Hoy hemos dado una vuelta por uno de los enclaves más peculiares de la ciudad. Melilla La Vieja guarda en cada una de sus calles, rincones y espacios museísticos historias que se proyectan en el turista como una grata sorpresa. El Centro de Interpretación, el Museo Arqueológico, el Etnográfico, las Cuevas del Conventico, el Faro, el Hospital del Rey... todos ellos dispuestos por este escenario histórico que ha visto aumentar considerablemente las visitas en comparación con el año pasado.
Si en julio -dependiendo de qué museo- han podido recibir a un total de hasta mil personas según las estadísticas recopiladas, en lo que llevamos de mes de agosto las cifras se han duplicado en algunos casos. Y lo asombroso no es eso, lo asombroso es que “la mayoría de los visitantes llegan con expectativas bajas y se marchan completamente sorprendidos”, nos explica el guía del Faro de Melilla
"Les suele parecer interesante el hecho de que la imagen que tienen de Melilla y lo que se encuentran... se esperan menos de lo que hay", continúa Carlos explicando mientras consulta las estadísticas de visitantes. Solo en julio, este espacio cultural recibió 524 visitantes, con días picos de hasta 65 personas en una jornada.
"Yo creo que la frase es 'la gran desconocida'. Me la han dicho muchísimas veces desde aquí", añade Carlos, quien lleva desde abril trabajando en el sector turístico de la ciudad. Una percepción que se repite en boca de los profesionales de otros espacios museísticos.
Y es que, todos los guías /azafatas coinciden en que el sistema de bonos turísticos se ha convertido en el verdadero catalizador de este incremento de visitantes. "Ya no hay la inquietud de decir 'me parece interesante Melilla', porque cuando la gente descubre el bono, el vuelo les cuesta un tercio", explica el personal del Faro.
Alfonso Antequera, del Centro de Interpretación, confirma esta tendencia: "Un día concurrido, medianamente concurrido, diría que unos sesenta visitantes nacionales, tranquilamente. Después incluye a los locales, setenta personas".
El Museo Etnográfico, que presenta las culturas sefardí, tamazight y gitana de la ciudad, ha registrado aproximadamente mil visitantes entre julio y agosto. Nour, trabajadora del centro, confirma que "viene mucha gente, la verdad. Hay días que menos y hay días que más, pero bien".
El perfil de los visitantes es variado: desde franceses e ingleses hasta gaditanos, almerienses y granadinos. "Un montón de gente de Cádiz", destaca Celia, del Museo de Arqueología e Historia, quien en su segundo día de trabajo ya había recibido a 19 personas en una sola jornada.
Sin embargo, no todo son cifras positivas. Los trabajadores de los diferentes espacios coinciden en las principales quejas de los visitantes. "La señalización, a lo mejor. Que reclaman más señalización para llegar a los espacios museísticos", señala Alfonso.
Más allá de la orientación, existe una demanda recurrente: "Ocio, ocio", como nos explica una de las guías. "No hay nada para la juventud ni para los niños. No hay una tienda donde los vecinos de aquí podamos comprar algo".
Pese a las carencias estructurales, hay algo en lo que Melilla destaca de forma unánime: la hospitalidad de sus habitantes. "Cuando llegan a Melilla dicen que el trato del público es increíble. No solamente del faro, sino de cualquier sitio. Son muy cercanos los melillenses", destaca Carlos.
Esta cercanía se convierte en uno de los valores diferenciales de la ciudad. Los turistas se sorprenden especialmente por la proximidad con Marruecos: "Cuando llegan aquí dicen: 'esto en Marruecos es ahí al lado'", añade.
Los datos confirman una tendencia al alza, pero también evidencian limitaciones. Algunos espacios, como el Faro, solo abren de martes a viernes y en horario reducido (de 10 a 14 horas). El Museo de Arqueología e Historia limita sus visitas guiadas a viernes, sábado y domingo por las mañanas.
Luisa, vigilante de seguridad con año y medio de experiencia en los museos, confirma la evolución positiva: "La apuesta que está haciendo la Ciudad Autónoma por el turismo se está materializando con gente, con las visitas. Sí, está creciendo".
Melilla La Vieja se ha convertido en un "museo al aire libre", como describen sus propios trabajadores, donde cada rincón guarda un detalle inesperado. Los números del verano 2024 confirman que el turismo cultural está encontrando su lugar en la ciudad, impulsado por los bonos, pero sostenido por la autenticidad de su patrimonio y la calidez de su gente.
El reto ahora será mantener esta tendencia, mejorando la señalización y ampliando la oferta de ocio, para que Melilla deje definitivamente de ser "la gran desconocida" y se consolide como destino turístico cultural de primer nivel.
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