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Negligencias médicas en España y los derechos que tienen los pacientes

Cada año cientos de personas acuden a los tribunales tras sufrir errores en hospitales y centros de salud mientras abogados y peritos analizan si realmente existió responsabilidad profesional

Cada año se presentan en España cientos de reclamaciones por posibles negligencias médicas. Algunas terminan en indemnizaciones millonarias. Otras se archivan. Y muchas ni siquiera llegan a denunciarse porque las familias no saben por dónde empezar. El problema aparece cuando una operación sale mal, cuando un diagnóstico llega tarde o cuando en urgencias alguien escucha un “eso no es nada” y horas después el paciente acaba en la UCI.

La línea entre un error médico y una negligencia no siempre está clara. No toda complicación implica mala praxis. Pero sí hay negligencia cuando el profesional sanitario no actúa según los protocolos y estándares exigibles.

El caso reciente de un niño de dos años fallecido en Sevilla tras ser trasladado en una ambulancia sin medios adecuados ha vuelto a poner el debate encima de la mesa. La familia denunció que no se hicieron pruebas básicas y que el traslado se realizó sin médico a bordo.

Y ahí surge la gran pregunta: ¿qué derechos tiene realmente un paciente en España cuando sospecha que ha habido una negligencia médica?

Más de lo que se cree

El primero es el derecho a recibir una atención sanitaria adecuada y segura. El médico no tiene obligación de curar siempre, porque la medicina no es matemática. Lo que sí tiene obligación es de poner todos los medios posibles para diagnosticar y tratar correctamente al paciente.

También existe el derecho a la información. El paciente debe saber qué tratamiento va a recibir, qué riesgos existen y qué alternativas hay. Por eso el consentimiento informado es tan importante.

Otro derecho fundamental es acceder a la historia clínica completa. Informes médicos, pruebas, radiografías, resultados de laboratorio, partes de urgencias…

Y, por supuesto, el derecho a reclamar una indemnización si se demuestra que hubo un daño causado por una actuación incorrecta.

¿Qué se debe hacer?

Lo primero es pedir toda la documentación médica. Sin eso, no hay caso. Los abogados especializados repiten siempre lo mismo. Guardar informes, recetas, pruebas diagnósticas y hasta mensajes o citas médicas.

Después llega una figura esencial y poco conocida, el perito médico. Es el especialista que revisa el caso y determina si realmente hubo mala praxis. Porque una cosa es salir disgustado del hospital y otra demostrar jurídicamente que el protocolo falló.

Con ese informe pericial, toca acudir a un abogado especializado en negligencias médicas. Y aquí cambia mucho si la atención fue en la sanidad pública o privada.

Si ocurrió en un hospital público, la reclamación suele hacerse por responsabilidad patrimonial contra la administración sanitaria. El plazo general es de un año desde que se conocen las secuelas o desde el fallecimiento del paciente.

En la privada, normalmente se presenta una demanda civil contra el médico, el hospital o la aseguradora. En algunos casos el plazo puede ampliarse hasta cinco años.

Muchos familiares se equivocan intentando resolverlo solo con hojas de reclamaciones o atención al paciente. Eso puede servir para dejar constancia, pero no sustituye una reclamación judicial.

¿Cómo se calcula una indemnización?

Aquí no existe una tarifa fija. Cada caso es un mundo. No cuesta igual un retraso diagnóstico que una discapacidad permanente o un fallecimiento.

Los jueces suelen valorar varios factores: las secuelas físicas, el daño psicológico, los días de hospitalización, la pérdida de ingresos, la necesidad de ayuda futura y el impacto en la vida diaria. También influye la edad del paciente y si el daño era evitable.

Las cantidades pueden ir desde unos pocos miles de euros hasta cifras millonarias en casos graves. Sobre todo cuando hay lesiones permanentes o dependencia.

Urgencias

Uno de los escenarios más habituales en las reclamaciones es el servicio de urgencias. Ahí todo ocurre rápido. Hay saturación, presión y poco tiempo para decidir. Pero precisamente por eso existen protocolos.

Las pruebas diagnósticas son fundamentales. Una analítica, un TAC, una radiografía o un electrocardiograma pueden marcar la diferencia entre detectar una enfermedad grave o mandar al paciente a casa pensando que “es ansiedad”.

En muchos procedimientos judiciales aparece la misma frase: “no se realizaron pruebas complementarias suficientes”.

Los expertos insisten en que en urgencias es esencial descartar primero lo grave. El problema llega cuando el hospital interpreta que los síntomas no eran alarmantes y la familia sostiene lo contrario.

El papel de las aseguradoras

Las compañías de seguros aparecen casi siempre en este tipo de casos. Y normalmente no pagan rápido.

Uno de sus argumentos más habituales es que no existió negligencia, sino una complicación médica inevitable. También suelen alegar que el daño ya venía de antes o que la enfermedad habría evolucionado igual aunque se hubiera actuado correctamente.

Otra estrategia frecuente es negar que el error médico fuera realmente el responsable del daño.

Consecuencias legales de un médico negligente

Depende de la gravedad. En la mayoría de casos la responsabilidad es civil y económica. Es decir, se paga una indemnización.

Pero cuando la negligencia es especialmente grave, puede haber consecuencias penales. Ahí entran delitos como lesiones imprudentes u homicidio imprudente. Aunque retirar la licencia médica no es tan sencillo como mucha gente piensa.

También pueden existir sanciones disciplinarias por parte de colegios médicos o servicios de salud.

Eso sí, los tribunales suelen diferenciar mucho entre un error humano y una conducta claramente imprudente. No es lo mismo equivocarse en un diagnóstico complicado que ignorar síntomas evidentes o saltarse protocolos básicos.

Situación en España

La sanidad española ha reforzado en los últimos años los sistemas de seguridad del paciente. Muchos hospitales están implantando protocolos más estrictos, digitalización de historiales, alertas clínicas y programas para reducir errores diagnósticos.

También hay más cultura de transparencia. Antes muchos casos quedaban enterrados entre informes médicos difíciles de entender. Ahora las familias reclaman más y conocen mejor sus derechos.

Pero el gran problema sigue siendo la saturación sanitaria. Especialmente en urgencias y atención primaria. Ahí es donde más fallos se producen: diagnósticos rápidos, listas de espera y falta de personal.

Porque detrás de muchas negligencias no siempre hay un médico incompetente. A veces hay guardias eternas, pasillos llenos y decisiones tomadas con prisas. Y en medicina, un minuto puede cambiarlo todo.

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