Melilla, la ciudad que vive en la calle en pleno agosto

Los melillenses en verano dicen quedarse en casa solo de tres a cinco de la tarde, a la hora de la siesta

En pleno verano Melilla luce animada. El calor constante del sur peninsular invita a melillenses y visitantes a pasar las tardes en la playa y salir a la calle hasta la noche. Con temperaturas diurnas cercanas a los 30 ºC, sus siete playas –Ensenada de los Galápagos, San Lorenzo, Los Cárabos, Hipódromo, La Hípica, Orcas Coloradas y Aguadú– se llenan de gente desde primera hora. Cada día familias, grupos de amigos y muchos niños llegan a disfrutar del mar.

El baño es habitual normalmente en aguas tranquilas y transparentes. En las horas centrales del día se instalan los bañistas bajo sombrillas gratuitas, algo que sorprende a los turistas; por la tarde, los más deportistas practican fútbol playa o voleibol en las pistas cercanas, e incluso hay pequeñas embarcaciones de recreo para paseos cortos. Las playas disponen de socorristas, servicios básicos (duchas, aseos) y quioscos donde comprar bebidas y helados. En agosto hay días con oleaje moderado, pero no son frecuentes los cierres por bandera roja. 

Comercio local

El comercio en Melilla adapta sus ritmos a las temperaturas estivales. En agosto muchas tiendas cierran al mediodía –entre las 14:00 y las 17:00– y abren de nuevo hasta entrada la tarde, siguiendo el típico horario comercial español de verano. Sin embargo, tiendas y centros comerciales suelen alargar ligeramente el horario nocturno para atender a quienes van a la playa o pasean por el centro al caer el sol.

Los comercios locales ofrecen productos variados: ropa de verano (ropa ligera, bañadores y calzado playero), artículos de regalo y juguetes de playa. También destacan las tiendas libres de impuestos muy frecuentadas por quienes viajan desde Marruecos o España interesados en perfumes, electrónica, relojes o cosmética a precio rebajado.

En la calle García Cabrelles, el mercado central se mantiene activo por la mañana con especial atención a frutas, hortalizas frescas y pescado.

Terrazas y vida diurna en la calle

Uno de los rasgos de Melilla en agosto es la extensión de la vida al aire libre. Sus plazas, avenidas y paseos marítimos se llenan de terrazas de bares y cafeterías desde media mañana hasta tarde. Las zonas más concurridas son los bares cerca de la Avenida Juan Carlos I  –en el corazón del centro histórico– y la Plaza de las Cuatro Culturas. Allí se organizan mesas y sombrillas donde se ven grupos de amigos charlando con una cerveza, familias con niños tomando refrescos, y parejas disfrutando del café tras la comida.

Si hay algo que le gusta a los melillenses es desayunar y merendar. Las cafeterías ofrecen desayunos mediterráneos (tostadas con aceite, bollería) y menús del día a precios razonables. A media tarde, se llena el ambiente con cafés, zumos y sobre todo tés morunos. En verano también es habitual pedir refrescos típicos como horchata o granizados, así como tapas sencillas: aceitunas, patatas bravas o pescado frito.

Las zonas de terraza también ven concurridas a personas mayores que aprovechan la hora vespertina para conversar y jugar a las cartas o al dominó. En barrios como El Industrial o El Real, hay heladerías artesanas muy frecuentadas por los jóvenes tras salir de la playa.

Durante el día, las calles comerciales del centro mantienen un ir y venir constante. Junto con los turistas, pasean familias melillenses con cochecitos de bebé o grupos de adolescentes que aprovechan la falta de clases.

El ambiente diurno es animado pero ordenado. Gran parte de la población respeta la hora de la siesta, disminuyendo el paso entre las 15:00 y las 17:00. Al caer la tarde, el centro se llena de nuevo y los cafés al aire libre retoman su ajetreo.

Vida nocturna tranquila

En contraste con las grandes ciudades turísticas, la vida nocturna de Melilla es moderada. Aun así, en agosto hay más actividad que en invierno. Tras la cena –que en verano puede empezar tarde, hacia las 22:00 – muchos melillenses y visitantes salen a caminar o a tomar algo. La avenida del Puerto, con varios pubs y algún chiringuito junto al mar, es uno de los puntos de encuentro. Hay algunas discotecas y salas de fiesta pequeñas, sobre todo en Puerto Noray, en las Cuatro Culturas, y en General O'Donnell, pero suelen llenarse en noches concretas ya que los jóvenes aprovechan para irse de vacaciones a la península.

La vida nocturna de Melilla en agosto es pausada pero enérgica en las zonas de ocio costero y centro histórico, sin llegar a ser bulliciosa como en las playas de Cádiz o Mallorca, pero tampoco apagada.

Turistas en agosto

Agosto es temporada alta para Melilla. El perfil del visitante mezcla turistas nacionales con ciudadanos marroquíes y un puñado de extranjeros europeos. Entre los españoles, predominan viajeros de la península: familias andaluzas y levantinas en coche que aprovechan las conexiones de ferry (desde Málaga, Motril o Almería), así como amantes de la historia que buscan conocer la singular Ciudad Vieja o la Melilla modernista. Las personas originarias de Melilla que viven en la península regresan masivamente en agosto para vacacionar con sus familias.

Entre los turistas europeos, hay algunos franceses y británicos que optan por venir a Melilla combinando el viaje con destinos andaluces. Buscan Melilla por su mezcla de culturas y su costa. En los paseos marítimos es frecuente oír varios idiomas: español andaluz, bereber marroquí, inglés y francés esporádico.

¿Qué buscan los visitantes? Principalmente descanso junto al mar y un entorno bonito. Las rutas históricas de la ciudad modernista (la ciudad amurallada, la Iglesia del Sagrado Corazón, la sinagoga, la Mezquita Central, el Parque Hernández) son un reclamo para quienes disfrutan del turismo cultural. Especialmente populares son las visitas guiadas por la Ciudad Vieja, que ofrecen vistas panorámicas de la costa. También los fines de semana hay excursiones organizadas en minibús a destinos de Marruecos cercanos a la ciudad autónoma que duran entre dos o tres días.

Los turistas españoles suelen moverse a pie por la ciudad aunque algunos echan mano de un coche de alquiler. En la tarde, es habitual que muchos crucen la frontera para ir de excursión a alguno de los pueblos marroquíes cercanos por unas horas, con visitas breves a mercados. Sin embargo, la mayoría del turismo organizado ofrece una estancia “todo en Melilla”: playa, ciudad y compras. En conjunto, se trata de visitantes (en su mayoría jubilados) que buscan un turismo tranquilo –nada de playas abarrotadas ni agobio urbano–, y así encuentran un carácter de isla urbana que perdura todo agosto.

No hay fiestas populares grandes en agosto –la patrona local es Nuestra Señora de la Victoria en septiembre–, pero suelen organizarse conciertos de música al aire libre y encuentros deportivos náuticos.

 

Melilla en transformación

Melilla en agosto se transforma pero sin perder su esencia: de ser una ciudad casi dormida en invierno, pasa a ser un enclave marítimo lleno de vida. A diferencia de otros destinos de masas, aquí no se construyen hoteles gigantes ni la actividad se dispara desmesuradamente. Más bien, los melillenses son los que despiertan y se echan a la calle. Se respira un ambiente más multicultural y las calles lucen ajetreada desde el amanecer. 

El mes de agosto tiñe a Melilla de tonos veraniegos. Sus playas son centros de ocio matinal y vespertino, sus comercios giran al ritmo del turismo y las terrazas se convierten en el punto neurálgico de la vida social. De día se respira un aire vacacional y al anochecer emerge la calma característica del Mediterráneo interior. 

Agosto en Melilla es un mes de mezcla: los melillenses retoman algo de bullicio en sus calles, los turistas recorren sus espacios abiertos y la ciudad se disfruta a un ritmo pausado que, paradójicamente, la hace sentir más viva que nunca.

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