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Una fiesta difícil de celebrar

Ocurrirá hoy con el Aid El Kebir y sucederá lo mismo con cualquier otra festividad de la comunidad cristiana, hebrea, hindú... o cualquier otro colectivo religioso que conviva en nuestra ciudad. En todos influye la crisis económica hasta el punto de que en las familias más desfavorecidas en los días de fiesta, con independencia de sus creencias, no hay mucho que celebrar. O mejor dicho, no hay mucho con qué celebrar. Las apreturas aún son muchas en demasiados hogares de nuestra ciudad. Prueba de ello son las dificultades que tienen que solventar a diario organizaciones como las que mantienen en funcionamiento las hermanas de María Inmaculada para atender a un número cada vez mayor de personas. Falta de todo y no sobra nada, cualquier donativo tiene un destinatario mucho antes de entrar en el almacén, explica hoy en El Faro la directora de ese centro, Mercedes Moraleda.
La situación es similar en la totalidad de las ONGs que se dedican a socorrer a los más necesitados en nuestra ciudad. El trabajo cada vez mayor al que tienen que hacer frente les ha impedido este año ayudar a las familias musulmanas para celebrar la fiesta del Sacrificio con alguna aportación especial en forma de alimentos. En esta ocasión, la urgencia de atender la compra de material escolar les ha dejado sin recursos económicos y sin tiempo para iniciar una nueva campaña de recolección.
El Aid El Kebir será esta vez menos ostentoso en muchos hogares melillenses, como es posible que ocurra también con las navidades u otras fiestas familiares de las distintas religiones.
La solidaridad que permite a los más necesitados ir solventando el temporal a lo largo del año, ahora, en estos días de celebración, es más fácilmente estimulable. Los melillenses podemos dar rienda suelta a este sentimiento mañana, cuando a las siete de la tarde se abra el campo de fútbol de La Espiguera. Todos tenemos ocasión de acudir al partido que disputarán los jugadores de la UD Melilla con los del CETI CF. La entrada es gratuita. Para acceder al campo cada espectador sólo tiene que realizar una aportación en forma de alimentos para las familias más desfavorecidas. Nadie hará ningún reproche por la cantidad o calidad del donativo que haga cada uno, salvo su propia conciencia. Todos los productos recogidos se entregarán luego a las religiosas de María Inmaculada.
No es la primera vez que ocurre. Mañana será otro día en el que volverán a coincidir en un campo de fútbol la afición por el deporte y el espíritu solidario. Como es lógico, los goles no serán lo más importante, al menos, no lo serán los que se marquen en el terreno de juego.

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