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Melilla necesita una sanidad pública del siglo XXI

Es imperativo que el Ingesa habilite un sistema digital que permita obtener citas con el médico de atención primaria

Ha llegado el momento de que los melillenses exijan al Ingesa un trato mínimamente decente a la hora de obtener una cita con el médico de atención primaria en los centros de salud de la ciudad. Es inhumano ver esas colas inmensas de personas, muchas de ellas ya muy mayores, otras enfermas, pacientes vulnerables, que tienen que aguantar desde las siete de la mañana bajo lluvia, con frío o calor, haga la climatología que haga en cada momento, para que una hora después le faciliten una hora concreta para ser atendidas. Y eso si tienen la suerte de que no se haya cerrado el cupo de la jornada y, a pesar de haber tenido que esperar en esas infernales colas, no logren una cita para que se ocupen de sus dolencias.

En la era de la tecnología, cuando la Inteligencia Artificial es el pan nuestro de cada día en tantísimos sectores productivos, cuando en un teléfono móvil se dispone de datos ilimitados, cuando el acceso a internet es prácticamente una necesidad cotidiana, en Melilla todavía hay que hacer cola para obtener un número con el que poder visitar al médico. Esas filas de ciudadanos representan lo que es la sanidad melillense: un auténtico desastre, impropio de una ciudad que se pretende moderna.

El sistema de salud de Melilla necesita de forma imperiosa entrar en el siglo XXI. Los usuarios, que pagan religiosamente sus impuestos y para los que la sanidad no es en absoluto gratuita por mucho que dependa de lo público a través del Ministerio de Mónica García, deben tener la opción de obtener sus citas a través de internet, ya sea mediante la web de Ingesa, una app o cualquier otra herramienta que Ingesa habilite para ello.

No es de recibo que se pueda obtener hora y día con Enfermería pero no con el médico de cabecera. Nadie ha explicado todavía por qué ese canal no funciona para el facultativo. Por eso, los ciudadanos tienen que reclamar un servicio de mucha más calidad, que no los trate como si de la Cuba comunista se tratara para obtener unos gramos de azúcar, porque Melilla no merece el maltrato que están padeciendo sus habitantes cuando necesitan al sistema público.

Decía un compañero periodista en un artículo de opinión publicado por este Diario que "la paciencia de Sabrina Moh mata", un relato escalofriante que ha vivido en primera persona por no diagnosticarle un cáncer a tiempo, enfermedad que ha podido superar gracias a la sanidad privada en Barcelona. Y dice algo espeluznante: el melillense que no tenga contactos dentro del sistema ni disponga de unas cuantas decenas de miles de euros para operarse fuera de la ciudad, podría estar sentenciado por obra y gracia del Ministerio de Sanidad.

 

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