Tras la presentación del documental ‘No sea tu falta’ durante la XVII Semana del Cine de Melilla, el pasado día 7 de mayo, en el teatro Kursaal-Fernando Arrabal, el director del filme, Moisés Salama, lo ha preestrenado ya tanto en Málaga -Albéniz- como en Madrid.
En esta última ciudad, el lugar elegido el pasado día 28 de mayo fue el cine Verdi, que acogió una sala llena y que contó con la presencia del presidente de la Academia de Cine, Fernando Méndez-Leite, que fue precisamente quien presentó al autor melillense ante las 170 personas allí presentes.
Entre ellas, había personas del mundo del cine y la literatura, así como muchas pertenecientes a la comunidad judía, familiares del director y antiguos residentes de Melilla.
Para Salama, este fue un punto importante, porque era un público “que se reconocía mucho” en ese relato que él hace de la Melilla de los años 70, con material de súper 8, y que incluye un recorrido a través de su memoria de esa ciudad que él añora, “la Melilla abierta” y con “menos radicalidad que ahora a nivel religioso”.
En el diario Sur, de Málaga, Paco Griñán recuerda que es la película en la que Salama más se ha “desnudado”, ya que “la nostalgia viaja del pasado al presente continuamente y habla, por ejemplo, de lo que significa para él ser judío, que, más allá de lo religioso, implica una cultura o una herencia gastronómica. En este artículo también se destaca cómo para Salama, como decía su madre, “el judaísmo significa hacer el bien a los demás, por lo que, con lo que está pasando ahora en Israel, ser un buen judío no es aplaudir a (Benjamin) Netanyahu”.
“Mi hermano fue siempre alguien especial en nuestra familia tribu. Con él, solía hablar de Melilla, de nuestra familia. También hablábamos mucho de la cuestión judía. Pienso ahora cómo seguiría comentando con mi hermano la actualidad tan terrible de estos últimos meses”, cierra Salama en un extracto del documental al que ha tenido acceso El Faro.
La religión es precisamente uno de los aspectos que Salama no reconoce en la Melilla de hoy, ya que asegura que, “en estos tiempos tan radicalizados, la comunidad judía se ha cerrado” y él no la recuerda de esa manera; o que él jamás vio un burka como sí ocurre hoy. En resumen, dice con amargura que en la ciudad autónoma hay una “coexistencia pacífica”, pero que ya no existe una “convivencia real”.
Tal como expresa el director en el documental, trufado de imágenes de aquella época, algunas de ellas filmadas, junto a su hermano Falo, desde el “balcón privilegiado” de su casa: “la gente paseando, los cafés multirraciales, el Canarias, el California, el Gurugú”. “Aquí nací y aquí nacieron varias generaciones de mis ancestros”, narra en el filme, antes de emocionarse al recordar que, cuando regresa ahora a la casa familiar, en la Avenida Juan Carlos I Rey, esta se encuentra vacía.
La tristeza le invade al ver ahora una ciudad “deprimida, con las fronteras cerradas”, y todo le resulta “extraño” en una ciudad que ya casi no reconoce.
Otras voces añaden, por ejemplo, la “incertidumbre” sobre el futuro de Melilla, que describen ahora como “una fortaleza” que “empieza a volver a sus orígenes”.
“Se han creado muchas trincheras y es un momento muy delicado donde cada uno cree que tiene la verdad”, cuenta otra voz, antes de que una tercera diga que ella sí que cree en los ciclos y que confía en que pronto haya una apertura.
Tanto el pase de Melilla como el de Málaga y el de Madrid han dado lugar, según el director, a coloquios “muy interesantes” que le han permitido darse cuenta -para alegría suya- de que tanto a sus amigos como a las personas que no tienen relación con él les ha interesado igual. En este sentido, ha remarcado cómo el documental produce “la capacidad de emocionarse con una historia que no les era tan cercana”.
Cuenta Salama que un director que no tiene nada que ver con su mundo le envió un mensaje de WhatsApp en el que le demostraba que había conseguido su objetivo: emocionar a la gente fuera de su círculo más íntimo. Al principio, tuvo dudas sobre a quién le iba a gustar un material tan personal, pero, como admite ahora, “la respuesta es bonita porque está interesando a mucha gente”.
Después de estos tres preestrenos, Salama tiene en mente comenzar a mandar la cinta a algunos festivales, a ver si resulta seleccionada. No tiene ninguno en mente todavía, porque, como es un documental “muy personal”, necesita buscar aquellos eventos donde encajen las características del documental.
Por ahora, eso sí, está encontrando críticas positivas. En La Mirada Actual, Julia Sáez-Angulo cree que el documental es “interesante” ver cómo el director, a sus 70 años, vuelve la vista atrás y regresa a sus orígenes, sus raíces, su identidad y duelos recientes” y cómo “observa el mundo que le rodea y explora sus relaciones con el pasado y los cambios emocionales que genera el paso del tiempo”.
De la misma forma, en una tribuna abierta en El Faro, Sonia Rubiano asegura que los 70 minutos que dura se le hicieron “cortos” durante su preestreno en Melilla y le da las gracias a Salama por “regalar tanta belleza luminosa, por esta declaración de amor a Melilla”, por abrir las puertas de su casa y presentar a su familia, por compartir sus recuerdos y, en definitiva, por hablar de la familia y de la ciudad de cada uno. “Detrás de esta Melilla, la tuya, no sea tu falta”, concluye el artículo.
Cabe recordar que el título del documental es una expresión muy popular entre los judíos del norte de África que quiere decir, tal como contaba la madre de Salama, algo así como “no estás y te echamos de menos, pero que no sea porque ya te has ido para siempre”.
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