La ministra de Sanidad, María Luisa Carcedo, viajó ayer hasta Melilla para visitar las obras del nuevo hospital. La dirigente socialista, acompañada de la delegada del Gobierno en la ciudad, Sabrina Moh, hizo también un repaso del estado del sistema sanitario melillense y anunció que se tomarán medidas para controlar el acceso de ciudadanos extranjeros a estos servicios. No en vano, Carcedo comentó que la presión migratoria sobre la Sanidad de Melilla supone un 8 por ciento, es decir, casi 1 de cada 10 pacientes atendidos en la ciudad no es residente. Una cifra que se antoja elevada, aunque la ministra aseveró que es “digerible”.
La ministra Carcedo debería darse cuenta de que el sistema sanitario no digiere nada, quienes lo hacen son los trabajadores del sector, que son los que realmente tienen que asumir esta carga de trabajo extra, y los ciudadanos que pagan impuestos en Melilla y padecen esperas que sin ese 8 por ciento serían menores.
Por ahora, el nuevo hospital, que ayudaría a descongestionar los servicios, tardará más de tres años en estar operativo y mientras tanto, a la Sanidad melillense y a sus trabajadores más que a digerir les toca tragar con lo que hay.
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