Sucesos y Seguridad

Realojadas cuatro familias que quedaron en la calle por las lluvias de Melilla

El techo de uno de los pisos del edificio, ubicado en el número 57 de la calle Joaquín Ruiz Mendoza del barrio del Tesorillo, se desplomó y tuvieron que ser desalojadas. "No me pilló de milagro", dice Faisal Amal

Cuatro familias melillenses, con niños menores de edad a su cargo, han sido realojadas este miércoles tras quedarse en la calle debido a las fuertes lluvias que afectaron a sus viviendas, ubicadas en el edificio número 57, de la calle Jacinto Ruiz Mendoza, del barrio del Tesorillo, donde vivían de alquiler.

En cuestión de horas la consejera de Política Social, Paqui García Maeso (PSOE), resolvió el problema y les buscó un alojamiento temporal en el Hotel Nacional, de Melilla, que también ha sufrido algunas afectaciones debido a la caída de 37 litros de agua por metro cúbico en cuestión de horas. 

La tromba de agua dejó literalmente en la calle a las cuatro familias. En cuanto empezó a llover, Faisal Amal, padre de dos niños, colocó cubos de agua debajo de las goteras que tenía desde hace tiempo en la habitación de matrimonio de su casa. Justo cuando fue a tirar el agua de uno de ellos, el techo se desplomó.

"No me pilló de milagro", comentó a El Faro al mediodía de este miércoles, cuando aún estaba a la espera de que la Ciudad diera señales de que iba a ayudarles.

Amar Inas, su esposa, cuenta que estaba en el trabajo cuando su esposo la llamó y le dijo que se había caído el techo de la casa.

La mujer se rompe cuando intenta explicar la agonía con la que hizo el trayecto de su trabajo a la casa, donde el padre estaba junto a sus dos hijos pequeños, de 5 y dos años y medio.

En un primer momento la solución que les dieron desde Política Social fue meterse las cuatro familias en una única habitación del albergue San Vicente de Paúl, hasta que les buscaran alguna otra alternativa.

La propuesta echó para atrás a los vecinos afectados, teniendo en cuenta que todos tienen hijos y no caben físicamente en una sola estancia, donde debían convivir juntas.

Poco después, la propia consejera confirmó a este diario que les habían enviado comida al mediodía y les habían realojado.

Afectaciones en las cuatro viviendas

Aunque el techo sólo se desplomó en una de las viviendas, los Bomberos detectaron problemas en la estructura de todo el edificio y pidieron a los inquilinos que abandonaran sus casas con lo puesto, hasta que ellos valoren si es viable apuntalar el inmueble para que puedan reinstalarse.

"Estamos todos afectados y las casas están todas rajadas", dijo otro vecino a este periódico.

Los problemas con el edificio empezaron a notarse hace dos meses supuestamente, con el inicio de unas obras que están en marcha en el inmueble contiguo.

Fue en ese momento cuando aparecieron las goteras, que fueron a más tras los terremotos que se han registrado en la ciudad, en los últimos días.

"Gracias a Dios, no ha pasado nada", insiste Amar Inás, mostrando, el estado de decaimiento en el que estaba su niño menor, que del susto del derrumbe pasó toda la mañana con vómitos.

"¿Adónde voy a ir con mis hijos?, se preguntó.

Otro de los vecinos, Mohammad Nassiri, comentó que en alguna ocasión ha pedido al dueño de la casa, que tiene alquilada y por la que paga 350 euros al mes, que la arregle. El casero vive en Holanda y según él, le ha contestado que está para ganar dinero, no para hacer inversiones.

En principio, las cuatro familias tras negarse a instalarse todos juntos en el albergue, barajaron la posibilidad de regresar a las viviendas a riesgo de que se derrumbara el edificio con ellos dentro. Temían, sobre todo, que volviera a llover y que el agua les pillara en la calle.

Los Bomberos les advirtieron de que no podían acceder al inmueble y que si querían entrar a recoger algunas cosas, debían hacerlo acompañados por la Policía Local.

También les dijeron que enviarían a un aparejador para que valore si es posible apuntalar y seguir habitando el edificio.

A las familias les gustaría que la Ciudad les ofrezca algún tipo de ayuda económica que les permita alquilar otras casas porque aunque no son familias vulnerables no pueden permitirse los precios del mercado de la vivienda en Melilla.

Salvador, el vecino que les echó una mano

Salvador Aragón es guardia civil jubilado y al ver que las cuatro familias del Tesorillo habían quedado en la calle, sacó su coche del garaje, lo habilitó con una mesa y sillas y les dio acogida a todos.

Haciendo honores a su nombre, Salvador aseguró en declaraciones a El Faro que conocía a su vecinos sólo de vista, pero que habría hecho lo que hizo por cualquier persona. "Y más en estos casos", concluyó.

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