Editorial

Un remedio para una grave enfermedad

  • Alcohol y conducción son dos palabras que nunca deberían encontrarse en una misma frase. Sin embargo, esa combinación fatal se produce con demasiada frecuencia. Y, en ocasiones, con resultados letales.

Así sucedió el pasado domingo, cuando un deportista melillense, que había decidido salir por la mañana a disfrutar de un bello día en bicicleta, se topó con la muerte cuando un conductor de un vehículo, que conducía bajo los efectos de bebidas alcohólicas, se lo llevó por delante causándole el fallecimiento casi de forma instantánea.

Ayer, el autor del atropello ingresó en prisión sin fianza tras ordenarlo un juez de Melilla. La Justicia cumple su parte, pero ése será, sin duda, un consuelo insuficiente para los familiares de la víctima, quienes, como muchos melillenses, se preguntarán cómo es posible que una persona pueda ponerse al volante de un coche tras una brutal ingesta de alcohol.

La legislación vigente fija como delito penal el hecho de dar en un test una tasa de alcohol en sangre de 0,60. El arrestado por arrollar el domingo a un ciclista triplicó ese límite (1,8), un dato espeluznante que explica el trágico desenlace de este episodio.

Lamentablemente, no es la primera vez que la mezcla de alcohol y volante causa una desgracia. Pero sí puede lucharse por que sea la última.

No son pocos en Melilla los que cogen el coche para cualquier trayecto, por ínfimo que sea. Y entre éstos se encuentran quienes han tomado alguna copa de más, una actitud irresponsable e inadmisible. Las autoridades están obligadas a encontrar un remedio para combatir esta conducta, la cual bien podemos definir como una grave enfermedad que, cuando se presenta, daña a toda la sociedad.

La Delegación del Gobierno tiene que tomar cartas en el asunto y emplear más personal de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para hacer frente a estos delitos. En los lugares próximos a zonas de ocio son necesarios más controles de alcoholemia, pues los existentes se muestran totalmente insuficientes. Si hay conductores que no están dispuestos a ejercer como tales de forma responsable, es básico que sean los poderes públicos quienes los persigan de forma implacable para que desgracias como la del domingo jamás vuelvan a ocurrir en Melilla.

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