De la treintena de sepulturas que se visitan cada 2 de noviembre, ayer únicamente fueron once · Imbroda hizo mención especial a Cándido Lobera, “figura a retomar, por ser un visionario del s. XXI”. El Cementerio Municipal de la Purísima volvió a ser el escenario ayer, Día de los Fieles Difuntos, del tradicional acto que la Asamblea de Melilla realiza cada 2 de noviembre depositando una corona de flores en los sepulcros de destacadas personalidades de la historia reciente melillense así como el recuerdo a las víctimas de atentados terroristas o catástrofes como las del accidente aéreo en el 97 o las de los depósitos en el 98. Sin embargo, este año el homenaje ha sido el más corto de su historia, pues de la treintena de sepulturas que se visitaba tiempo atrás, ayer únicamente se impusieron once coronas.
Al acto acudieron el equipo de Gobierno de la Ciudad, los diputados de la oposición y como invitados el delegado del Gobierno en Melilla, Abdelmalik El Barkani, el comandante general de la plaza, Álvaro de la Peña Cuesta, y el vicario episcopal, Roberto Rojo, quien ofició un pequeño responso.
Posteriormente, el presidente de la Ciudad, Juan José Imbroda, explicó que la simplificación del homenaje de la Asamblea en el 2 de noviembre no se debe a ningún motivo especial, pues este recuerdo se entiende que debe destacar “a personajes con presencia importante en nuestra historia y que lucharon por una Melilla mejor”. Es el caso del presidente de la Junta de Arbitrios entre 1928 y 1931, Cándido Lobera, del que Imbroda hizo mención especial, pues es una “figura que debemos retomar y proyectar porque fue un gran visionario del siglo XXI”. En este sentido, el mandatario melillense informó de que se está trabajando en la elaboración de dos biografías sobre Cándido Lobera.
Recuerdo a personalidades
El homenaje comenzó pasadas las 10:30 horas con la colocación de una corona de flores en la tumba del alcalde Rafael Ginel Cañamaque, aunque también se recordó a otros alcaldes como Antonio Díez Martín, entre los años 1931 y 1936. Otras de las coronas depositadas por los diputados de la Asamblea fueron en recuerdo de las víctimas del Polvorín de 1928, las del depósito de agua en 1997 y las del accidente aéreo de 1998. También se homenajeó a personas que murieron en accidentes, como el caso de José Romero Girado, fallecido en julio de 1978, en cuyo sepulcro, como cada año, su madre aguardaba para saludar a los representantes de la Asamblea.
Igualmente, se rindió homenaje a los que perdieron la vida por salvar a los demás, como el caso de Francisco Gil Castro, fallecido en 1982 ahogado intentando salvar a varios bañistas. No faltaron las paradas obligatorias ante los restos de personas enterradas en el cementerio viejo de la ciudad y a los que dieron su vida por la Patria y murieron en las campañas del norte de África, que descansan en el Panetón de los Héroes.
El nicho del guardia civil melillense Antonio Molina, quien murió en un atentado de ETA en Madrid en 2002, también recibió su corona de flores al igual que el sepulcro en recuerdo al actor César Jiménez. Su hermano Amalio estaba allí y aprovechó la ocasión para saludar a las autoridades locales. Tras el responso oficiado por el vicario episcopal, Roberto Rojo, el presidente de la Ciudad, Juan José Imbroda, se dirigió a los medios de comunicación para elogiar a “aquellos melillenses que tanto hicieron por una Melilla mejor”. “Todos ellos merecen nuestro recuerdo, respeto y consideración”, finalizó Imbroda.
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