Categorías: Editorial

Un respiro para Melilla, pero a qué precio

En un contexto de desesperación, el anuncio del restablecimiento de las relaciones entre España y Marruecos ha caído como agua de mayo en Melilla.

La Confederación de Empresarios de Melilla (CEME) ha advertido este viernes de que si el Gobierno no ayuda a las empresas dedicadas a los sectores de transporte y logística, peligran los suministros de alimentos en la ciudad. Desde la hostelería local aseguran que hay pánico en el sector porque sin materias primas no queda otra que bajar la persiana.

De momento no hay desabastecimiento, pero en la televisión nacional vemos que ya empiezan a escasear productos en cadenas de supermercados de la península. Si el paro de los transportistas no acaba pronto, tarde o temprano se dejará notar en Melilla.

La huelga de transportistas de pymes y autónomos ha obligado al Ministerio del Interior a desplegar 23.000 efectivos por todo el país para garantizar que quienes quieren mantener sus camiones en la carretera puedan hacerlo sin que los piquetes les revienten la jornada laboral.

Pero esto no es sólo un problema de cuatro camioneros. Los agricultores y los pescadores también amenazan con parar porque no les salen las cuentas con el precio del petróleo por las nubes.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció en La Palma una rebaja de impuestos que la ciudadanía necesita de manera inmediata, pero que desde Moncloa consideran que puede esperar hasta el 29 de marzo.

Los poderes públicos no son conscientes de que en estos momentos no estamos hablando de llegar o no a fin de mes sino de evitar poner a la clase media española más allá de una situación límite.

Los españoles hemos ayudado a rescatar bancos, a rescatar autopistas e incluso a salvar de la ruina a grandes empresas. Pero en momentos de extrema debilidad, la clase trabajadora de este país tiene que sentarse a esperar por su rescate.

Si la situación es delicada para autónomos y clase media, nos podemos hacer una idea más o menos clara de lo difícil que tiene que ser vivir en el seno de una familia que antes de esta crisis estaba ya en riesgo de vulnerabilidad.

Hay que tomar medidas urgentes. Con la inflación disparada, escuchar a nuestros políticos desde Madrid decir que no pasa nada no nos tranquiliza. Todo lo contrario.

En ese contexto desesperado, el anuncio del restablecimiento de las relaciones entre España y Marruecos ha caído como agua de mayo en Melilla, sobre todo porque el Gobierno central dice que espera que el fin de la crisis diplomática favorezca el tránsito de personas y mercancías entre los dos países.

Se abre así, la esperanza de que la reapertura de la frontera se produzca en el corto plazo, teniendo en cuenta que el ministro Albares tiene fecha para viajar a Rabat este 2 de abril. Es un respiro para Melilla, pero a qué precio.

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