Una herencia puede sacar lo mejor de una familia. O todo lo contrario. En ‘La Cantera’, el reparto de una propiedad de gran valor económico se convierte en el detonante de una guerra entre hermanos. Los reproches acumulados, las envidias y las viejas heridas salen a la superficie en una comedia dramática que encuentra en los conflictos familiares su principal materia prima.
El Teatro Kursaal-Fernando Arrabal de Melilla acogerá este viernes 2 y sábado 3 de octubre, a las 20:45 horas, el estreno nacional de esta obra de DMLP Producciones. Escrita por Ángel Caballero y Jaime Palacios, y codirigida por ambos, la propuesta combina humor y drama para abordar las relaciones familiares y una forma de acoso que, según su autor, apenas tiene espacio en la conversación pública: el que se produce dentro del propio hogar.
"El tema central es el bullying intrafamiliar", explica Caballero. El dramaturgo quería explorar las agresiones que pueden darse entre personas unidas por vínculos familiares. “El lugar que debería ser un lugar seguro y donde estar protegido, de repente te encuentras que te atacan”.
De esa idea nació una comedia. Porque, aunque el punto de partida sea incómodo, Caballero no renuncia a la risa. La historia gira en torno a una herencia cuyo bien más codiciado es una cantera de piedra. Quien consiga hacerse con ella tendrá, aparentemente, la vida resuelta. Pero antes habrá que decidir a quién le corresponde.
Y ahí empiezan los problemas. La disputa económica deja al descubierto algo más profundo. Años de silencios, comparaciones y agravios que encuentran en la herencia la ocasión perfecta para estallar.
La intención de ‘La Cantera’ va más allá de retratar una disputa por dinero. Caballero busca que el público reconozca en escena situaciones y comportamientos que ha vivido de cerca. Quizá incluso a alguien de su propia familia.
"La obra lo que plantea es poner un espejo delante del espectador", señala. La identificación puede llegar a través de un comentario, una discusión o una forma de actuar demasiado familiar. "Estar viéndola y decir: 'Mira, esa es mi prima o esa es mi cuñada'", explica.
La comedia funciona así como una vía para acercarse a situaciones que, fuera del teatro, pueden resultar difíciles de gestionar. Reírse de ellas no significa restarles importancia. Al contrario, el autor defiende que el humor también permite tomar distancia y mirar de otra manera las experiencias más complicadas.
"Yo creo que la vida es estar riendo y de repente ocurre algo que hace que todo cambie y estás llorando. El teatro para mí es una representación de la vida y creo que tiene que ser así. Hay que poder reírse de lo malo también y sacar algo constructivo de esa experiencia", sostiene. Su propósito es que el público disfrute durante la representación y que, al salir, tenga algo sobre lo que conversar. Una función que no termine cuando se apagan las luces.
La obra es fruto de un proceso de escritura que se prolongó durante aproximadamente dos años. Caballero comenzó a trabajar en el texto en solitario, hasta que se lo entregó a Jaime Palacios para que lo leyera. Lo que iba a ser una primera valoración terminó convirtiéndose en una colaboración.
"Cuando nos dimos cuenta estábamos trabajando juntos", recuerda. Palacios fue incorporando ideas y propuestas, mientras ambos alternaban el trabajo sobre el texto. El resultado es una dramaturgia compartida que también ha encontrado continuidad en la dirección.
El montaje cuenta con Sandra Marchena, Tusti de las Heras, Nacho Olaizola y el propio Caballero. Los tres primeros interpretan a los hermanos enfrentados por la herencia, mientras que el dramaturgo se mete en la piel del abogado encargado de conducir el proceso y tratar de poner orden en una familia cada vez más enfrentada.
La preparación del espectáculo ha requerido varios meses de trabajo, con alrededor de cuatro a seis semanas de ensayos.
La escenografía, diseñada por Begoña Esquilas y Juan Pablo Rueda, sitúa la acción en el despacho de una gran casa que lleva tiempo sin recibir visitas. Un espacio que sirve de escenario para el enfrentamiento familiar y para la aparición de todo aquello que sus protagonistas preferían mantener oculto.
Para DMLP Producciones, compañía impulsada por Caballero y Palacios, Melilla es una ciudad ligada a su trayectoria. Es la cuarta ocasión en la que Caballero presenta un espectáculo en el Kursaal, después de pasar por el teatro con ‘Donde mueren las palabras’, ‘Chelsea Hotel’ y ‘El último baile de Miss U.’.
La buena respuesta del público en anteriores visitas pesó en la decisión de estrenar aquí la nueva propuesta. "Hay ciudades que te quedan en el corazón. Melilla es una de esas", afirma. El director destaca, además, la diversidad cultural de la ciudad y el interés que tiene para una compañía que llega desde fuera.
Y ahí está una de las grandes particularidades de ‘La Cantera’. El público de Melilla será el primero en verla cobrar vida sobre un escenario. “Poder asistir al estreno de algo es una cosa que pasa muy pocas veces en la vida, porque tiene que coincidir que toque en tu ciudad y luego la función cambiará, irá tomando forma según vaya pasando el tiempo. Pero esos pequeños aciertos y errores que están en las primeras funciones eso no se vuelve a repetir. Tener la oportunidad de ver cómo se levanta un texto, cómo se pone en pie la primera vez que esos actores se enfrentan al público me parece una cosa única”, sostiene Caballero.
El viernes, las luces se encenderán por primera vez. Y la historia empezará aquí.
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