Los afiliados del Partido Popular acudieron el pasado jueves a sus sedes para votar al futuro líder del partido, un hecho que no se había producido con anterioridad. Hasta ahora, era costumbre de la casa que el presidente que abandonaba el partido señalara con el dedo, o con un cuaderno azul, a su delfín. Desde ayer, el PP ha entrado plenamente en el Siglo XXI, deshaciéndose de viejas costumbres de tintes poco democráticos.
Ha sido necesario que el presidente del Gobierno y líder del partido fuera desalojado de la Moncloa mediante una moción de censura para que el proceso de primarias se implementara en el partido. Pero no hay mal que por bien no venga. Al menos los populares podrán ahora presumir de la transparencia y democracia de su proceso de elección interno y demostrar que han escuchado la voz de los ciudadanos que pedía un lavado de cara y puesta al día del partido.
Tras el insoportable torrente de casos de corrupción que han derribado al Gobierno del PP en Madrid, las primarias son un buen punto de partida para hacer borrón y cuenta nueva. Ahora le toca al que gane la segunda vuelta, ya bien sea Soraya Sáenz de Santamaría o Pablo Casado, cristalizar este cambio de rumbo y demostrar que la regeneración del PP no solo es postureo y que se lo han tomado en serio. Para empezar, convocar a todos los afiliados del partido a la elección del próximo presidente parece un buen inicio. Esperemos que no sea flor de un día.
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