Melilla vuelve a enfrentarse a una fotografía laboral con luces y sombras. En octubre, el paro registrado aumentó en 144 personas, un 1,89 %, hasta alcanzar los 7.758 desempleados. Al mismo tiempo, la afiliación a la Seguridad Social creció en 137 trabajadores y suma 743 más que hace un año.
La explicación ofrecida por el Servicio Público de Empleo Estatal apunta, sin embargo, a una de las debilidades persistentes del mercado laboral melillense. La finalización de los contratos de alrededor de 200 participantes en los planes de empleo habría influido en el repunte de octubre. De hecho, el director provincial del SEPE, Jorge Vera, ha señalado que, sin ese efecto, el paro habría descendido en unas 50 personas. El dato confirma el peso más que considerable que estos programas tienen en las estadísticas y en la economía local.
Los planes de empleo pueden cumplir una función de apoyo, proporcionar ingresos y facilitar una primera experiencia laboral. Pero no pueden convertirse en la principal puerta de entrada al trabajo ni en una respuesta que se repite cada año, anunciada a bombo y platillo, sin garantizar continuidad. Cuando terminan los contratos, muchas personas vuelven a las listas del paro. Esa dependencia del empleo temporal y del sector público revela que falta un tejido productivo capaz de generar oportunidades estables.
El problema viene de lejos y no se resolverá con medidas aisladas. Melilla arrastra dificultades estructurales desde hace demasiado tiempo: escasa diversificación económica, oportunidades limitadas para jóvenes, una elevada tasa de desempleo femenino y barrios donde la vulnerabilidad condiciona el acceso al mercado laboral. Las cifras de octubre vuelven a poner de manifiesto que más de dos tercios de las personas desempleadas son mujeres y que cerca de un millar de parados tienen menos de 25 años.
Una vez pase toda la resaca electoral del próximo 29N, el empleo debe ocupar un lugar prioritario en la agenda de quienes asuman responsabilidades en el próximo Gobierno central. No hacen falta parches ni anuncios de temporada, sino un plan sostenido, con objetivos evaluables, formación conectada con las necesidades empresariales, apoyo al emprendimiento y atracción de actividad económica.
Melilla necesita un Gobierno de España que ofrezca estabilidad y que haga que el trabajo deje de depender de convocatorias temporales para convertirse en una oportunidad real y duradera.
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