Migrantes, sobre todo sudaneses, se están concentrando en los últimos días en las inmediaciones del monte Gurugú, en ciudades como Berkane y Oujda, con la intención de saltar al valla de Melilla.
Las noticias que llegan desde Marruecos cifran en cerca de 5.000 las personas que se estarían desplazando hacia las inmediaciones de nuestra ciudad para intentar entrar en Europa por puntos no autorizados .
Casualmente, esta noticia empieza a moverse cuando sabemos que solo quedan 40 personas alojadas en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes de Melilla. Estos números, como es lógico, hacen peligrar los empleos en el CETI porque al tener una capacidad para un millar de migrantes y estar en estos momentos bajo mínimos, estamos pagando con dinero público unas comidas diarias que no se están repartiendo y que podríamos repartir entre las personas más vulnerables de la ciudad que a veces no tienen un plato de comida que llevarse a la boca.
En Melilla estamos acostumbrados a que siempre que baja la ocupación del CETI, hay un salto a la valla. No sabemos si es un decisión política o si hay algún acuerdo entre España y Marruecos para descongestionar las bolsas de inmigrantes irregulares que van a más en el país vecino.
Los lobbys pro marroquíes, que haberlos haylos en Melilla, se esfuerzan en explicar que Rabat puede parar la inmigración, pero hay momentos en los que necesita quitarle presión a la olla y deja entrar grupos numerosos en España que, todo hay que decirlo, representan cifras manejables para el Gobierno español.
Digamos que ese es el modus operandi, pero no tiene por qué ser así. De hecho, deberíamos tomarnos como una agresión que en este momento, en el que las relaciones hispano-marroquíes atraviesan una situación delicada, Rabat optara por quitarle presión a la zona de Nador permitiendo la entrada de un millar de migrantes a Melilla.
No nos pueden llamar presidio ocupado y pretender que les saquemos las castañas del fuego pese a que reciben dinero europeo para controlar las fronteras.
Melilla debe estar, por tanto, en alerta ante la posibilidad de que se produzca un salto a la valla de un momento a otro. Nuestras fuerzas de seguridad deben ser conscientes de que tienen los ojos del mundo encima. Si las cifras son manejables, la mejor opción puede ser practicar las devoluciones, con identificación en comisaría y viaje de vuelta en 72 horas, sin recurrir al rechazo en frontera que Marruecos con toda seguridad aprovechará para dejar testimonio gráfico de las prácticas a pie de valla.
La Ley no contempla cómo debe actuarse cuando las decisiones hay que tomarlas en cuestiones de minutos y ante ataques violentos.
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