Una pintada con la frase "eso es España" ha aparecido recientemente en uno de los muros que rodean la Mezquita del Tesorillo de Melilla, el templo islámico más antiguo de la ciudad. Este gesto simbólico, con tintes reivindicativos, se produce en medio de una creciente polémica en torno al futuro de este edificio, declarado patrimonio histórico, pero sujeto ahora a un ambicioso plan de remodelación impulsado por Marruecos.
La acción no ha pasado desapercibida. Su localización —en un inmueble de alto valor arquitectónico y cultural— y el momento en que se produce —coincidiendo con las fases avanzadas del proyecto de transformación de la mezquita— apuntan a un contexto de creciente tensión entre lo simbólico, lo religioso y lo político. La pintada, simple pero cargada de significado, ha reavivado el debate sobre la soberanía, la gestión del patrimonio y el papel que juegan actores extranjeros en espacios claves del tejido urbano y social de Melilla.
La Mezquita del Tesorillo fue inaugurada en 1927 y se convirtió en la primera mezquita construida en Melilla. Desde entonces, ha mantenido su función religiosa sin interrupciones, convirtiéndose también en un símbolo del legado histórico del islam en territorio español. Su fachada exterior está protegida por normativa patrimonial, lo que impide su demolición. No ocurre lo mismo con su interior, lo que ha permitido que se planteen intervenciones profundas sobre su estructura.
En este contexto, Marruecos ha propuesto la creación de un centro islámico de grandes dimensiones en el interior del recinto. El proyecto contempla la demolición total del espacio interno, dejando en pie únicamente los muros exteriores. La inversión estimada rondaría los ocho millones de euros, y la propuesta ya ha superado su fase de redacción técnica, con un coste cercano a los 80.000 euros. Aunque se barajó en un primer momento incluir un minarete de gran altura, esa idea ha sido finalmente descartada, según fuentes técnicas.
El resultado sería una renovación integral del inmueble, que se transformaría en un complejo religioso con nuevas capacidades, nuevas dependencias y una proyección muy superior a la actual. Su carácter no sería únicamente espiritual, sino también formativo, social y político, con una estructura que permitiría albergar un amplio programa de actividades financiadas por el Reino de Marruecos.
Uno de los aspectos que más controversia genera en torno a este proyecto es la falta de transparencia administrativa. A día de hoy no se ha hecho público ningún permiso urbanístico que avale la ejecución de una reforma de estas características. Tampoco hay constancia de que se haya producido una evaluación patrimonial formal o una consulta pública sobre el destino del inmueble.
Esto resulta especialmente relevante si se tiene en cuenta que la parcela sobre la que se asienta la Mezquita del Tesorillo forma parte del dominio público español. Este diario ha podido comprobar la titularidad del Estado del suelo donde se asienta la mezquita. No se trata de suelo cedido ni de propiedad extranjera, lo que implica que cualquier intervención debe ajustarse al marco legal urbanístico vigente. La posibilidad de que un Estado extranjero ejecute un proyecto de gran envergadura sobre suelo español, sin autorización expresa, abre un debate sobre la soberanía administrativa y los límites de actuación de potencias externas dentro del territorio nacional.
El desarrollo de este centro islámico no solo genera dudas sobre su legalidad urbanística, sino que también plantea interrogantes sobre su impacto social y estratégico. La construcción de una infraestructura de este tipo, bajo financiación directa del Reino de Marruecos, refuerza el papel del Estado marroquí como principal proveedor y gestor de los espacios religiosos de Melilla.
Este modelo de intervención podría derivar en una situación de dependencia institucional y económica del tejido musulmán local respecto a las directrices marcadas desde Rabat. La política religiosa del vecino país está directamente vinculada a la figura del monarca Mohamed VI, quien ejerce oficialmente como "comendador de los creyentes". Esto convierte a los centros de culto no solo en espacios religiosos, sino también en plataformas de influencia cultural y diplomática.
La proyección de este macrocentro, unido a la pasividad de las autoridades locales y estatales, pone en riesgo la autonomía del modelo de gestión religiosa en Melilla. Además, establece un precedente preocupante: si un Estado extranjero puede remodelar a gran escala un inmueble protegido, sin debate ni control, ¿qué garantías existen de que no pueda repetirse en otros puntos de la ciudad?
Otro factor que agrava la situación es la ausencia de información clara sobre las condiciones bajo las cuales la Mezquita del Tesorillo pasó a ser gestionada por organizaciones religiosas locales. Aunque se presume que la cesión del inmueble fue realizada por el Estado español hace décadas, no existe documentación pública disponible que detalle el procedimiento, los límites administrativos o las condiciones de uso del edificio.
Esa opacidad ha permitido que, casi cien años después de su inauguración, el edificio esté a punto de convertirse en un centro de referencia del islam marroquí en suelo español, sin que haya mediado una planificación institucional ni una revisión pública del expediente.
En este contexto, la pintada con la frase "esto es España" no es un simple grafiti. Se ha convertido en un símbolo visible del malestar creciente en torno a un proceso que, según muchos análisis, se está llevando a cabo sin el control democrático ni los mecanismos legales que deberían garantizarse en cualquier intervención de este tipo.
Más allá de su estética o legalidad, la pintada subraya una realidad incómoda: el vacío institucional ha dejado campo libre para que actores externos avancen sus agendas dentro de la ciudad. El futuro de la Mezquita del Tesorillo está en juego, y con él, el modelo de soberanía, patrimonio y convivencia religiosa que Melilla quiere construir para las próximas generaciones.
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