Categorías: Editorial

Tres o cuatro asaltos por semana

EL delegado del Gobierno, Abdelmalik El Barkani, desveló anoche que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad estiman que se pueden producir entre tres y cuatro intentos de asaltos a la valla semanales en la frontera de Melilla. Teniendo en cuenta que los últimos amagos y acercamientos de inmigrantes han estado protagonizados por grupos de entre 300 y medio millar de personas, las previsiones no nos dejan tranquilos.
La Dirección General de la Guardia Civil descartaba a primeros de esta semana la posibilidad de enviar refuerzos a Melilla ante la creciente presión migratoria. Sin embargo ayer, finalmente, el Ministerio del Interior avanzó que hoy llegan a la ciudad 40 agentes del Módulo de Intervención Rápida de la Benemérita. Tal y como están las cosas, hacen falta y mucha.
¿Qué ha cambiado para que en apenas un mes entren tantos inmigrantes a Melilla? Desde luego, algo está pasando. O Marruecos se está durmiendo en los laureles o los guardias civiles se están viendo desbordados y, encima, examinados con lupa.
Rabat se ha adelantado a explicar que la presión migratoria sobre las fronteras terrestres de Melilla y Ceuta se debe a que ha blindado sus costas y las pateras se las ven y se las desean para cruzar el Mar de Alborán.
Llevamos tiempo escuchando decir a todos los grupos políticos que es necesario que la Unión Europea asuma la responsabilidad que le toca en la vigilancia de su frontera sur. Y estamos de acuerdo. Sin embargo, sólo hemos notado avances discretos y la cosa no está para andarse con paños tibios. Si Europa tiene algo que aportar, habrá que pedírselo, exigírselo y repetírselo cuantas veces haga falta, pero no desde la prensa, sino en el Parlamento y en la Comisión Europea.
Es cierto que Frontex ha enviado material a la Guardia Civil y a la Policía Nacional de Melilla y Ceuta, pero no sabemos qué se ha hecho, desde Europa, para disuadir a los inmigrantes de iniciar un viaje larguísimo, lleno de penurias para luego descubrir que ‘donde esperaban encontrar oro y diamante, sólo hay cobre y vidrio’.
Ayer Melilla fue portada de las páginas de Internet de los principales diarios del mundo: desde Nueva York hasta Rusia. El salto a la valla de 200 inmigrantes nos convirtió en un titular de prensa a escala mundial.
De momento no ha ocurrido una desgracia y ojalá que no ocurra, pero cuando está para llover, casi siempre llueve. Está claro que en Melilla no podemos frenar solos la inmigración. En esto, como en muchas otras cosas, hace falta que los políticos de todos los signos vayan todos a una. Dejemos para otro momento el ‘y tú más’ y la desmemoria. Eso ahora es una cuestión menor.

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