Dice el refrán que no hay mal que por bien no venga. Y es que los disturbios en la Cañada, aún desbarrando inicialmente hacia enfrentamientos violentos nada admisibles, han logrado por un lado que nuestras dos primeras autoridades se sienten y dialoguen, lo que siempre es positivo para el conjunto de la ciudad.
También han conseguido que se visibilice una realidad asociada con un marginación y unos graves problemas de paro y disgregación social, que exigen de actuaciones mucho más intensas sobre los llamados barrios periféricos.
Ayer, en su reunión, el presidente de la Ciudad y el delegado del Gobierno insistieron en sus particulares enfoques de los problemas de la Cañada, y cada uno puso el acento en aquello que consideraba más crucial para atender las reivindicaciones de sus vecinos. No obstante, mantuvieron un encuentro franco, en palabras de Imbroda, positivo, cordial y provechoso, en palabras de Escobar, y se barajaron ideas encaminadas a aproximar las políticas que se siguen desde la Administración central, por un lado, y la local y autonómica, por otro. Es sólo un principio que ha de conllevar medidas y resultados concretos para ser efectivo. Confiemos en que ambas partes lo hagan posible.
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