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Paco Benítez, antiguo dueño de Los Salazones: “Si volviera a nacer, volvería a ser hostelero”

El conocido restaurante atendió a melillenses y visitantes desde el año 1965 hasta el 2010 | Ahora, el empresario sigue vinculado a la hostelería por los negocios que llevan sus hijos

por Alba Castilla
24/06/2026 16:49 CEST
Paco Benítez, antiguo dueño de Los Salazones: “Si volviera a nacer, volvería a ser hostelero”

Los Salazones pasó a ser parada obligatoria en Melilla (cedida)


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Francisco Benítez Muñoz, conocido en Melilla como Paco Benítez, es uno de los empresarios hosteleros —aunque ya retirado— más reconocidos de la ciudad. Su restaurante Los Salazones, en el barrio del Industrial, era una de las paradas obligatorias para degustar lo mejor de la gastronomía melillense. La fama fue tal que la calle en la que se encontraba el local recibe ahora el nombre del antiguo regente.

El restaurante abrió sus puertas en 1965. Su familia, en particular sus padres y su novia, con el tiempo esposa, llevaba el ambigú del Real Club Marítimo de Melilla. El presidente de entonces, Ángel Weil Seguido, les ofreció coger un bar que se encontraba por aquella zona. “Mi padre fue el fundador, diremos. Costó 175.000 pesetas en aquellos tiempos, y bueno, con la condición de que vendiéramos los productos de la Fábrica Weil”.

“Poco a poco fuimos subiendo gracias al trabajo que hacíamos entre la familia”. Acudían muchos clientes de los talleres y almacenes del barrio industrial. A los cinco años, iniciada la década de los 70, el negocio iba “viento en popa” y sus padres decidieron marcharse a Málaga y dejarle a él el establecimiento. Su hermano se quedó con la Estación Marítima, la primera que había en el puerto, y Paco Benítez pasó a ser el dueño de Los Salazones. 

Antiguo restaurante Los Salazones (cedidas)

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Tenían siempre la mirada puesta en el bien de los clientes y del propio trabajo. La atención al público era familiar por completo. “Lo disfrutamos mucho, lo disfrutó Melilla y lo disfrutó muchísima gente que venía de fuera”. Por allí han pasado personalidades importantes como ministros. El secreto del triunfo es que te guste aquello a lo que te dedicas, asegura el que fue propietario del restaurante.

Recuerda la frontera, “pasaba muy buena gente de Marruecos y después nos aprovechamos de los tiempos militares muy buenos también. Eran otros tiempos, nos ayudaba mucho el público pero todo el mundo trabajaba”. La carta fue variada. Servían pescado y marisco a precios muy competitivos, y cuando llegaban las modas, también se adaptaban, como les sucedió con el pollo asado.

Pero en esos casi cincuenta años, nunca faltó la paella como plato estrella. “La paella ha sido universal, porque siempre ha salido muy buena”. Todo iba dando resultado y de ahí el éxito de Los Salazones. El menú incluía opciones como la tortilla del Sacromonte o los novedosos postres, que eran “el despertar de toda esa clase nueva de postres”. El servicio era impecable y tenían hasta cola para poder entrar.

El empresario asegura que “la gente tenía que esperar” y que “el restaurante estaba lleno con más de 200 personas comiendo”. Este era su día a día. El local tenía capacidad para cerca de 250 personas. “Tenía cuatro reservados, una bodeguita, un salón entero de barriles, la terraza”. Sin darse cuenta, fueron creciendo poco a poco hasta situarse como uno de los sitios favoritos de la ciudad. 

En el año 2010, este espacio echó el cerrojo para siempre por la jubilación de Benítez, que sigue igualmente vinculado al sector de la hostelería. La explicación es que sus hijos Paco y Miguel llevan otros dos restaurantes en la ciudad autónoma. A veces, se escapa a la Península unos días y tiene sus aficiones como cualquier otra persona, pero continúa siendo una figura central en las empresas familiares aunque ya desde otra perspectiva.

Confiesa que le sigue gustando vivir la hostelería de cerca, pese a que es un sector muy sacrificado. Lo que más, el convivir con tanta gente, el respeto, el turismo, el sentarse a la mesa a comer, todo eso “es parte de la vida”. La tercera saga familiar es la responsable del Restaurante Miguel Benítez y de La Posada de Paco Benítez. “La verdad es que van bien, es un orgullo que mis dos hijos sigan en el gremio”, indica el hostelero. 

El empresario cree que Melilla no está atravesando su mejor momento, en particular, en el ámbito de la hostelería, pero no pierde la esperanza en que pueda resurgir. “Tiene que ser con el esfuerzo de todos”. Pone de ejemplo los tantos locales vacíos del centro. Considera que, por diversos motivos, los empresarios no están decidiendo apostar por abrir nuevos negocios. Entre ellos, por temas fiscales o incluso de falta de personal.

“Tienen que pensar que, si no tenemos trabajadores para poder seguir montando empresas, pues el empresario no se va a meter en estos negocios”. Otros factores como el bloqueo de la frontera tampoco mejoran la situación. Anima a los empresarios a sacar adelante nuevos proyectos, y a la Ciudad Autónoma, a apoyarlos en esta cruzada de manera incondicional porque, al final, el beneficio es para todos los melillenses.

Desde su experiencia, afirma que “la hostelería es bonita y un poquito esclava, pero si te gusta, la aguantas, porque tiene sus momentos buenos también”. En su opinión, la hostelería está presente en todo: en la vida cotidiana y en los viajes “terminas buscando un sitio donde comer, que comas bien y que puedas venderlo a tus amigos, a tus visitantes y a tus familiares”. 

Por último, agradece a la Ciudad el detalle que tuvo al poner su nombre a la calle en la que se encontraba el conocido restaurante Los Salazones, que forma parte de la historia de Melilla. “Si volviera a nacer, volvería a ser hostelero”. Y con estas palabras, se entiende la pasión que puede llegar a sentirse por una profesión y por un lugar al que Paco Benítez ha dedicado toda su vida.

Tags: HosteleríaLos SalazonesPaco Benítezrestaurante

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