No hace falta tener la inteligencia de una consejera de Bienestar Social para saber que la reja instalada en el faro de El Pueblo no iba a servir para nada.
Quien ordenó su colocación el pasado 8 de mayo no tiene las luces de María Antonia Garbín. A él iba dirigido el editorial que al día siguiente, 9 de mayo, publicó El Faro de Melilla. En ese escrito se alertaba al encargado de poner remedio a este asunto, que corresponde a la Consejería de Bienestar Social, de que esa verja no serviría de nada. No evitaría el paso de los menas (menores extranjeros no acompañados) que utilizaban ese peligroso camino para llegar al espigón del puerto. No serviría para que dejaran de deslizarse por el lateral que sobresale de la pared del faro para llegar hasta el cable del pararrayos, que utilizan para descender a la base del acantilado. Luego, una vez allí, se dirigen por las rocas hasta el inicio del espigón del puerto, donde está instalada una garita de la Guardia Civil desde hace unas semanas para impedirles el acceso que venían utilizando hasta entonces desde la cuesta de la Florentina.
Desgraciadamente para María Antonia Garbín y la persona que ordenó instalar la reja, menos inteligente que la consejera, el problema de los menas no se soluciona con un poco de cemento y una verja. En este caso, esa ‘chapuza’ sólo sirve para medir el intelecto y la sensatez de quien la ordena. No tiene sentido, como tampoco lo tuvo el enfado que provocó hace meses la publicación de unas fotografías de unos menas escapando de La Purísima por las tapias del centro. Entonces, la máxima responsable de la Consejería de Bienestar Social dijo que iba a descubrir quién había facilitado esas imágenes a El Faro. No dijo nada de averiguar por qué esos menores huían o de ver cómo evitar esas peligrosas fugas. Lógicamente, Garbín no llegó a hallar al autor de esas imágenes. En esta ocasión, no necesita perder el tiempo en inútiles averiguaciones porque las fotografías de la reja están realizadas por periodistas de El Faro. Es preferible que Garbín dedique todo su esfuerzo a establecer unas medidas con los responsables de su departamento que vayan más allá de las periódicas redadas de la Guardia Civil contra los menas, la estratégica colocación de una garita o el envío de un puñado de albañiles a colocar una reja.
El problema de los menas en nuestra ciudad es muy grave si la situación en la que se encuentran estos menores no se aborda con la seriedad que merece. Si algún día ocurre una desgracia y uno de estos niños sufre un accidente grave, no podremos exigir responsabilidades a los guardias civiles que han participado en innumerables e inservibles redadas ni a sus compañeros que vigilan desde la garita de la cuesta de la Florentina ni, por supuesto, a los albañiles que instalaron esa inútil reja. La responsable, al menos en el ámbito político, tiene nombres y apellidos.
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