Según el Evangelio de San Mateo, los Reyes Magos acudieron desde Oriente tras el nacimiento de Jesús para colmarlo de bienes, esencialmente oro, incienso y mirra.
En el siglo XIX, en España comenzó la tradición que se mantiene hasta nuestros días de convertir el día 6 de enero –aunque en algunos hogares se realice la noche anterior- en una fiesta en la que se entregan regalos a familiares y amigos, especialmente a los niños. Esta costumbre fue exportada a varios países hispanoamericanos, como Argentina, México, República Dominicana, Puerto Rico, Paraguay y Uruguay.
Melilla no es una excepción, por supuesto, también los niños han recibido bien esta mañana o bien anoche sus preceptivos regalos por parte de Sus Majestades Melchor, Gaspar y Baltasar. Además, aunque se trate de una fiesta cristiana, la interculturalidad que impregna la ciudad autónoma hace que en muchos casos familias que profesan otra religión también celebren esta fiesta. Es una forma de que sus hijos no se queden sin los regalos que enseguida todos los niños llevarán al colegio, o hablarán de ellos a sus amigos.
Y es que, sin duda, el de hoy es uno de los días más esperados del año por los niños españoles, quienes presumen ante familiares y amigos de todo lo que han recibido de parte de Sus Majestades.
La previa se realizó anoche, cuando la ciudad se inundó de colorido durante la tradicional cabalgata que circuló, un año más, por multitud de localidades españolas. Además de los pasacalles y de los alrededor de 600 figurantes que acompañaron el destile, que dieron un aire festivo a las calles del centro de Melilla, los Reyes Magos repartieron caramelos desde sus carrozas. Fue todo más relevante por el hecho de que se cumplieran 100 años desde la primera cabalgata.
Fue una fiesta completa, ya que anteriormente se llevaron a cabo varias actividades en la Plaza de las Culturas, que se ha convertido estas Navidades en el centro neurálgico de la ciudad.
Terminan así las Navidades y de nuevo la ciudad volverá a su cotidianeidad y a su quehacer diario. La vida sigue y hay que afrontar los problemas existentes, en relación a la frontera y a la aduana, al empleo, al transporte, a la educación o a la sanidad. Es tarea tanto del Gobierno central como del local proporcionar respuestas a todos los asuntos que preocupan a los ciudadanos melillenses. No hay tiempo que perder. Hay que seguir manos a la obra y no desfallecer para que la ciudad autónoma pueda tener un futuro próspero.
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