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Revitalizar Melilla

LA buena acogida que ha tenido una sencilla  iniciativa como ‘Des-cubriendo la periferia’ evidencia que muchas veces el éxito de una actividad tiene más que ver con la imaginación y el esfuerzo de sus organizadores que con la partida económica que se le asigne. La actividad que se pudo observar a lo largo de la mañana de ayer en la plaza Martínez Campos, en pleno corazón del Rastro, es una buena prueba de ello. Frente a fines de semana en los que Melilla parece desierta, ayer la ciudad recobró la vida en sus calles con varios actos que coincidieron en el éxito de participación. El más curioso fue la ‘guerra de ganchillo’. Esta vieja actividad, que vivió épocas mejores, recuperó la calle y sirvió para congregar a niños, jóvenes y mayores. Los vecinos se reencontraron en el espacio público, colaboraron y al final de la mañana el barrio ofrecía una imagen más alegre con diferentes piezas de ganchillo y crochet repartidas por el mobiliario urbano y rincones diversos.
Al mismo tiempo, los alumnos de la Escuela de Danza de la Ciudad se daban cita en la Plaza de las Culturas. Decenas de niños animaron la mañana con música, bailes y disfraces. De nuevo, gran parte del éxito de la actividad estuvo en la elección del escenario. La posibilidad de realizarlas en espacios públicos y al aire libre sirve para revitalizar nuestra ciudad, animar a más personas a asistir a estas actividades y potenciar la imagen de Melilla como una ciudad viva y con una variada oferta de actividades para todos los gustos.
En ambos casos, la inversión necesaria por parte de la Administración ha sido mínima porque se trata de iniciativas sencillas, que conectan fácilmente con los ciudadanos y que salen al encuentro del transeúntes que muchas veces se hallan en medio de una actividad a la que ni siquiera habían planificado asistir.
Además, esta clase de actos sirve para favorecer el movimiento en los comercios y establecimientos de hostelería, dos importantes sectores económicos de nuestra ciudad que vienen padeciendo la inapetencia consumista de unos ciudadanos que hace años por esta misma época daban rienda suelta a su desbocado instinto consumista. Hoy, en cambio, cuesta sacarlos de casa, aunque sólo sea para mirar escaparates.

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