La ciudad afronta el inicio del curso con 1.041 estudiantes menos que en 2021
El curso escolar 2026-2027 arrancará en Melilla el 8 de septiembre con una realidad que se viene consolidando en el sistema educativo de todo el país, como es que cada vez hay menos alumnos, pero más docentes. La evolución registrada durante los últimos cinco años muestra cómo la caída de la natalidad está teniendo ya un reflejo directo en las aulas, al tiempo que las administraciones han incrementado los recursos humanos destinados a los centros educativos.
A falta de conocer las cifras oficiales correspondientes al curso que ahora comienza, los últimos datos disponibles del Ministerio de Educación y Formación Profesional permiten observar con nitidez esta tendencia. Entre el curso 2021-2022 y el 2025-2026, Melilla ha pasado de contar con 20.889 alumnos matriculados en las distintas etapas de la educación obligatoria a registrar 19.848.
En términos absolutos, son 1.041 estudiantes menos en apenas cinco cursos, lo que supone una reducción del 4,98%, prácticamente un 5%. El descenso, además, no se ha producido de golpe, sino de manera progresiva año tras año. Así, en septiembre de 2021 había 20.889 alumnos. Un año después, en 2022, la cifra descendió hasta los 20.686, con 203 estudiantes menos. En el periodo 2023-2024 se situó en 20.405, lo que supuso otros 281 menos. El curso 2024-2025 cerró con 20.326 matriculados y, finalmente, en 2025-2026 se contabilizaron 19.848.
Por el contrario, la evolución del profesorado discurre en sentido contrario. Mientras el número de estudiantes se reduce, las plantillas docentes han aumentado de forma considerable. En el curso 2021-2022 había 1.733 profesores en Melilla, frente a los 2.068 docentes contabilizados el pasado curso. La diferencia es de 335 más, un incremento del 19,3% en cinco años. Solo entre 2024-2025 y 2025-2026 se produjo un aumento importante, al pasar la plantilla de 1.837 a 2.068 profesores, es decir, 231 docentes de subida en un solo curso.
La reducción de alumnado está vinculada, entre otros factores, al descenso de la natalidad que afecta al conjunto de España y que comienza a trasladarse de manera cada vez más visible a las etapas educativas inferiores. Menos nacimientos terminan traduciéndose, unos años después, en menos niños que acceden a Infantil y Primaria y, posteriormente, en una reducción progresiva del alumnado de Secundaria.
Este escenario está permitiendo, a su vez, reducir las ratios en los centros educativos de Melilla. Según los datos aportados por el Ministerio, la disminución se ha producido en las diferentes etapas. En Educación Infantil ronda el 25%, mientras que en Primaria se aproxima al 20%.
La previsión para el nuevo curso va también esta línea. El secretario de Estado de Educación, Abelardo de la Rosa, afirmó recientemente en sede parlamentaria que para el curso 2026-2027 se ha fijado en 20 alumnos la ratio de primero de Educación Infantil en Melilla.
El descenso del número de estudiantes en cada clase va más allá de la evolución demográfica. También se ha producido un refuerzo de los recursos destinados a atender a la diversidad del alumnado. De la Rosa aludió en esa comparecencia en el Senado a la puesta en marcha de diez nuevas aulas para alumnado con necesidades educativas especiales en Melilla. A estas medidas se suma la apertura durante los últimos cuatro años de seis clases especializadas para alumnado con trastorno del espectro autista en los colegios de la ciudad.
El refuerzo también alcanza a los servicios de orientación. El secretario de Estado destacó que la dotación de orientadores en Melilla y Ceuta es “muy superior a la habitual” y que prácticamente todos los institutos cuentan ya con dos orientadores en lugar de uno.
La evolución de las cifras muestra, por tanto, una paradoja que marcará el futuro inmediato de la educación melillense. La ciudad tiene menos alumnos que hace cinco años, pero dispone de más profesores y de más recursos específicos para atender las necesidades educativas. El descenso demográfico, que inicialmente podría interpretarse únicamente como una pérdida de alumnado, también abre la posibilidad de utilizar esa menor presión sobre las aulas para mejorar la atención individualizada y reducir el número de alumnos por aula.
El inicio del curso, sin embargo, no estará exento de reivindicaciones por parte del colectivo docente. Los profesionales mantienen reclamaciones que vienen planteando desde hace meses, entre ellas el refuerzo de las medidas para prevenir y responder a las agresiones al profesorado, mejoras en sus condiciones laborales y una reducción de la tasa de interinidad.
La evolución de los últimos cinco años permite así situar la situación educativa de Melilla en un escenario cambiante, en el que el reto ya no es únicamente cómo escolarizar a un número creciente de alumnos, sino aprovechar la tendencia demográfica a la baja para consolidar plantillas, mejorar la atención a la diversidad y conseguir que el descenso del alumnado se traduzca en una mejora efectiva de las condiciones de enseñanza.
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