los próximos años y tiene que ver con la transformación de ese modelo económico que muchas veces ha estado dominado por pequeñas y medianas empresas en sectores de bajo valor añadido y que se rentabilizaban en base a bajos salarios. Esta es la historia de España de las últimas décadas. En este momento, ese modelo está cambiando parcialmente y de lo que se trata es que, a través de la transición energética y el hecho de que podamos producir energía renovable barata, España pueda dar un salto en la reindustrialización del país y esta reindustrialización conlleve la generación de más y mejores empleos. Además, en un contexto donde va a haber jubilaciones masivas de las generaciones del baby boom. Estamos convencidos de que va a haber una mejora de los salarios reales en nuestro país en los próximos años, si se alcanza ese pleno empleo.
Y luego tenemos que afrontar las grandes transiciones que tenemos por delante. Ya hemos mencionado dos, la energética, la digital y luego falta la demográfica. En una población envejecida, en una población con tasas de natalidad bajísimas, hay que ser conscientes de que los flujos migratorios son necesarios para nuestro país y, por tanto, hay que gobernar convenientemente esos flujos migratorios para que las personas que vengan, lo hagan con todas las garantías, con todos los derechos y con todas las obligaciones; y no sean explotados por empresarios sin escrúpulos y no sean utilizados para reducir las condiciones laborales de los que ya estamos aquí.
Son políticas estratégicas que son muy relevantes y Comisiones Obreras tiene posición en todo esto, pero la tiene a través de la negociación colectiva y el diálogo social y, sobre todo, a través del impulso organizativo en los centros de trabajo, como decía, mejorando nuestra representación, nuestra utilidad y nuestra presencia.
-En este sentido, y en el ambiente preelectoral existente, ¿cómo se encuentra el diálogo entre patronal, gobierno y sindicatos?
-Tengo que decir sinceramente que en este momento no gozan de muy buena salud, porque yo creo que hay una posición muy obstruccionista por parte de COE desde que esta legislatura cambió la correlación de fuerzas políticas. Creo que en la pasada legislatura hubo grandes acuerdos en materia de diálogo social, me he referido antes a los ERTE, pero me puedo referir a la reforma laboral, que se ha demostrado que fue un acierto, o incluso a las reformas de pensiones, que algunas de ellas fueron pactadas de forma tripartita.
Desde el momento en que la composición del Parlamento cambió y el papel decisivo de Junts hace que, en términos socioeconómicos, la mayoría sea de centro-derecha o de extrema-derecha en el Parlamento español, pues ha hecho que COE haya reducido su corresponsabilidad en las negociaciones y en muchas de ellas realmente tiene una actitud poco constructiva, lo que está impidiendo acuerdos tripartitos.
Esto es lo que nos está llevando a tener acuerdos entre los sindicatos y el Gobierno en algunas materias, pero lo que son los grandes acuerdos tripartitos es evidente que en los últimos años no ha sido posible alcanzarlos, como sería deseable. En todo caso, ojalá se puedan llegar a acuerdos con la patronal, pero lo que no se le puede conceder tampoco es derecho a veto. Y si está, bien; y si no está, pues tenemos que tratar de avanzar.
-Yolanda Díaz ha anunciado que no será candidata a las próximas elecciones. ¿Cómo valora el trabajo realizado dentro del Ministerio durante estos años?
-Ha sido un trabajo muy relevante, porque el Ministerio de Trabajo en estos años ha tenido una posición muy autónoma respecto a lo que eran históricamente los ministerios de trabajo que, en general, eran bastante subalternos a las necesidades de política económica y cada vez que había una crisis, en general se hacían políticas de devaluación salarial.
En estos últimos siete años las cosas han sido un poco distintas y el Ministerio de Trabajo, por un lado, ha tenido una autonomía relevante, por otro lado, ha tomado medidas, muchas de ellas pactadas con los sindicatos y algunas con las patronales, más en la línea de lo que veníamos reclamando las organizaciones sindicales. Estoy pensando otra vez en los ERTE, en la subida del SMI o en la reforma laboral. Y el tiempo ha dado la razón, en el sentido de que tenemos el récord histórico de personalidades autónomas trabajando en España, por primera vez está habiendo un incremento del empleo a la vez de los salarios y a la vez de la productividad. Esto es un buen síntoma de muchas de las políticas laborales que se han hecho, y estas políticas evidentemente no se han hecho solo gracias a Yolanda Díaz, pero en buena parte se han hecho también por el empeño en sacarlas adelante por parte de Yolanda. Esto tiene que ver también, por un lado, con convicciones; por otro lado, con necesidad de marcar un perfil político propio.
Me parece a mí muy relevante que muchas de estas medidas se hayan construido desde esos acuerdos tripartitos, que ahora se echan en falta. Por tanto, yo creo que es un buen bagaje como ministra, no me cabe duda, pero no porque lo diga yo, sino porque ahí están los datos de empleo del país.
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