Cultura y Tradiciones

Un nuevo capítulo de Dibulandia cobra vida en el restaurante Kursaal con María Mendoza y Jesús Castejón

Sarapín y Maléfica volverán a encontrarse los días 20, 21 y 22 de agosto, esta vez en el Restaurante Kursaal, en una cena temática familiar para la que solo quedan entradas disponibles para la función del jueves

El universo fantástico de Dibulandia cambia de escenario, pero mantiene intacta su esencia. Después del éxito de la segunda entrega del espectáculo, Sarapín —nombre artístico de Jesús Castejón— y María Mendoza volverán a dar vida a sus personajes los próximos 20, 21 y 22 de agosto en una cena temática familiar que transformará el Restaurante Kursaal by Soul Beach en el escenario de una nueva aventura. Lejos de plantearse como una simple adaptación del montaje teatral, la propuesta nace como una historia completamente nueva, concebida para un espacio mucho más reducido e íntimo, donde el público deja de ser un mero espectador para integrarse en la acción a escasos metros de los protagonistas. Las localidades para las funciones del viernes y el sábado ya se han agotado, mientras que todavía quedan entradas disponibles para la sesión del jueves.

El principal desafío creativo ha consistido precisamente en trasladar un espectáculo concebido para un gran escenario a un formato donde desaparecen la distancia física y buena parte de los recursos escenográficos habituales. María Mendoza reconoce que la clave ha estado en identificar qué elementos resultaban verdaderamente imprescindibles dentro del universo de Dibulandia. "Nos hemos quedado con dos de los pilares fundamentales. No es que seamos los únicos protagonistas de la historia, pero sí tenemos un peso muy importante dentro de ella, así que era posible construir una nueva trama únicamente a partir de nuestros personajes", explica. Desde esa premisa comenzaron un proceso de creación basado en la improvisación, el ensayo y la selección de aquellas situaciones que mejor funcionaban dramáticamente. "Íbamos probando cosas, improvisando, anotando las que nos gustaban, descartando otras y guiando la historia también con canciones para que no fuera solamente diálogo. Al final ha salido una línea narrativa que menciona constantemente el universo de Dibulandia, pero que no necesita físicamente al resto de personajes para sostenerse".

El punto de partida de esa historia resulta sencillo, aunque suficiente para desencadenar toda la acción. Sarapín imagina la situación como "un día cualquiera en Dibulandia", un momento en el que su personaje se dispone a realizar uno de sus habituales espectáculos y, de manera inesperada, aparece Maléfica cuando él se encuentra completamente solo. Sin princesas, sin la Reina Blanca y sin ninguno de sus aliados, el personaje queda expuesto por primera vez frente a su gran antagonista. "Ella me encuentra sin nadie que me proteja. Me pilla solo y me dice, 'ahora qué haces'. Ese instante genera todo el conflicto y, a partir de ahí, empiezan a suceder todas las locuras". Esa situación inicial permite mantener la continuidad argumental con Dibulandia 2 sin necesidad de reproducir la compleja estructura del montaje original.

Sin embargo, si algo caracteriza esta nueva propuesta es el tono que adquiere la relación entre ambos personajes. La cercanía con el público obliga a abandonar parcialmente la oscuridad asociada a Maléfica para abrazar un lenguaje mucho más cercano al clown y al humor gestual. María Mendoza explica que la intención nunca fue construir un enfrentamiento inquietante, sino aprovechar el carácter cómico de Sarapín para transformar incluso a la gran villana de Disney en un personaje capaz de provocar carcajadas. "Hay un momento inicial de tensión porque aparece Maléfica, pero enseguida él lleva toda la situación a su terreno. Sarapín tiene muchísimos chascarrillos y una forma muy particular de resolver los problemas, así que el espectáculo gira completamente hacia el humor. Está pensado para familias y para niños, así que no podíamos hacer algo excesivamente oscuro". Sarapín coincide en esa lectura y resume el resultado con una expresión que define el espíritu del montaje: "Maléfica entra en un mundo completamente payasesco".

Esa transformación afecta incluso al propio personaje interpretado por Mendoza. La actriz admite que, durante los ensayos, una de sus mayores preocupaciones era comprobar si ese registro funcionaría ante el público, especialmente porque el tono cómico no constituye el terreno donde se siente más cómoda. "Soy bastante vergonzosa y siempre estoy pensando si una idea funcionará o no", reconoce. Sin embargo, asegura que el profundo trabajo de construcción realizado para Dibulandia 2 le permite desenvolverse con naturalidad con su personaje dentro de la nueva propuesta. "Yo nunca respondo como María Mendoza; siempre respondo como Maléfica. Conozco muy bien cómo piensa el personaje y eso me da mucha seguridad". Sarapín, por su parte, considera que precisamente esa mezcla entre la solemnidad del personaje y las situaciones absurdas en las que termina envuelta constituye uno de los mayores atractivos del espectáculo. "Es muy divertido ver al gran villano haciendo cosas completamente ridículas. Ahí nace buena parte del humor".

Aunque el formato cambie radicalmente, algunos de los elementos más reconocibles de Dibulandia permanecerán intactos. La magia seguirá ocupando un lugar protagonista gracias a los números de ilusionismo de Sarapín, mientras que la música continuará formando parte del desarrollo narrativo. Mendoza explica que ha sido necesario buscar una solución creativa porque Maléfica no posee canciones propias dentro del universo de Dibulandia. "Sí termino interpretando canciones de Disney, pero tienen un motivo muy concreto dentro de la historia. Todo responde a la propia trama y forma parte del desarrollo del espectáculo". De ese modo, los dos artistas mantienen algunos de los rasgos que identifican al montaje original, adaptándolos a un espacio mucho más reducido donde cada gesto y cada interacción adquieren un peso mucho mayor.

La excelente respuesta del público ha confirmado el interés que sigue despertando el universo de Dibulandia. Las entradas para la función del sábado desaparecieron prácticamente en una hora y las del viernes también se agotaron rápidamente. Lejos de responder a un criterio económico, insisten en que la intención de ofrecer tres días de actuación era permitir una oportunidad más a quienes no habían conseguido localidad. "No queríamos que alguien se quedara sin verlo simplemente porque las entradas se habían agotado", explica María Mendoza. Sarapín recuerda entonces una enseñanza del desaparecido director José María Antón que, asegura, ha marcado su forma de entender el oficio. "Él decía que siempre hay que actuar cuando en el público exista un espectador más que actores sobre el escenario. Si somos dos y hay tres personas, se actúa igual. Esa es la filosofía con la que entendemos nuestro trabajo".

Más allá de la experiencia inmediata, ambos reconocen que esta propuesta también funciona como un puente hacia el futuro de la saga. Dibulandia 3 ya se encuentra en proceso de desarrollo y la historia que ahora presentan sirve para mantener vivo ese universo mientras toman forma los nuevos proyectos. María Mendoza adelanta que la próxima entrega supondrá una importante ampliación del imaginario de la saga, con la incorporación del universo de Harry Potter al ya consolidado mundo Disney. "Siempre he sido muy fan de Harry Potter y, aprovechando que Sarapín es un mago, creemos que reúne todos los ingredientes para crear algo muy especial". La idea parte directamente del desenlace de Dibulandia 2, donde Maléfica promete regresar tras haber sido derrotada gracias a la intervención de la Reina Blanca. "Ella necesita nuevos aliados y Sarapín también comprende que no puede enfrentarse solo a una amenaza mayor. Esa será la base de la siguiente historia".

Los dos artistas subrayan, no obstante, que esta cena temática no volverá a repetirse. Si el formato regresa en el futuro será con otra historia completamente distinta, posiblemente incorporando nuevos personajes o nuevas princesas, pero nunca reproduciendo exactamente el espectáculo que podrá verse estos tres días. "Son propuestas que nacen para un momento muy concreto y desaparecen después", resume Sarapín.

Antes de concluir, Jesús Castejón quiso reivindicar el papel que desempeñan los empresarios privados en la programación cultural de la ciudad. Agradeció expresamente la implicación del Restaurante Kursaal by Soul Beach por apostar por un formato que, según considera, difícilmente saldría adelante sin iniciativas de este tipo. "Los artistas no podemos vivir únicamente de los proyectos institucionales. Necesitamos teatros, pero también restaurantes, bares, plazas o cualquier espacio donde podamos seguir creando". En su opinión, precisamente esos formatos de pequeño tamaño constituyen una escuela permanente para cualquier intérprete. "Actuar tan cerca del público, especialmente de los niños, obliga a improvisar continuamente. Ellos interrumpen, comentan, reaccionan sin filtros y eso te da unas tablas que luego hacen mucho más fácil enfrentarse a cualquier escenario". Para el artista, esa capacidad de adaptación forma parte inseparable del oficio de artista y explica por qué propuestas aparentemente modestas como esta terminan convirtiéndose en experiencias especialmente enriquecedoras tanto para quienes las interpretan como para quienes las disfrutan.

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