Una alimentación sana y equilibrada es fundamental para cuidar la salud de la madre y el bebé
La Organización Mundial de la Salud señala que una alimentación saludable debe apoyarse en cuatro principios: adecuación, equilibrio, moderación y diversidad. Durante el embarazo, estas pautas cobran especial relevancia, ya que una dieta completa permite aportar proteínas, hidratos de carbono, grasas, vitaminas y minerales necesarios para la madre y el desarrollo del bebé.
La alimentación de una mujer embarazada debería incluir diferentes grupos de alimentos y evitar que la dieta se base de manera habitual en productos muy procesados, ricos en azúcares, grasas poco saludables o sal.
Frutas y verduras deben ocupar un lugar destacado. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición recomienda consumir al menos cinco raciones diarias de frutas y hortalizas, que deben lavarse, pelarse o cocinarse adecuadamente. Estos alimentos aportan vitaminas, minerales y fibra, nutrientes importantes dentro de una alimentación equilibrada.
También es recomendable incluir legumbres, cereales preferentemente integrales, frutos secos y aceite de oliva. Las legumbres, como lentejas, garbanzos o judías, proporcionan proteínas vegetales y fibra, mientras que los cereales integrales contribuyen al aporte de hidratos de carbono y fibra.
La variedad permite, además, evitar que la alimentación dependa de unos pocos productos y facilita la incorporación de diferentes nutrientes a lo largo de la semana.
El pescado forma parte de una alimentación saludable durante el embarazo y aporta proteínas, vitaminas, minerales y ácidos grasos omega-3. AESAN recomienda consumir entre tres y cuatro raciones semanales, procurando alternar diferentes especies de pescado blanco y azul.
Sin embargo, durante la gestación es importante prestar atención al contenido de mercurio de determinadas especies. AESAN recomienda evitar el consumo de pez espada o emperador, atún rojo, tiburón y lucio en mujeres embarazadas. En cambio, existe una amplia variedad de pescados con bajo o medio contenido en mercurio que pueden formar parte de la dieta.
Esto no significa que haya que eliminar el pescado del menú. Al contrario, la propia AESAN considera que se trata de un alimento importante dentro de una alimentación saludable y destaca su contenido en proteínas, omega-3, yodo, selenio y otros nutrientes.
Algunos nutrientes adquieren especial protagonismo durante el embarazo. Entre ellos se encuentra el ácido fólico, cuya suplementación se considera necesaria porque la alimentación por sí sola no siempre permite cubrir las necesidades. Las recomendaciones deben seguirse de acuerdo con las indicaciones del profesional sanitario que supervise el embarazo.
El hierro también requiere atención. Las necesidades pueden aumentar durante la gestación y la suplementación puede estar indicada en determinadas circunstancias. AESAN recoge la recomendación de suplementación durante el último trimestre de forma generalizada y desde el inicio cuando existe sospecha de anemia.
El yodo es otro de los nutrientes relevantes. Su presencia en la dieta puede proceder de distintos alimentos y de la sal yodada, aunque las recomendaciones sobre suplementación deben establecerse de manera individual por los profesionales sanitarios.
Los omega-3 también forman parte de los nutrientes que deben estar presentes en la alimentación. El pescado y alimentos como las nueces son fuentes de estos ácidos grasos.
El agua debe ser la bebida principal durante el embarazo. AESAN aconseja una ingesta aproximada de entre dos y 2,5 litros de agua al día, teniendo en cuenta que parte del líquido procede de los propios alimentos. Las necesidades pueden aumentar con el calor o cuando se realiza actividad física.
Mantener una hidratación adecuada también ayuda a acompañar una dieta rica en frutas, verduras y fibra. La cantidad concreta, no obstante, puede variar según las circunstancias de cada persona.
Durante la gestación, algunas mujeres pueden experimentar náuseas, digestiones pesadas o cambios en el apetito. Distribuir la alimentación a lo largo del día puede facilitar las comidas y evitar que estas sean demasiado abundantes.
AESAN recomienda distribuir las ingestas de forma regular, aunque el número de comidas debe adaptarse a las necesidades de cada mujer. Entre las pautas generales se contempla realizar desayuno, comida, merienda y cena, pudiendo incorporar algún alimento ligero antes de acostarse.
Las preparaciones también importan. Cocinar al vapor, hervir, preparar los alimentos a la plancha o utilizar otras técnicas sencillas permite reducir el consumo de fritos. El aceite de oliva virgen puede utilizarse como grasa de elección dentro de una alimentación equilibrada.
Durante el embarazo no solo importa qué se come, sino también cómo se manipulan y conservan los alimentos. La seguridad alimentaria adquiere especial relevancia porque determinados contaminantes o microorganismos pueden representar un riesgo.
La OMS recomienda que la alimentación saludable sea también inocua y esté libre de contaminantes microbianos y químicos. Por ello, la higiene durante la preparación y manipulación de los alimentos debe formar parte de las rutinas habituales.
La alimentación durante el embarazo tampoco debe convertirse en una sucesión de prohibiciones. El objetivo es mantener una dieta completa y variada, conocer qué alimentos requieren precauciones y seguir las indicaciones sanitarias correspondientes.
No existe un único menú válido para todas las mujeres embarazadas. Las necesidades nutricionales pueden variar en función de diferentes circunstancias, por lo que el seguimiento profesional resulta fundamental. AESAN destaca la importancia de una valoración individual para detectar posibles carencias o desviaciones nutricionales y establecer las recomendaciones adecuadas.
En definitiva, la alimentación durante el embarazo se basa en priorizar productos variados y nutritivos, mantener una adecuada hidratación, incluir frutas y verduras, legumbres, cereales, pescado y otras fuentes de proteínas, y prestar especial atención a nutrientes como el ácido fólico, el hierro, el yodo y los omega-3. Todo ello debe acompañarse de unas correctas prácticas de seguridad alimentaria y de las recomendaciones específicas del profesional sanitario que realice el seguimiento de la gestación.
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