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Sarapín: "El mejor pago es que un niño me de un abrazo inesperado"

Jesús Castejón, más conocido como Sarapín, es un payaso y mago melillense que lleva más de dos décadas conquistando corazones con su espectáculo “Son-risas mágicas” | Con una mezcla de ternura, locura y cercanía, Sarapín se ha convertido en una figura imprescindible de la escena cultural local, dejando huella también en otros rincones del país

Jesús Castejón no necesita presentación para el público infantil y familiar de Melilla. Vestido con peluca, nariz roja y una maleta cargada de magia, se transforma en Sarapín, un personaje "achuchable" - como algunos lo han descrito - entrañable y divertido. Desde hace 23 años, hace reír a pequeños y mayores en fiestas, colegios, festivales y ferias, tanto en su ciudad natal como en otras muchas del territorio nacional.

En conversación con El Faro de Melilla, Sarapín hace balance de un verano que, aunque más tranquilo en la ciudad por la escasa actividad turística, le ha dejado momentos memorables: "En verano aquí en Melilla baja todo. No hay hoteles con animación, así que me lo planteo como mis vacaciones. Aunque sí hago excepciones, como las funciones en Soul Beach. La última fue increíble, se llenó, como todas las anteriores".

Pero si hay un lugar que le ha regalado emociones intensas este verano es la caseta infantil de la feria. "El martes pasado actué allí y tuvieron que quitar colchonetas y juegos para hacer más espacios. La cola llegaba hasta los churros. Yo pensaba que esperaban para otra cosa, pero no, ¡eran para verme a mí!", cuenta aún sorprendido.

"Mientras traían más sillas, me puse a hacerme fotos con los chiquillos para que la espera fuera más amena. Y luego, el show fue una pasada. Siempre pido que dejen pasar a los padres, abuelos... porque ver a sus niños reír también es parte del espectáculo".

Este sábado repite en la misma caseta con trucos nuevos, para quien quiera repetir experiencia. Y el domingo, otra función en la Casa de Ceuta en Melilla. "Para esa función he preparado dos juegos nuevos. Siempre estoy probando cosas, viendo cómo reacciona el público. En los ensayos puedes imaginarte mucho, pero hasta que no lo ves en directo no sabes lo que funciona".

23 años de magia

Sarapín lleva nada menos que 23 años sobre los escenarios. Comenzó a los 16 años, casi por casualidad, entregando diplomas en un colegio. Luego vinieron los cumpleaños, funciones escolares y festivales. "Al principio me negaba, decía que no me dedicaba a eso. Pero insistían tanto que al final lo hacía... y hasta hoy".

Mirando hacia atrás, confiesa que nunca imaginó que su afición a la magia, iniciada a los 8 o 9 años acabaría convirtiéndose en su vida. "Ahora tengo 40, cumplo en diciembre. Cuando era joven pensaba que a los 40 ya eras un viejo. Y mírame, sigo aquí, pintándome la cara con la misma rutina".

Para él, el secreto de mantenerse durante tantos años en un entorno tan pequeño como Melilla está en el cariño de el público. "Es difícil porque siempre actúas para los mismos. No es como en la Península, que puedes coger el coche y cambiar de pueblo o de ciudad. Pero aquí no hay más magos, así que quizá eso me ayuda. Aun así, no sería posible sin el apoyo del público. Me han tratado siempre con tanto cariño que no puedo estar más agradecido".

Y ese cariño se refleja en pequeños gestos: "Una señora escribió el otro día en Facebook: 'Eres como de la familia'. Yo no la conozco, pero así me hacen sentir. Me piden fotos como si fuera el tito del niño. Y lo mejor que me puede pasar es que un niño, después de hacerse la foto, se de la vuelta, me abrace y se vuelva. Eso me rompe por dentro. Es el mejor pago, aunque haya que pagar facturas también".

Su función más divertida

Jesús no duda: todas. "Soy muy exigente conmigo mismo. Aunque me lo pase bien en el escenario, luego salgo y pienso: 'Aquí fallé', 'Esto lo podía haber hecho mejor'. No podría decirte una sola actuación favorita, porque hago unas 150 o 160 al año, de media. Pero en todas intento darlo todo".

También cuida hasta el último detalle de su preparación. "Una hora antes de salir suena mi alarma. Paro todo lo que esté haciendo y empiezo a pintarme. Siempre sigo el mismo orden: mismo sitio, mismos pasos. Luego me visto, me pongo la peluca, el micrófono... y lo último, la nariz. Cuando me pongo la nariz, ya soy otro. Ya soy Sarapín".

Reconocimiento nacional

El talento de Sarapín no ha pasado desapercibido más allá del Estrecho. En 2023 fue galardonado con el premio nacional a Mejor Mago para la Infancia. Este reconocimiento lo llevó a recibir numerosas invitaciones a festivales y eventos por toda España-

"Este mes voy a actuar en el festival 'Magia al Día', en Vitoria, uno de los mejores del país. Allí haré una unipersonal en un auditorio. Nunca pensé que me llamarían, pero gracias al premio de 2024 ahora se me abren muchas puertas. Y lo más bonito es que es por hacer lo que más me gusta: magia para la infancia".

Jesús ha recorrido ciudades como Madrid, Málaga, Castellón, Granada, Ávila, Burgos, Lugo, Ceuta, Almería... dejando en cada una de ellas su sello único. "No hay ciudad que pise en la que no deje un buen recuerdo", dice con humildad.

El futuro, paso a paso

Aunque muchos se preguntan qué hará Sarapín en el futuro, él prefiere centrarse en el presente. "Siempre digo que hay que sonreír hoy, porque el pasado ya pasó y el futuro es incierto. Yo vivo el día a día. Nunca planeé dedicarme a esto, así que tampoco se lo que pasará dentro de cinco años".

Eso sí, hay algo que tiene claro: le gustaría que su hijo, que ahora tiene año y medio, pudiera disfrutar de Sarapín desde otra perspectiva en el futuro. "Ojalá me vea y lo pase tan bien como el resto de los niños. Me haría muchísima ilusión".

Por ahora, Jesús compagina su faceta de payaso con su amor por el teatro. "Desde el instituto he estado en compañías como Concord, Arrabal, Sibila... Últimamente no tengo tiempo para ensayar, pero el teatro siempre ha estado ahí. He interpretado muchos personajes, aunque Sarapín es el que más tiempo me ha acompañado".

Sarapín, más que un personaje

Sarapín es más que maquillaje y trucos. Es un puente entre generaciones, un bálsamo para la rutina, una dosis de alegría en los días grises. Con su carisma, sencillez y pasión por hacer reír, ha logrado algo que muy pocos consiguen: convertirse en parte de la familia de muchos melillenses.

Y mientras suene su alarma antes del show, mientras se pinte con la misma rutina de siempre, y mientras un niño le de un abrazo al final de una función, Sarapín seguirá siendo Sarapín. Mágico, cercano e inolvidable.

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