Categorías: Editorial

Ni un alma

Nadie se acercó ayer a la manifestación fantasma difundida a través de WhatsApp durante la semana que termina sin que a estas alturas se sepa quién estaba detrás de la convocatoria para protestar por la prohibición de entrada de borregos marroquíes en Melilla.

Un día después de que Mustafa Aberchán, líder de CpM, calentara el debate en torno a la restricción sanitaria que afecta el sacrificio de corderos procedentes de Marruecos en la ciudad, la Plaza de España estaba vacía.
Sólo una persona se acercó a ver si había protesta. Si bien es cierto que la manifestación no estaba autorizada por la Delegación del Gobierno, hay que tener en cuenta que en Melilla sí se han celebrado concentraciones que no contaban con los permisos reglamentarios.
Sólo caben un par de posibilidades. O ha imperado la cordura y la gente, aunque proteste, entiende el veto sanitario o detrás de la manifestación convocada por WhatsApp no había más que ganas de lanzar un globo sonda para ver por dónde respira el respetable. Y, como pudimos comprobar ayer los periodistas reunidos en la Plaza de España, no ha colado.
Ni la Comisión Islámica, ni el Voluntariado Islámico de Acción Social ni ninguna otra organización de las tantas que se erigen como portavoces de la comunidad musulmana de Melilla estaban detrás de la convocatoria del WhatsApp.
Lo ocurrido ayer demuestra que el debate está al rojo vivo en las páginas de los periódicos y en los grupos parlamentarios. En la calle hay descontento con el veto a la entrada de borregos marroquíes. No nos caben dudas, pero los melillenses no se han dejado arrastrar por un globo sonda lanzado vaya usted a saber por quién.
Ayer, primer sábado de agosto, la mayoría de la gente estaba en la playa y la ciudad daba la impresión de estar medio desierta por la espantada habitual a Marruecos o a la península.
Estamos en verano, hace calor y la ciudadanía ya ha vivido el calvario de dos convocatorias electorales seguidas. Aún tenemos el desánimo metido en el cuerpo porque no sabemos si tendremos que ir a unas terceras elecciones, pese a que los líderes de los principales partidos de este país prometieron en un debate previo a los comicios que no habría otra vuelta de tuerca.
¿De verdad es necesario crispar más los ánimos? Los cambios son difíciles de asimilar, sobre todo cuando afectan a la cultura y las tradiciones de casi la mitad de la población de Melilla. La alerta sanitaria no salió de la Ciudad Autónoma. Si queremos ser europeos, tenemos que serlo a toda hora. No sólo cuando nos convenga.

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