Ni subidas ni gangas en el Mercado Central de Melilla por Ramadán

Un inicio marcado por el temporal, las lluvias y el mal oleaje encarecieron verduras y carne antes de que el rastro recuperara la normalidad

Hay meses que se notan en el calendario y meses que se notan en el mercado. El Ramadán pertenece a la segunda categoría. En el Mercado Central de Melilla no hace falta mirar la fecha para saber que ha comenzado. Lo dicen los carros más llenos de lo habitual unos días antes, lo dicen las cajas de dátiles colocadas en primera fila y lo dice ese murmullo constante que se intensifica justo antes del atardecer.

Este año, sin embargo, la pregunta que sobrevolaba los pasillos era otra: ¿está siendo más caro el Ramadán de 2026? La respuesta, al menos a pie de puesto y con libreta en mano, es menos dramática de lo que muchos temían.

El susto fue antes

Los comerciantes coinciden en una idea fundamental. Los precios, en general, se han mantenido con la llegada del Ramadán. No ha habido una subida repentina atribuible al mes sagrado. Si hubo sobresalto, fue antes.

La memoria reciente lleva a enero y a los primeros días de Ramadán. Entonces sí hubo tensión en las etiquetas. Las verduras se encarecieron y la carne también. El motivo no tenía nada de religioso y mucho de meteorológico. Las fuertes lluvias y el mal oleaje complicaron la llegada de mercancías. Los barcos no entraban con normalidad y el suministro se resentía. En una ciudad como Melilla, donde la logística depende en buena medida del transporte marítimo, cada temporal se traduce en incertidumbre.

Tomates, pimientos, hojas verdes y algunos cortes de carne experimentaron subidas puntuales. Fue un episodio breve, pero visible. Sin embargo, con la mejora del tiempo y la normalización del tráfico marítimo, los precios regresaron a su cauce habitual. Hoy, al recorrer los puestos, no se aprecia un encarecimiento generalizado vinculado al Ramadán. Lo que hubo fueron varias borrascas que provocaron una tormenta de precios.

La estampida previa

Hay una escena que se repite cada año. Los días inmediatamente anteriores al inicio del ayuno, el mercado vive una especie de carrera contrarreloj. Las familias acuden en masa para llenar la despensa. Se compran más kilos, más bandejas, más bolsas. Es un aprovisionamiento estratégico. No se trata solo de comer, sino de organizar un mes entero con horarios distintos, cenas tardías y desayunos antes del alba.

Ese pico existe. Se nota en el volumen de compra y en la intensidad del tránsito entre los pasillos. Pero, una vez comienza el Ramadán, el ritmo se estabiliza. Ni aumenta ni cae de forma significativa respecto al resto del año. No hay un crecimiento exponencial del consumo diario, sino una reorganización.

El mercado no entra en ebullición permanente. Funciona. Mantiene su pulso. Se compra con regularidad, como cualquier otro mes, aunque con productos distintos en la cesta.

Equilibrio recuperado

Tras el paréntesis de enero y los primeros días del mes sagrado, las verduras han vuelto a su precio normal. Las cajas de hortalizas lucen abundantes y los importes no difieren de lo habitual. La carne, otro de los productos que experimentó tensiones, también ha regresado a la estabilidad.

No se observa una escalada sostenida. Tampoco descuentos extraordinarios. Simplemente, normalidad. En un contexto nacional donde la inflación general ronda cifras moderadas en comparación con los picos de años anteriores, el Mercado Central refleja una realidad más contenida que alarmista.

Eso no significa que la compra sea barata. Significa que no ha habido un efecto Ramadán en los precios. La diferencia es importante. Así lo decían los consumidores. "No es que hayan subidos los precios. Está todo caro porque lleva así muchos años".

Especias

Si hay un termómetro simbólico del Ramadán, ese es el puesto de especias. El comino, la cúrcuma, el jengibre molido, el pimentón y las mezclas aromáticas forman parte de la identidad culinaria de estas semanas.

Este año, las especias no han subido de precio. Se mantienen en niveles similares a los del resto del ejercicio. No hay sobrecoste por tradición. El aroma se paga igual en marzo que en octubre, por lo menos en el Mercado Central. Los precios varían entre los 2 euros y los 4 euros por 1/4.

Dátiles

Si hay un protagonista indiscutible del Ramadán, ese es el dátil. Su presencia no es negociable en muchas mesas. Se rompe el ayuno con uno, tres o más, según la costumbre familiar.

En el Mercado Central conviven todas las gamas. Hay dátiles económicos, funcionales, pensados para el consumo diario sin grandes pretensiones. Y hay variedades de mayor tamaño, más carnosas, más brillantes, que alcanzan precios sensiblemente superiores. Los puedes encontrar desde 5 euros hasta más de 20.

La diferencia está en la calidad, el origen y la presentación. No se trata de una subida general, sino de una segmentación clara. El consumidor elige. Puede ajustar el presupuesto sin renunciar al ritual. El Ramadán no obliga a comprar el dátil más caro, pero tampoco impide darse un capricho.

¿Es más caro este Ramadán?

La percepción es compleja. Si se compara con años de fuerte inflación, el escenario actual es menos agresivo. No hay un descontrol de precios. No hay sensación de desabastecimiento. Tampoco se detectan incrementos injustificados por la cercanía del mes sagrado.

Sin embargo, el coste de la vida acumulado en los últimos años sigue pesando. El recuerdo de subidas importantes en productos básicos como huevos, aceites o determinados alimentos frescos está presente. Aunque ahora no estén disparados, el nivel general es más alto que hace una década.

Por eso la pregunta no tiene una respuesta absoluta. No es el Ramadán más caro por una subida reciente específica. Pero tampoco es un Ramadán barato en términos históricos. Es un Ramadán de estabilidad dentro de un contexto de precios más elevados que en el pasado.

El Mercado Central de Melilla funciona como un organismo vivo. Se adapta al clima, a los barcos, al calendario religioso y a la economía doméstica. Este año, al menos en el Mercado Central, el equilibrio ha ganado la partida.

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