La parroquia del Sagrado Corazón de Jesús en Melilla ha acogido hoy, 26 de enero, a las 20:00 horas, una misa funeral organizada por la Vicaría Episcopal Territorial de Melilla en memoria de las 45 víctimas del trágico accidente ferroviario ocurrido hace una semana en Adamuz, sumando también una víctima fallecida días después en Barcelona.
La ceremonia ha reunido a autoridades, representantes de hermandades y cofradías, religiosos y ciudadanos, quienes han participado en un acto solemne.
El vicario episcopal, Eduardo Resa, ha presidido la Eucaristía y ha centrado su intervención en tres ideas principales. La esperanza cristiana frente a la muerte, la solidaridad con los afectados y la unidad de la comunidad ante la tragedia.
Resa ha comenzado recordando que, para los creyentes, la resurrección de Jesucristo ofrece un modelo de esperanza. “Rompiendo las ataduras de la muerte y en su resurrección nos da a todos la prueba y la garantía, la esperanza de nuestra propia resurrección”.
A continuación, ha subrayado la gravedad de la pérdida y el dolor colectivo que provocan muertes violentas. “La vida humana es un bien tan precioso que cuando alguien la pierde de forma tan violenta como hemos experimentado en nuestra propia carne en los accidentes ocurridos hace una semana, todos nos sentimos afectados”.
Ha destacado que la misa tenía un doble sentido. Por un lado, como acto de solidaridad con los difuntos, por los heridos y sus familiares. Por otro, como momento de oración y reafirmación de la fe en un Dios Padre que otorga vida eterna y un destino feliz en el reino de Dios.
El vicario ha explicado que la Eucaristía es “la celebración de la muerte redentora de Jesucristo” y que debía servir para ayudar a los fallecidos a alcanzar la vida eterna, brindar esperanza a los familiares y fortalecer a los heridos.
Además, ha pedido a Dios la conversión de los corazones de los presentes, para aumentar la comunión con Él y con los hermanos, y ha suplicado ayuda para superar la adversidad causada por la muerte violenta de estos hermanos.
Durante la homilía, Resa ha hecho referencia al libro de las Lamentaciones y a la experiencia de dolor e impotencia que genera la muerte. “Me han arrancado la paz y no me acuerdo de la dicha. No tengo fuerzas y la esperanza en el Señor ha desaparecido”.
Ha citado también a un escritor que, ante la muerte de un joven servidor público, expresaba: “La muerte se nos ha llevado a un compañero y a un amigo entrañable. Solo nos queda el dolor inmenso y la rabia impotente ante una terrible injusticia sin culpable”.
Resa ha señalado que estas palabras reflejan la impotencia que sienten los seres humanos ante tragedias inesperadas, pero ha recordado que los cristianos, gracias a la fe, pueden hacer algo más. Mantener la esperanza y mirar hacia la unidad.
El vicario ha insistido en que la unidad y la solidaridad son esenciales. “Un reino dividido, una familia dividida, no puede subsistir”. Ha destacado la respuesta de la comunidad tras la tragedia, con la generosidad del pueblo de Adamuz, la apertura de la parroquia y del almacén de Cáritas, la colaboración de jóvenes y pasajeros, y el esfuerzo de los cuerpos de seguridad, bomberos y personal sanitario.
Ha señalado que la oración de tantas personas que se acercaron a sus parroquias para rezar, aunque no pudieran hacer otra cosa, también reflejaba esta solidaridad.
Resa añadió que Dios está cerca incluso en medio del dolor, y compartió testimonios de personas que recurrieron a la oración durante la tragedia.
Una numeraria del Opus Dei que rezaba en el vagón y una abuela que, acompañando a sus nietos, ofreció su vida por ellos. “Dios está cerca. Dios no nos deja solos”, afirmó, subrayando la importancia de confiar en Él y de mantener la fe incluso en circunstancias extremas.
La misa ha incluido 46 velas encendidas, una por cada fallecido. Se ha pedido por los heridos, para que Dios les conceda la fuerza y la recuperación, y por los familiares, para que encuentren consuelo y esperanza.
Durante la oración de los fieles, una feligresa ha solicitado por los que mueren de manera violenta, por una sociedad que valore la vida y no viva solo para el placer o el egoísmo, y por todos los presentes para que practiquen la solidaridad cristiana.
Resa ha añadido estas intenciones a las suyas propias, pidiendo que Dios reciba la oración con fe y confianza. Finalmente, el vicario ha invocado a la Virgen de la Victoria, patrona de Melilla, para que interceda por los fallecidos, los heridos, las familias y toda la comunidad.
Con ello, ha cerrado la ceremonia, dejando un mensaje de esperanza, unidad y fe frente a la tragedia, y recordando que, en momentos de dolor, la oración y la solidaridad son el mayor apoyo que puede ofrecer la comunidad.
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