Melilla, la ciudad con más partes de tráfico de toda España

Registra un 41% más de probabilidad de “golpes de chapa” que la media nacional, según la 'Radiografía del seguro del automóvil', publicada este martes por la patronal de las aseguradoras, Unespa

En España, cada tres segundos suena un teléfono en una aseguradora. No es una exageración literaria, es estadística pura. En 2024, el seguro del automóvil atendió cerca de 11 millones de siniestros en las carreteras del país, con un desembolso global de 10.189 millones de euros, según datos de UNESPA. El coste medio por incidente se situó en 920 euros. Una cifra que, multiplicada por millones, dibuja un mapa de pequeños dramas mecánicos, despistes urbanos y maniobras milimétricas que no siempre salen bien.

Y en ese mapa, con sorprendente protagonismo, destaca una ciudad pequeña en tamaño pero grande en partes de tráfico: Melilla.

Estadística gigante

Si ampliamos el foco a nivel municipal, Melilla encabeza el ranking nacional en probabilidad de sufrir un accidente leve, los conocidos como “golpes de chapa”. La ciudad autónoma presenta un 41% más de probabilidad que la media española de registrar este tipo de percances. Le siguen Algeciras (36,5%) y Jerez de la Frontera (35%).

En otras palabras, si en España dar un parte es relativamente habitual, en Melilla lo es aún más.

El dato resulta llamativo si se tiene en cuenta que los grandes volúmenes absolutos de siniestros se concentran en grandes provincias como Madrid (2,77 millones de incidentes), Barcelona (842.527) o Valencia (584.498). Pero ahí hablamos de masa crítica: millones de desplazamientos diarios, autovías saturadas y densidad demográfica elevada. En Melilla, en cambio, el fenómeno es proporcional. No lidera por tamaño, sino por intensidad relativa.

¿Por qué tantos “roces”?

El término “golpe de chapa” puede sonar casi entrañable: pequeños toques en aparcamientos imposibles, retrovisores que se rozan en calles estrechas, defensas traseras que pagan el precio de un segundo de distracción. No hablamos aquí de grandes siniestros, sino de incidentes leves, mayoritariamente materiales.

Precisamente, dentro del ramo del automóvil, la intervención más habitual para las aseguradoras es la asistencia en carretera, que concentra dos de cada cinco atenciones. Es la cobertura más económica —149 euros de media—, pero también la más frecuente. Le siguen los daños propios, la responsabilidad civil material y la rotura de lunas.

Melilla, por su configuración urbana —calles estrechas, tráfico denso en determinadas franjas, alta rotación de vehículos en espacios limitados— reúne un cóctel perfecto para que el más mínimo descuido termine en parte amistoso. Aquí el drama no suele ser de grandes proporciones; es más bien un ballet de parachoques que se encuentran sin haberse presentado.

Coste de un descuido

Aunque los accidentes leves son los más frecuentes, no son los más caros. La cobertura con mayor coste medio es la responsabilidad civil corporal, que alcanza los 7.218 euros por siniestro. Apenas representa el 4,3% del total de percances, pero absorbe más de un tercio del importe total abonado por el seguro del automóvil.

También los incendios de vehículos elevan la factura, con un coste medio de 4.436 euros. Son poco frecuentes, pero cuando ocurren, la severidad económica es considerable.

En el otro extremo, los daños propios —uno de cada cinco percances— tienen un coste medio de 1.090 euros. No parecen cifras astronómicas de forma aislada, pero multiplicadas por miles de partes anuales dibujan un paisaje financiero de alto voltaje para el sector asegurador.

Tipos de seguro

El mapa de siniestralidad también se refleja en cómo los españoles configuran sus pólizas. La protección del conductor responsable está presente en el 94,6% de los vehículos asegurados. La defensa jurídica alcanza el 87,6% y la cobertura por rotura de lunas, el 77,8%.

En cambio, solo el 39,9% contrata daños propios, el 56,4% incluye asistencia en carretera y apenas el 26,8% incorpora retirada de carnet. Es decir, algunas de las garantías que más actividad generan no siempre figuran entre las más contratadas.

La edad también influye. Los conductores jóvenes tienden a prescindir de coberturas amplias como daños propios, mientras que los mayores apuestan más por lunas y asistencia en viaje. En cuanto a tipología de vehículo, los turismos concentran mayores tasas de aseguramiento en coberturas voluntarias, mientras que motocicletas y ciclomotores suelen protegerse menos frente a incendios o robos.

¿Se conduce peor en Melilla?

La pregunta surge inevitable. ¿Es Melilla una ciudad donde se conduce peor? La estadística, por sí sola, no permite afirmarlo con rotundidad. Lo que sí indica es una mayor probabilidad de incidentes leves.

Y eso no necesariamente equivale a imprudencia sistemática. Puede responder a factores estructurales: densidad urbana, limitaciones de espacio, hábitos de movilidad muy concentrados en determinadas horas, uso intensivo del vehículo privado en trayectos cortos.

Paradójicamente, el liderazgo en “golpes de chapa” no implica necesariamente mayor gravedad en la siniestralidad. De hecho, los datos apuntan a que lo que abunda en Melilla es el roce, no el gran accidente. Mucho parte, pero leve. Mucho trámite, pero poca ambulancia.

Margen de mejora

Que Melilla encabece el ranking nacional en probabilidad de accidente leve debería ser, más que un motivo de alarma, una llamada a la reflexión colectiva. La educación vial, la mejora de infraestructuras, la señalización clara y la cultura de conducción preventiva pueden reducir significativamente estos incidentes.

En un país donde las aseguradoras gestionan una media de una atención cada tres segundos, cada pequeño gesto cuenta. Mantener distancia de seguridad, extremar la atención en maniobras, evitar el uso del móvil al volante, planificar el aparcamiento con paciencia.

Porque al final, detrás de cada cifra hay una historia mínima. Un retrovisor colgando, una defensa abollada, dos conductores intercambiando datos bajo el sol. Melilla, con su 41% más de probabilidad de golpe leve, se ha convertido en la capital estadística del parte amistoso.

Quizá no sea el título más glamuroso. Pero es, sin duda, uno de los más reveladores sobre cómo nos movemos, cómo conducimos y cómo convivimos en el asfalto cotidiano.

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