La falta de acuerdos hace que, efectivamente, la Conferencia de Presidentes no haya servido para fines que comprometan acciones del Gobierno de España a solicitud de las comunidades autónomas convocadas en Barcelona. Sin embargo, sí contribuyó a que el presidente Sánchez tuviera que oír, una vez más, cuáles son los principales problemas que aquejan a los melillenses y que, por desgracia, no son pocos. Y decimos una vez más porque ya los puso sobre la mesa el pasado mes de diciembre en ese mismo foro el vicepresidente primero del Gobierno local, Miguel Marín.
En esta ocasión ha sido directamente el jefe del Ejecutivo de Melilla el que ha puesto negro sobre blanco cuáles son las principales carencias, que pasan, fundamentalmente, por un sistema público de salud bastante deficiente y sin visos de solución, la conectividad como elemento esencial para el desarrollo de una industria turística que sirva a los intereses del nuevo modelo productivo de la ciudad y, cómo no, la situación económica que atraviesa el sector empresarial y comercial desde que Marruecos decidió unilateralmente el cierre de la aduana comercial el 1 de agosto de 2018, un par de meses después de que Sánchez llegara a La Moncloa a través de una moción de censura contra Mariano Rajoy (PP).
Imbroda ha puesto voz en esa Conferencia de Presidentes a cuestiones tan esenciales como la recuperación del régimen de viajeros con Marruecos, país que actualmente no permite pasar a su territorio ni un botellín de agua si procede de Melilla. Es un escándalo que España permita a los marroquíes semejante desatino si se tiene en cuenta que ese régimen de viajeros prima en la totalidad de las fronteras del mundo, donde se ve como algo normal que se pueda pasar de un país a otro artículos de uso común que no superen cantidades que puedan considerarse comercio documentado. El Gobierno de Sánchez, sin embargo, permite que los marroquíes metan en esta ciudad española cuanta mercancía en ese sentido se refiere, lo cual hace que el régimen de viajeros sea unidireccional, algo que los empresarios y comerciantes melillenses denuncian clamando en el desierto a la vista de la efectividad de sus denuncias.
En definitiva, la Conferencia de Presidentes ha servido de poco a Melilla más allá de compartir reunión con otros territorios, que tampoco es que hayan conseguido compromisos ni soluciones a sus problemas, que también los tienen.
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