Melilla celebró este miércoles, con solemnidad y asistencia masiva de público, el 528º aniversario de su incorporación a la Corona española. La jornada, marcada por el protocolo castrense y el simbolismo cívico, arrancó a las 19.45 con la Ofrenda de Corona ante la escultura de Don Pedro de Estopiñán, en la que las autoridades locales rindieron homenaje al adelantado que, en 1497, encabezó la expedición que selló el destino histórico de la plaza. El momento, especialmente emotivo, quedó enmarcado por la interpretación del Himno Nacional y del Himno de Melilla por parte de la Banda de Música “Ciudad de Melilla”, cuyos acordes sirvieron de prólogo al resto de los actos oficiales.
A las 20.00, la celebración se trasladó a la Plaza de Armas de Melilla la Vieja, convertida en epicentro simbólico de la ciudad y en escenario de un acto institucional que conjugó memoria, reconocimiento y proyecto de futuro. Tras la llegada de las autoridades, se procedió al izado de banderas, uno de los instantes más solemnes de la ceremonia, seguido por la Oración por la Paz, elevada por los representantes de la Mesa Interconfesional. El gesto, asumido como seña de identidad de la Melilla plural, subrayó la convivencia entre comunidades y religiones que define a la ciudad.
El protocolo continuó con la lectura de la redacción ganadora del concurso escolar “¿Qué es un Rey para ti?”, un guiño a la participación juvenil y a la educación en valores cívicos. Acto seguido tomó la palabra el presidente de la Ciudad Autónoma, Juan José Imbroda, quien pronunció un discurso amplio en el que defendió con firmeza la españolidad de Melilla, recorrió los principales hitos de su historia y detalló un paquete de medidas económicas, sociales, educativas y de infraestructuras que, prometió, marcarán la hoja de ruta de su gobierno.
Imbroda abrió su intervención con un capítulo de agradecimientos y reconocimientos. En primer lugar, felicitó a la UNED de Melilla por la concesión de la Medalla de Oro de la Ciudad, un galardón que hizo extensivo a la memoria de su director recientemente fallecido, Ángel Castro, cuyo nombre evocó con emoción. A continuación, trasladó su reconocimiento a la Comandancia Naval y agradeció explícitamente la implicación de las Fuerzas Armadas en los actos conmemorativos, reivindicando un lazo histórico que, subrayó, “se mantiene indisoluble desde 1497”.
“Los melillenses confiamos y estamos orgullosos de nuestro Ejército”, dijo el presidente, poniendo el foco en la presencia, durante la ceremonia, de la Compañía de Mar, la unidad más antigua del Ejército, directa heredera de aquel contingente de 40 marinos que acompañaron a Pedro de Estopiñán. Se refirió, además, a la Fragata “Reina Sofía”, cuya presencia en aguas locales consideró un “honor”, y a la tradicional actuación de la Patrulla Acrobática de Paracaidismo del Ejército del Aire cada 17 de septiembre.
El discurso dio entonces un paso atrás en el tiempo para enmarcar el aniversario. Imbroda recordó que el 17 de septiembre se cumplen 528 años desde la integración de Melilla en la Corona, fruto —explicó— de negociaciones prolongadas entre los Reyes Católicos y los alguaciles de la ciudad, que facilitaron la entrada de Estopiñán y sus hombres. El presidente evocó también el pasado más remoto de la plaza: la huella fenicia y romana, el periodo de Al-Ándalus y la etapa de los reinos de taifas, para insistir en que la ciudad “nunca dependió de la nación marroquí”, constituida en 1956.
“Melilla fue y es una parte de España y así se recoge en nuestra Constitución, en la indisoluble unidad de la Nación española”, recalcó Imbroda, recordando que la Carta Magna menciona expresamente a Melilla en tres preceptos, prueba —dijo— del lugar singular que ocupa en el ordenamiento constitucional.
A renglón seguido, reivindicó la pluralidad religiosa y cultural de la ciudad como una fortaleza, no como un obstáculo. Puso como ejemplo el Pacto Social por la Interculturalidad de 2014, inspirado en la proclamación de Felipe VI, y defendió la necesidad de “sentirnos unidos por encima de la pluralidad” como el mejor camino para consolidar el futuro. Lanzó, además, una advertencia contra los discursos xenófobos y divisivos que “buscan el enfrentamiento y la crispación” y que, a su juicio, “ponen en riesgo el pacto de convivencia que Melilla se ha dado a sí misma”.
El presidente adoptó un tono más emotivo al referirse a los conflictos internacionales. Pidió la paz para Gaza y para Ucrania, apelando a la primacía del diálogo y al cese de la violencia, e hizo mención a la persecución de cristianos en distintos países. En clave local, recordó al melillense Yaacob Pinto, víctima de un crimen de odio, a quien dedicó palabras de “afecto” y “memoria”. “Melilla es una ciudad de Paz y así debemos ser conocidos en el mundo”, subrayó.
El núcleo económico del discurso se centró en las consecuencias que el cierre de la aduana comercial con Marruecos —en 2018— tuvo para el tejido productivo local. Imbroda sostuvo que la decisión “arrasó la economía” y lamentó que el Gobierno de España “no supo o no quiso plantarle cara” a la situación. En respuesta, afirmó, su Ejecutivo adoptó la estrategia de “mirar al norte”, esto es, reconectar el futuro de la ciudad con Europa y desvincularlo de la frontera.
En este capítulo, el presidente desgranó avances como la cooperación con la Oficina de Bruselas de la Junta de Andalucía, la petición al Parlamento Europeo de que Melilla reciba un trato equiparable al de las Regiones Ultraperiféricas y la exigencia de iniciar una negociación para la incorporación a la Zona Común Aduanera, preservando las especificidades fiscales de la plaza. También anunció iniciativas elevadas a las Cortes Generales en busca de apoyo político transversal.
La apuesta por la educación ocupó un apartado central. Imbroda reivindicó el proyecto “Melilla 5000”, que aspira a convertir la ciudad en un polo universitario con al menos 5.000 estudiantes. Confirmó la aprobación del Grado de Ciencias de Datos e Inteligencia Artificial, con inicio en 2026-27, y la implantación del Grado de Podología, además del refuerzo de titulaciones ya existentes. Recordó que la ciudad ha invertido más de 10 millones en infraestructuras universitarias —como la restauración del edificio de Correos y el local 42 de la Estación Marítima— y agradeció el compromiso de la Universidad de Granada, con la que desde 2015 se ha multiplicado por 2,5 el número de alumnos del campus.
Tuvo también palabras para la UNED de Melilla, cuyo trabajo, dijo, “acerca la formación superior a todos los públicos” y consolida una oferta educativa diversificada que refuerza el atractivo de la ciudad para jóvenes y profesionales.
Imbroda describió el despegue del ecosistema tecnológico como un “camino sin retorno”. Citó datos de COTEC según los cuales Melilla ha experimentado un 22,2 % de incremento en empleo dedicado a innovación en el último año. En cifras, el número de empresas tecnológicas ha pasado de 14 en 2023 a 19 en 2025; los trabajadores asalariados del sector han aumentado un 55 %, y los autónomos tecnológicos, un 75 %. La ciudad —añadió— dispone de infraestructuras clave como el cable submarino y la banda ancha desplegada, que facilitan el asentamiento de nuevas compañías.
En materia de turismo, el presidente fijó una meta ambiciosa: alcanzar los 500.000 visitantes en los próximos años. Para ello, anunció un principio de acuerdo con Air Nostrum que contempla tripulaciones de reserva con base en Melilla, un avión de respaldo para contingencias técnicas y una oficina de atención al público permanente en el aeropuerto. El paquete, sostuvo, busca reducir cancelaciones y retrasos y mejorar la fiabilidad de la conexión aérea.
Al mismo tiempo, defendió el éxito de los Bonos Turísticos, que entre octubre de 2023 y 2025 han atraído a 60.000 personas, movilizando 9 millones de euros de gasto y generando un retorno estimado de 40 millones. La ocupación hotelera creció, recordó, un 6 % en el último año y un 21,5 % respecto a 2022.
El turismo de cruceros protagonizó otro bloque del discurso. Imbroda detalló el proyecto conjunto de la Autoridad Portuaria, la Ciudad Autónoma e ITM para levantar un muelle específico y habilitar instalaciones de gestión en el Puerto Deportivo, con la idea de sumar el Cargadero del Mineral como infraestructura complementaria. El calendario que manejó es elocuente: de 4.000 cruceristas en 2023 a 30.000 en 2026 y 125.000 en 2027. “Nos han puesto en el mapa de las grandes rutas”, resumió, citando los contactos con Carnival, MSC, Royal Caribbean y Norwegian.
El presidente agrupó las medidas de apoyo a la juventud bajo el paraguas “Melilla Joven”. Entre otras, enumeró 1.740 plazas en cursos de PROMESA con becas de 500 euros para 645 alumnos, una línea de emprendimiento con subvenciones de 55.000 euros, premios extraordinarios a la excelencia de FP (24 galardones de 5.000 euros), becas para másteres universitarios de hasta 3.000 euros, ayudas para carnés de conducir y matrículas, y un programa de emancipación que, desde noviembre, permitirá a los jóvenes financiar hasta el 20 % de la entrada de su primera vivienda —con un tope de 30.000 euros— gracias a un convenio con Unicaja.
El capítulo social se articuló en torno a “Melilla más solidaria”. Imbroda anunció la gratuidad de la educación infantil (0-3 años) en centros dependientes de la Ciudad, la incorporación de un enfermero/a por colegio, el triplicado del IMI y la ampliación de criterios para sumar beneficiarios. También avanzó ayudas al transporte y estancia por motivos médicos, programas de apoyo a enfermedades neurológicas y un ingreso mensual de 1.500 euros para afectados por ELA. Estas medidas —indicó— estarán plenamente disponibles en noviembre.
Bajo la etiqueta “Melilla Invierte”, el Gobierno local ha activado un plan de 200 millones de euros en infraestructuras. Entre las actuaciones destacadas, figuran la urbanización del Cuartel de Santiago —con parque, polideportivo, viviendas y equipamiento escolar—, el gran centro social de La Cañada (con obras previstas para el primer trimestre del próximo año), el Centro de Trastornos del Desarrollo, el HUB de empresas de PROMESA y nuevas promociones de vivienda cuya ejecución —anunció— arrancará en el próximo trimestre.
En el tramo institucional, Imbroda exigió un nuevo modelo de financiación autonómica que dote a Melilla de los recursos necesarios para cubrir servicios públicos y, además, compense a la Ciudad por las cargas que asume para suplir déficits estatales. Denunció que la situación administrativa actual constituye un “híbrido castrador” que limita el desarrollo, y reclamó “ser iguales a los iguales”, con competencias y herramientas equivalentes a las del resto de comunidades.
Pidió, asimismo, mayor presencia del Estado en Melilla, incluyendo la recuperación de la 2ª Bandera del Tercio “Gran Capitán” y del 2º Tabor de Regulares, y celebró la próxima Asamblea Parlamentaria de la OTAN en la ciudad, una cita “de extraordinaria importancia” que permitirá reforzar el papel estratégico de la plaza dentro del Tratado del Atlántico Norte.
Imbroda reservó un reconocimiento especial para los bomberos y policías locales de Melilla que voluntariamente prestaron servicio en emergencias como los incendios de Castilla y León y los efectos de la DANA en Valencia, anunciando su propuesta para la Medalla al Mérito Profesional.
Concluida la intervención del presidente, se incorporaron al acto las unidades militares. Se produjo el saludo y el pase de revista a las tropas por parte de Imbroda y del Comandante General, antesala del homenaje a los caídos. De nuevo cobró protagonismo la música: la Banda de Música “Ciudad de Melilla” y el coro Voces Blanca interpretaron el Himno de Melilla, en un momento especialmente sentido por los asistentes.
Como marca el protocolo, se procedió al arriado de la bandera, acompañado por la interpretación del Himno Nacional a cargo de la Unidad de Música de la COMGEMEL. El cielo de la ciudad se iluminó poco después con un espectáculo de fuegos artificiales que, desde distintos puntos, pudo contemplar buena parte de la ciudadanía, poniendo el broche final a una jornada que conjugó memoria, orgullo y proyección de futuro.
En la parte final de su discurso, y antes del tramo castrense, Imbroda quiso dejar un mensaje nítido: lealtad al Rey, compromiso con la paz y confianza en el rumbo marcado. “Estoy convencido de que estamos en el camino correcto para hacer una Melilla abierta, en progreso, en paz y más justa. Una Melilla posible, porque es posible recorrer ese camino, lo estamos haciendo ya y lo haremos juntos. Siempre bajo nuestra bandera, la de España”, proclamó.
El 528º aniversario deja, así, una instantánea: la de una ciudad que reivindica su historia y su españolidad, que presume de convivencia y que se fija metas ambiciosas en educación, innovación, turismo y cohesión social. Y lo hace con el respaldo simbólico de su Plaza de Armas, el recuerdo de Estopiñán, el sonido de sus himnos y la promesa de un calendario cargado de proyectos. Un aniversario que miró al pasado para afirmarse en el presente y proyectarse hacia el futuro.
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